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“Me frustro si alguien me busca y no le resuelvo”

* Dice que trabaja bajo una presión “horrorosa” y que debe responder en su despacho a decenas de peticiones por día * Confiesa que es de las que se lleva los problemas de la oficina a la casa, y que pasa 12 horas laborando * Agrega que es feliz con lo que hace, aunque hay noches que sólo consigue dormir después de rezar mucho

Amparo Aguilera

Tras dos meses y medio de haber asumido el cargo, luego de la muerte del tricampeón mundial de boxeo Alexis Argüello, la alcaldesa de Managua Daysi Torres, dice que su trabajo no es fácil, pero asegura que lo hace “con mucho amor”. Reconoce que tiene sobre sus hombros una presión “horrorosa”, pero al mismo tiempo aclara que “Dios” le ayuda a sobrellevar la carga.
“Es un trabajo duro y cansado (el que tengo), a veces yo llego a mi casa y me cuesta dormir, ¿me entendés?, porque te llevás pensando (a tu casa) todo lo que viste en el día, como una radiografía, pensás a cuántos les podés dar respuesta y a cuántos no. Pero yo siempre le pido a Dios… me arrodillo y le digo: Señor dame fuerzas, y dale a la gente lo que se merece, lo que necesita”, comenta.
En una breve entrevista con EL NUEVO DIARIO, que implicó unos 20 minutos tras un recorrido por un barrio capitalino, Torres deja claro que no es una mujer de hierro.
Deja ver su lado humano y espiritual. Cuenta desde pequeñas cosas, como las 50 cartas que lee a diario de gente pidiendo dinero, comida y materiales de construcción, hasta la lucha que libra para hacer entender a la población que el poder en la comuna, como ella asegura, está descentralizado.

¿Qué valoración tiene sobre lo que hace, cómo va, cómo se siente?
Mirá, ningún trabajo es fácil. Todo es difícil, y estar en la Alcaldía es una situación de mucho trabajo, de mucho esfuerzo, de tener mucha voluntad para escuchar a la gente todo el día.
Yo voy a los barrios, a las comarcas, a los asentamientos, pero no sólo es para andar inaugurando proyectos, sino para estar viendo un montón de cosas: revisar programas sociales que tenemos que reestructurar porque están desfasados en su adaptación a la población, tenemos que darle un vuelco también a la atención en las clínicas… vamos a reestructurar ese programa de atención médica: en vez de tener clínicas en cada lugar, vamos a tener brigadas en cada barrio, que estarán dedicadas exclusivamente para atender a la población y para darle su medicamento gratuito.

¿Cuántas horas dedica a la Alcaldía?
¡Uh! imagínate vos… Estamos en la fase de reestructuración de programas sociales, estamos con todos los proyectos que nos presenta la población. Acordate que lo que estamos ejecutando ahorita son obras que teníamos de arrastre y otros proyectos de progreso que hemos llevado a los barrios.
Pero estamos viendo nueve proyectos sociales, y tenemos proyectos de la Secretaría de la Mujer, que vamos a juntarlos, y estamos en esa reestructuración, estamos haciendo cambios.
Entonces estamos con todo ese trabajo: toca andar viendo en las calles lo que se está haciendo, en los distritos, atender la gente y a los mismos trabajadores que tienen problemas no sólo laborales, sino de su familia.

Entonces ¿no tiene tiempo para usted?
Yo entro a las 8 de la mañana y salgo a las 8 de la noche de la Alcaldía, después de leer toda la correspondencia del día.

¿Se esperaba tanto ajetreo?
No tanto, claro, ¿verdad? Vos sos periodista y vos sabés que los periodistas no tenemos horario, ni fecha ni calendario, pero yo ya no tengo tu edad, yo ya estoy mayor, entonces, sí me cuesta mucho, pero lo hago con mucho amor y con todo placer. No me esperaba tanto trabajo, lógicamente, ¿verdad?, porque yo antes estaba dividida igual que está la compañera Juanita (Rueda actual vicealcaldesa).
Mirá, la gente quiere hablar sólo con el alcalde porque no ha tomado conciencia de que los delegados de los distritos son los alcaldes en su territorio, a ellos tienen que acudir para que les resuelvan sus problemas, pero la gente te busca todo el día, y tenés que atenderlos porque para eso estás allí: para la gente, para darles repuesta, eso es lo más cansado.

