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Hágase la luz, y todo cambió para 7 comunidades

* Proyecto ejecutado por el MEM y con el cofinanciamiento de Cosude, GTZ y el PNUD, aprovechando los ríos Bravo y El Naranjo * Beneficiados más de 6 mil habitantes de tantos caseríos que hasta hace dos años no conocían lo que es contar con servicio de electricidad * Primeros frutos: expansión de negocios familiares, el nivel de vida se mejora y productores lecheros como si se sacaron el gordo de la lotería

Cristhian Marenco

No en todos los hogares nicaragüenses se puede ver televisión, tomar un vaso con agua helada recién sacada de un refrigerador o conversar en una sala alumbrada por brillantes lámparas fluorescentes. Lamentablemente, la deficiencia energética del país no permite cubrir la demanda de un servicio básico que hace mucho tiempo dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad.
A pesar de las limitantes del Sistema Interconectado Nacional de Energía, se están realizando esfuerzos para cambiar la matriz energética del país, que actualmente está concentrada en un 80 por ciento de generación a base de hidrocarburos, mientras que tan sólo el 20 por ciento proviene de fuentes naturales renovables.
Gracias al impulso del Ministerio de Energía y Minas, MEM, y a la cooperación internacional, cada vez es más frecuente la ejecución de proyectos para llevar la producción de energía renovable hasta los lugares más alejados de las grandes urbes.
Este mes, “la luz” tocó a las puertas de siete comunidades de la Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN, donde se instalaron dos plantas hidroeléctricas destinadas a abastecer del servicio de energía a un total de seis mil 300 pobladores.
El proyecto, ejecutado por el MEM y con el cofinanciamiento de Cooperación Suiza, Cosude, Cooperación Alemana, GTZ, y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, contiene un total de 20 kilómetros de tendido eléctrico y representó una inversión de dos millones 375 mil 652 dólares.
Muy alejadas del bullicio de las ciudades y a más de 200 kilómetros del centro de Managua, se encuentran las comunidades de El Naranjo, Las Praderas, Aguas Calientes, Las Torres, El Guayabo, El Porvenir y Pueblo Viejo.

Todo cambió en los caseríos
En estos pequeños caseríos hasta hace dos años no conocían los beneficios de contar con el servicio de electricidad. Nada de televisión, refrigerador o una luz para alumbrar las viviendas en medio de la oscuridad de la noche, que parece ser más intensa al estar entre las montañas, donde las brumas se alejan de la luna y entran sin permiso hasta los cuartos de los pobladores.
“La diferencia entre vivir en un lugar sin energía y uno con energía es mucha, porque aquí antes los negocios eran pocos y no se contaba con la oferta continua de productos perecederos como leche y crema, ya que no había donde guardarlos. En mi caso, que vendo productos veterinarios, ahora puedo traer vacunas que hace un año no podía porque significaban una pérdida para mí”, comentó Félix Silva, habitante de Pueblo Viejo.
En esta comunidad se encuentra la planta hidroeléctrica Río Bravo, que tiene instalada una capacidad de potencia de 170 Kw, kilovatios, y suministra electricidad a 289 familias de las villas de Los Mangos y San Pablo.
Así como Félix, son muchos los que expresan agradecimiento por los avances que ya se están experimentando, ya que ante la introducción del servicio, la expansión de negocios familiares como farmacias, pulperías y bares, está siendo rápida y a la vez, el nivel de vida de los habitantes está aumentando.

Hasta Waslala en busca de hielo
“Puede parecer poca cosa, pero antes si queríamos bebernos un fresco con hielo, debíamos ir hasta Waslala, que queda a más de tres kilómetros de aquí. Se ha visto un crecimiento en los negocios y un cambio en la comunidad porque hay más diversión y educación”, expresó Xiomara Cantarero.
Para quien tiene a su disposición una televisión, donde puede ver sus programas favoritos, puede no notar la importancia de la llegada de uno de estos aparatos, pero los pobladores de la RAAN destacan que los niveles de vida han mejorado desde que pueden ver los noticieros y emisiones educativas, además de mantener entretenidos a los más pequeños del hogar.
Cantarero vive en El Naranjo, una comunidad que es dividida por el río del mismo nombre y que resguarda en la parte más alta de una sus montañas, la otra planta que genera electricidad a partir de la caída del agua.
Esta central tiene una potencia instalada de 212 Kw y provee energía a 770 familias. Tanto la planta de Río Bravo, como la de El Naranjo son administradas por empresas comunitarias que se encargan de cobrar una tarifa variable según el consumo, además de promover la protección y reforestación de las zonas colindantes a los cuerpos de agua.
Estas comunidades no van a estar conectadas a la red nacional, sino que van a ser abastecida a través de las plantas hidroeléctricas.
“Mensualmente pasamos facturación a los usuarios de una tarifa que tiene fluctuaciones de acuerdo al consumo. Además, estamos implementando una campaña de sensibilización con los productores en la parte alta de la cuenca para que se reduzca el despale, se mejoren las prácticas de cultivo y se reforesten las áreas”, informó Nelson Cruz, directivo de la Empresa Río Bravo-Pueblo Viejo S.A.

