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El accidente que privó a Washington de otro Kennedy

* El último testimonio del hermano menor de John y Robert. Se publican sus esperadas memorias con el título “True Compass”, una expresión en inglés que significa “Brújula verdadera”. “Tomé decisiones terribles. Aunque estaba aturdido por la conmoción, el cansancio, el susto y el pánico, tenía el suficiente raciocinio para saber que el accidente sería devastador para mi familia…”  

Washington  / El País
En sus esperadas memorias póstumas, publicadas el lunes en EU, Edward Kennedy detalla el dolor vivido tras los asesinatos de sus dos hermanos en los años 60, su lenta consolidación política en el Senado y sus recuerdos sobre un incidente que marcará para siempre su carrera política y pesará en su conciencia por el resto de su vida: la muerte de una mujer de 28 años en un accidente de tráfico en 1969, ahogada en un coche que el joven Kennedy conducía después de una fiesta en una isla de Massachusetts.
El senador trabajó en su autobiografía durante los últimos dos años, con la ayuda de unos cuadernos de notas que había elaborado durante más de medio siglo. Comenzó a escribirla antes de que le diagnosticaran un tumor cerebral maligno en mayo de 2008. La última versión esperaba sus correcciones cuando murió, el pasado 25 de agosto, a los 77 años de edad. Las agencias de información aseguran que la editorial Twelve ha pagado casi seis millones de euros por el volumen, titulado True Compass, una expresión en inglés que significa Brújula verdadera.

“Yo fui el responsable”
De entre todas sus páginas, las más esperadas eran las que narran los hechos acaecidos inmediatamente después de aquel oscuro accidente en la isla de Chappaquiddick. Había sufrido pérdidas repentinas y violentas en muchas ocasiones, escribió el senador, pero aquella vez fue distinta. Aquella noche yo era responsable. El joven Kennedy acudió a una fiesta con trabajadores de la campaña electoral de su hermano Robert, asesinado a tiros en Los Ángeles un año antes. Pasadas las once de la noche, abandonó la fiesta con la joven asistente Mary Joe Kopechne.
De camino a un ferry que les debía transportar a ambos a otra isla cercana, su coche se salió de un puente. Caí al agua y quedé boca abajo. Kennedy avisó inmediatamente a unos amigos suyos y trató de rescatar a Kopechne infructuosamente. No vio el cuerpo y se convenció a sí mismo de que la joven había escapado y había huido. Nadó hasta la otra isla en la que se alojaba y no avisó a la policía.
 A la mañana siguiente dos pescadores divisaron el coche y un buzo encontró el cadáver, que estuvo sumergido durante más de siete horas. Estaba asustado. Estaba apabullado. Tomé decisiones terribles. Aunque estaba aturdido por la conmoción, el cansancio, el susto y el pánico, tenía el suficiente raciocinio para saber que el accidente sería devastador para mi familia, escribió en el libro publicado el lunes. Además, Kennedy estaba casado y temía que los tabloides le relacionaran sentimentalmente con Kopechne.

Aceptó lo del accidente
Finalmente admitió el accidente y se sometió a una investigación, tras la que pagó una compensación de 60.000 euros a la familia de la fallecida. He tenido que vivir con esa culpa durante 40 años. Pero mi carga no es nada comparada con la pérdida (de la joven Kopechne) y el sufrimiento que su familia ha tenido que soportar, según admite el senador en las memorias. Ese incidente frustró, en gran parte su campaña de primarias contra Jimmy Carter en 1980. Pero no le impidió consolidarse como el llamado león progresista del Senado. Después de su muerte, en agosto, muchos medios se preguntan quién portará ahora la antorcha de la saga familiar de los Kennedy. El senador lo aclara en el prólogo: Con Barack Obama el trabajo comienza de nuevo. Sabedor de que su final estaba cercano, en el libro le pidió a la nación una última gracia, la de cumplir el que fue su sueño político durante décadas: asistencia sanitaria asequible como un derecho básico para todos los estadounidenses.