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Arzobispado cortó todo con asilo de María Fernanda


La orden de no continuar con las ceremonias religiosas en la Residencia del Adulto Mayor Sor María Romero, vino directamente del Arzobispado, molestos por el maltrato que recibieron las monjas de la orden Santa Luisa de Marillac, que administraban el centro, afirmaron miembros de la comunidad católica Los Cuarezma, cercana a Las Colinas, donde se ubica el centro.
“Se retiraron porque era una orden de la Curia que se quitaran todos los utensilios, porque al correr a las hermanas, la Iglesia no tiene nada que ver. No fue una decisión de las hermanas, sino que de la Iglesia, desde la autoridad mayor, desde el Arzobispo hasta el Vicario Episcopal, que es Carlos Avilés”, afirmó el seminarista Jonathan Pérez, miembro de la comunidad Los Cuarezma.
Agregó que las monjas no se llevaron nada más que sus pertenencias, y “un altar donde se celebraba la Eucaristía, que ellas lo compraron del propio dinero de la congregación. Iba un sagrario, la custodia, los vasos sagrados y el ropero donde se guardaban las cosas del padre”.

Siguen cuestionamientos
Al mismo tiempo, continuaron los cuestionamientos alrededor de las intenciones de María Fernanda Flores de Alemán, quien es señalada de haber utilizado a las monjas de la congregación Santa Luisa de Marillac “para blanquear la propiedad Residencia del Adulto Mayor Sor María Romero”, según lo afirmado por el periodista Marlon Salinas, miembro de la comunidad Los Cuarezma, cercana a Las Colinas, en cuya casa quedaron las gallinas, los gansos, los dos perros y un chocoyito propiedad de las monjas, los cuales no se pudieron llevar a la casa donde se encuentran actualmente, en el Barrio Larreynaga.
Salinas señaló que su familia y los miembros de la comunidad fueron testigos de los apuros que pasaron las monjas para atender a los internos en el asilo, buscando alimentos, ropa, y hasta cuando moría alguno tenían que salir a buscar el apoyo de la comunidad, incluso de la Alcaldía de Managua.
A veces no había para comprar una caja, y con el apoyo de las comunidades lograban obtener una. “El alcalde de Managua, Dionisio Marenco, nos ayudaba con eso”, afirmó en una entrevista la semana pasada sor María Flora Hernández, encargada de las religiosas en el centro.
“Cuando uno de los ancianos moría, nosotros lo velábamos, y sólo estábamos las religiosas y nosotros los vecinos. Allí no veíamos a doña Fátima ni a María Fernanda”, afirmó Lisseth Bojorge Salinas, miembro de la comunidad Los Cuarezma.

Ardua labor
Un especialista que atendía a uno de los internos, que prefirió el anonimato, también llamó a la Redacción de EL NUEVO DIARIO para expresar su preocupación por el futuro de los ancianos y para referirse a la labor de las monjas, a quienes siempre que llegaba las encontraba haciendo de todo; “lavando, planchando, cocinando, atendiendo a los enfermos, dando el medicamento a los ancianitos, esto incluye días de fiesta, como Navidad, Año Nuevo o Semana Santa”.
“Lo que pienso es que es el momento de actuar para salvaguardar los derechos humanos de los ancianitos que están en ese asilo. El Ministerio de la Familia tiene que hacer una auditoría”, expresó.
Todos coinciden en señalar que la presencia de un representante de la presidenta de la Fundación para la Dignidad Humana Nicaragüense es nueva, y no hay tal que tengan varios años de estar allí. “Nosotros nunca la habíamos visto (a Fátima)”, afirmó Petronila Membreño”, presidenta de la comunidad Los Cuarezma.