GTZ en un programa inicial
Till Suessdorf, miembro del equipo del organismo internacional que opera en Nicaragua con fondos alemanes, GTZ, explicó que la idea nació en el año 2007, tras los estudios de una consultora, que demostraron los altos grados de factibilidad que presentaban lugares específicos del territorio nacional.
“Empezamos a trabajar con la Comisión Nacional de Energía que luego se convirtió en el MEM y ubicamos más de 30 puntos del país donde era muy factible la implementación de energía hidroeléctrica”, indicó.
Para la cooperación alemana es la primera vez que participan en un proyecto de generación de energía hidroeléctrica de esta magnitud, pero existen proyectos más pequeños de micro turbinas que sólo abastecen entre 30 y 40 casas, de las que ya se han instalado 12 en el país, principalmente en la RAAN.
También resaltó que la mayoría de las plantas están ubicadas en la región norte del Atlántico, ya que para poder aplicar esta energía se necesita una diferencia de altura, porque el agua baja desde la montaña hasta donde se encuentra ubicada la casa de máquina y es justamente por el desnivel en la caída de las aguas que se facilita la generación de la energía.
De acuerdo con Suessdorf, las plantas se diseñaron de tal manera, que se pueda abastecer a todas las comunidades cercanas y tomando en cuenta el posible crecimiento de las mismas.

En busca de las cascadas
También dijo que hay varios proyectos que ya tienen hecho sus respectivos estudios de factibilidad y sólo están esperando los financiamientos. La idea es encontrar comunidades que estén cerca de las fuentes de energía renovable, como son los ríos y cascadas para instalar las plantas generadoras en esos puntos.
“Nicaragua tiene un gran potencial hidroeléctrico, aunque las fuentes de generación están en lugares muy remotos, por eso es necesario de la inversión y el interés de todos”, enfatizó.
A pesar del vasto potencial que presenta Nicaragua, estudios realizados por el MEM indican que sólo un poco más del 50 por ciento de la población nicaragüense tiene acceso a servicios de electricidad. Aproximadamente 500 mil viviendas están fuera de este servicio, de las cuales, 240 mil están ubicadas en áreas rurales.
Para seguir explotando los recursos naturales que el país ofrece y llevar el servicio a más comunidades, Karin Von Loebenstein, representante de GTZ, aseguró que el organismo donante continuará apoyando la ejecución de nuevos proyectos de electrificación.

Ahora van con energía solar
“Ahora vamos a trabajar en otros programas, en especial con energía solar en zonas rurales aisladas, para lo que vamos a contar con el apoyo de la cooperación holandesa para financiar más actividades de desarrollo comunitario”, sostuvo Karin Von Loebenstein.
Tanto los cooperantes internacionales, como los pobladores de la zona reconocen que ha raíz de la entrada en funcionamiento de las plantas de generación de energía hidroeléctrica, el crecimiento social y económico de las comunidades ha despegado.
Además de los pequeños negocios, los productores de leche encontraron una oportunidad para maximizar las utilidades de lo que antes no era un rubro muy explotado, debido justamente a la escasa infraestructura que no permitía almacenar el producto.
Francisco Javier Blandón, Presidente de la Asociación de Ganaderos de Waslala y copropietario del acopio lechero San Pablo, enfatizó en la importancia que ha tenido la llegada del servicio al municipio para dinamizar las actividades productivas.
“En promedio 200 productores de leche vienen a acopiar su producto diariamente y conseguimos una cantidad de entre 10 mil a doce mil litros diarios, porque apenas tenemos tres años de estar acopiando ya que antes nos dedicábamos a la crianza de novillos”, apuntó.
La capacidad de este acopio es de 18 mil litros y actualmente venden el total del producto a la Empresa Nestlé Prolacsa de Matagalpa, donde la procesan y la hacen polvo para su posterior comercialización.

Se ahorran C$ 40 mil al mes
En el caso de esta pequeña industria, la llegada a la zona de la electrificación representó grandes beneficios, ya que cuando iniciaron funciones en el año 2004, trabajaban con una planta generadora a base de diesel, que dejaba costos por el orden de los 60 mil córdobas mensuales.
Con el nuevo servicio de energía hidroeléctrica pagan una factura de 20 mil córdobas al mes y el ahorro de 40 mil córdobas es utilizado para cubrir los costos de producción.
Pero los productores y demás habitantes saben que para seguir sacando provecho de los beneficios de la naturaleza, deben tener cuidado en las prácticas de desarrollo que ejecutan, por lo que están impulsando planes de reforestación y de trato especial a las zonas cercanas a los ríos.
De esta forma los pobladores realizan esfuerzos por preservar un servicio que llegó de forma tardía, pero esperan que sea para quedarse.