Nacional

Alfaro, fiero y destructivo

* Victoria sin discusión, aunque increíblemente un juez vio ganar al tailandés * El octavo asalto fue el mejor del nica y muchos pensaron que la pelea se detenía

Edgard Tijerino

Ganó José “Quiebra Jícara” Alfaro por puntos, sin discusión, pese al extraño fallo dividido. Tumbó dos veces al tailandés Prewet Singwancha, a quien le quitaron dos puntos y estuvo a la orilla de ser noqueado en un tormentoso octavo asalto, cuando el bravo nagaroteño desplegó una fiereza casi destructiva.
Anoche no hubo cortes de luz. Otro púgil nica estaba instalado en la cima de la montaña iluminando nuestro deporte, demostrando que no hay imposibles cuando se inflama el corazón.

¡Qué emoción amigos! Incontrolable.
El poder de Alfaro, su agresividad, su voluntad ardiente, su consistencia, su preparación para este combate proporcionaron la lucidez necesaria a su coronación como Campeón Mundial de las 135 libras, luego de imponerse al difícil zurdo tailandés Singwancha.
Ahí está Alfaro en pantalla, con su puño derecho en alto, mostrándolo como una roca envuelta en quesillo. Fue ese puño productor de dos caídas del tailandés, el que facilitó la resonante victoria del nagaroteño, ahora tan famoso como el genízaro, ese árbol histórico que es el ombligo de la pequeña ciudad.
Las imágenes del octavo asalto permanecen intactas. Alfaro derribó por segunda vez a Singwancha con su mega-derecha y de inmediato se volcó con esa ferocidad que lo ha caracterizado. La cabeza del tailandés estuvo danzando a ratos frenéticamente y el olor a nocaut” se extendió rápidamente de Alemania a Nicaragua.
¿Alguien evitó catapultarse de su butaca presenciando ese ímpetu con posibilidades de ser demoledor? Todos estábamos de pie esperando que todo terminara, pero la resistencia de Singwancha y su alarde de coraje le permitió sobrevivir.
En el primer asalto, el oriental había escapado a un temprano derrumbe que lo obligó a ser más cauteloso de lo previsto, una vez comprobado que el punch de Alfaro era pulverizante.
Alfaro no se precipitó. La presencia de un rival zurdo, tenaz, capaz de ejecutar buenas combinaciones realizando contra-ofensivas, con la habilidad requerida para esquivar escopetazos muy visibles, evitó que se lanzara abiertamente al ataque.
Necesitaba fijar mejor el blanco de sus disparos para no deslizarse hacia un desgaste físico y supo dosificar su esfuerzo navegando entre sus fácilmente perceptibles limitaciones técnicas.
Eso sí, como prometió, siempre estuvo encima, sin ceder la iniciativa, buscando cómo hacer sentir sus impactos y fue impresionante verlo cerrar a un buen ritmo de revoluciones por minuto, lo necesariamente entero, en cuanto a físico se refiere, y mucho menos golpeado.
Un juez, de esos que se ven por aquí, vio ganar a Singwancha 112-111. Cuidado lo traen para reforzar la Corte. Los otros dos no se enredaron. 114-109 y 115-109 a favor de Alfaro.
Un triunfo claro, tan inmenso como el genízaro de Nagarote