¿Cómo hace para desestresarse?
Mirá, yo me la llevo al suave. Me la llevo tranquila, porque si te estresás te ponés como loca, histérica, entonces no vas a poder (con el trabajo). Pero como yo estoy acostumbrada a ese trabajo --acordate que yo cuando tenía 27 años tenía cinco hijos, con un año de diferencia entre uno y otro, yo al año paría uno, otro, otro, otro…-- entonces, yo ya estoy acostumbrada a esa presión, además, la mayoría del tiempo estaba sola, entonces estoy acostumbrada a una presión terrible: de trabajar de estudiar y cuidar hijos.
Ahora en la alcaldía es como en esos tiempos: con una presión horrorosa, porque tenés que atender a la población, tenés que leer toda la correspondencia diaria que son cerros de cartas.

¿Cuántas lee al día?
¡Uh!, yo te digo… yo leo a diario 50 cartas. Tengo que leerlas todas para ir dando respuesta, y digo, bueno: ésta va para este distrito, ésta va para tal persona, ésta para tal director, ésta otra para tal asesor, a ésta le das respuesta vos --le digo a la asistente--, y a la otra, a ésta yo, a ésta yo la llamo personalmente, a ésta no se le puede dar respuesta… en eso te llevás dos horas, y esto que, en lo que yo voy leyendo, la asistente me está leyendo otra carta, o sea, tengo que leer y escuchar al mismo tiempo para poder darle repuesta a la gente.

De las cartas que lee… ¿cuántas resuelve?
Mirá, la mayoría son solicitudes, por ejemplo, de ayuda económica, de alimentos, de techo, de becas para sus hijos, hay gente en silla de ruedas, viejitos que piden alimentos, a la mayoría se le da repuesta en la medida en que se puede.
La ayuda económica nosotros se la damos a quien realmente la necesita. Les damos becas a jóvenes para que sostengan sus estudios. Tenemos, por ejemplo, doce becas que damos completas, son becas universitarias. Aparte de eso, tenemos entre ocho y 12 jóvenes a quienes se les da ayuda mensual para su colegio, ellos --eso sí-- me tienen que presentar sus notas mensualmente.
Vos no me vas a creer, pero atendemos hasta necesidades de la gente que le corresponde a otras instituciones como ir a gestionar al Seguro Social, como ir a gestionar que les instalen el agua porque no tienen dinero y no pueden pagar y les cortaron el agua y tienen cinco niños, es decir, hacemos un montón de trabajo que no solamente le corresponde a la Alcaldía, la gente agota las vías de otra institución y después llega donde nosotros y le resolvemos, gracias a Dios.

¿Sí?
Sí. Da la desgracia que a veces la gente no confía en los funcionarios intermedios o en los funcionarios menores, porque cree que no le van a resolver. Yo les digo a los ciudadanos: vayan donde sus funcionarios distritales, exíjanles, señores. Díganles que les cumplan, porque las delegaciones distritales son como una Alcaldía chiquita, están en su territorio para atenderles sus problemas, para mandarlos a los programas sociales ya directo.
Entréguenle una beca a ese señor; mire, esa señora no tiene dónde vivir; mire, a esa señora hay que ver como le resolvemos… la gente debe tener confianza en los delegados, en los directores, porque las cosas están delegadas, a cada cual en lo que corresponde.
El alcalde, claro, también está para atenderlos, y yo los atiendo con todo amor y con todo cariño, pero también tenemos que entender que los delegados tienen que dar repuesta, y en la medida en que los pobladores y los ciudadanos les exijan y les exijan, entonces vamos a componer las cosas y vamos a descentralizar, porque eso nos interesa.
Nos interesa descentralizar las funciones, ya que a veces tenemos directores allí sentaditos, y nosotros tenemos que salir a la calle para ver qué es lo que quiere la gente, para ver si es verdad lo que nos están contando, si es verdad lo que nos están diciendo…, uno tiene que tener contacto con la gente. Y ese es un trabajo arduo, duro, cansado, pero lo hago con todo el amor del mundo.

¿Está valiendo la pena?
Para mí vale mucho la pena, ¿me entendés?, hacer un trabajo como éste (en la Alcaldía) vale la pena. Yo soy una persona que me gusta trabajar, me gusta ganar el salario que me pagan, me gusta el contacto con la gente, atender a la población. A veces uno se frustra porque querés darle repuesta a todo el mundo y no podés, pues, pero al mismo tiempo pienso que la solidaridad, el amor y un apretón de manos vale más que yo te ponga mil córdobas en tu mano, y te diga: tomá --con la gran cara--, o te diga: a la púchica, sólo pidiendo andás, ¿verdad?, que decirle a una persona: no amor, hoy no puedo, mi muchachita, pero venga mañana que yo algo le voy a tener aquí. Eso la solidaridad, el amor, el respeto a la población, es lo que la población necesita.
A veces la gente anda con problemas enormes en su cara, he visto a centenares de gente llorar frente a mí por problemas simples, digo yo, que se pueden resolver, y que uno no tiene que llegar a matarse, y eso pasa porque a veces uno siente que se te cierran las puertas, pero cuando uno tiene personas solidarias que te pueden tender la mano, eso cambia.
Mirá, uno debe pedirle a Dios que le dé fuerzas, que le abra puertas. La gente a veces llora tal vez por desesperación, por frustración, por pobreza, pero cuando uno los atiende y por lo menos medio le resolvés, se va tranquila. Eso es lo que debe hacer un funcionario público: atender a la población, porque si no tenemos recursos, por lo menos le das un abrazo y un apretón de manos, y les decís: tené paciencia, hermano, te vamos a resolver más adelante.

Apuesta mucho a la solidaridad…
Yo creo que las cosas se pueden resolver en la medida en que todos tengamos solidaridad, que tengamos un corazón abierto para la población necesitada, y que no nos olvidemos los funcionarios públicos de dónde venimos y qué vamos a hacer después, cuando termine la función pública.
Porque hay funcionarios a los que se les sube el humo, y entonces se vuelven grandes odiosos, se sienten en su sillota y no quieren ver a nadie. Cuando termine esa función pública y vaya para abajo a su barrio, y se encuentren con su gente, ¿qué cara van a poner, hermana?
Porque de regreso vas allí, pues, allí vas de regreso (al barrio). He visto gente que ha estado en la gran cúpula, y de repente va aplastada abajo, ¿qué cara le vas poner a un amigo, a un compañero? Mirá, uno necesita hasta de las piedras… mi amor, uno necesita de todos, y cuando uno mira el rostro de los niños, de los jóvenes, de las mujeres, y ves que todavía no les da la repuesta que necesitan por falta de recursos, eso te llega hasta el corazón.

¿Cómo prevé resolver eso?
Mirá, a veces yo llego a mi casa y me cuesta dormir, ¿me entendés?, porque te llevás pensando todo lo que viste en el día, como una radiografía: pensás a cuántos les podés dar repuesta y a cuántos no.
Pero yo siempre le pido a Dios. Todos los días oro: mañana, tarde y noche. Me arrodillo y le digo: Señor, dame fuerzas, y dale a la gente lo que se merece, lo que necesita, lo que pide señor, abrime puertas… Y aunque no lo crean, tengo decenas de puertas abiertas de organismos diciendo que nos van a apoyar, y allí van a ver ustedes lo que vamos a hacer, y todo eso te lo digo en nombre de Jesús, porque sin Jesús, sin Dios, no somos nada.