Nacional

Autodidacta y un señor de la radiodifusión


Edgard Barberena

Creció en el barrio San Sebastián de Managua bajo una gran pobreza, pero fue el béisbol el que le abrió la primera puerta, que al final lo llevó a formar parte del mejor cuadro dramático de Radio Mundial.
Este personaje es José Castillo Osejo. Vive en un barrio humilde, como es Loma Linda, porque a pesar que ganó bastante dinero, nunca se le ocurrió residir en repartos de lujo. Compró la propiedad, de tres cuartos de manzana, en 1963, y construyó su casa..
Hijo de José Trinidad Castillo Romero, de la comunidad de Sirama, Chinandega, y Soledad Josefa Parajón, de León, pero por la guerra de 1926 sus padres se vinieron a Managua, donde nació don José.
Creció en Managua y su primer oficio fue tipógrafo.
En 1948, cuando se produjo un problema en la Voz de la América Central --forjadora de los grandes elementos y talentos de la radio--, Julio Armas --ahora casado con una prima-hermana de Castillo Osejo-- le dijo que en la Voz de la América Central estaban buscando a un locutor deportivo.
Lo hicieron pasar a un cuarto donde había un micrófono, una pequeña mesa, encima de la cual había un libro de anotaciones de juegos anteriores, y una silla.
“Allí Nadillo me dijo: ‘Escoja cualquier juego que esté anotado, léalo bien, aquí en el micrófono, y haga como que esté narrando el juego’, y como estaba solo en el cuarto, no me sentí presionado, y empecé a narrar. Como a la media hora llegó y me dijo (el director de la radio) que estaba claro, pero le pregunté: ‘Bueno, ¿me va hacer la prueba? No me dijo, ya la hicimos”, recuerda Osejo. Don José empezó a temblar porque no sabía cómo le habían hecho la prueba, no tenía idea lo que era un estudio de grabación.

Su primer salario
Su primer salario fue de 15 córdobas por narrar cada juego, lo que era un capital, “porque esto para mí fue sorpresivo y agradable, y así me inicié en la radio”, cuenta. La radio reunía a grandes talentos, y ahí hizo amistad con Chepe Chico Borge, Manuel David Morales, hombres brillantes que hacían radio en esa época.
También lo pusieron a hacer “bocadillos” en las novelas. Para esa ocasión, en la misma estación radial donde nacieron las primeras radionovelas, éstas iban directamente al aire, no se grababan porque no existían los equipos. “Cuando se grababa, se hacía en acetato, un disco muy grande, y si había errores, ahí quedaban, por lo que tenía uno que tener sumo cuidado”, explica Osejo.

Su aparición en Radio Mundial
En esos días se produjo un cisma en Radio Mundial cuando se estaba pasando la radionovela “El derecho de nacer”, pues José Dibb McConell, que hacía el papel de Albertico Limonta, se había ido de la radio.
Manuel Arana Valle, propietario de la Mundial, lo llamó y lo invitó a almorzar, y conversaron largamente, y al final don José le dijo: “Si usted cree que le puedo servir, estoy a la orden”, ya para esa ocasión Castillo Osejo no miraba su papel en la radio como hobby, sino como una profesión.
Al retomar el papel de Albertico Limonta en la radionovela, don José estaba abriendo una puerta más en su profesión, y después vinieron otras obras, otros directores, y en la medida que el tiempo iba pasando, comenzó a dar más de sí en los papeles que hizo en las radionovelas.
“Ahora, en la distancia y los años, digo que el arte es una compañera inseparable de la literatura, del deporte y de la política. Los actores son políticos, porque Ronald Reagan fue un magnifico actor, y después fue presidente de los EU; Arnold Schwarzenegger, el actor de origen austriaco, ahora es gobernador de California.
“Pues también en nosotros ha habido algunos que del arte hemos pasado a la política. Mi padre fue conservador, y yo tomé esa línea. Me gusta mucho esa línea, que no es una ideología, es una actitud frente a la vida”, comenta Osejo.

Fue autodidacta
Ante la falta de dinero de sus padres, don José se iba a la Biblioteca Nacional, donde devoró una gran cantidad de libros que enriquecieron sus conocimientos. Para esa ocasión la biblioteca la dirigía el profesor Carlos A. Bravo.
Como don Carlos lo miraba que llegaba diario, al mediodía, una vez se le acercó y lo guiñó de la oreja con cariño, y le preguntó: “¿Te gusta leer?” Don José, siendo un muchacho, le dijo que sí, y el profesor le dijo algo que lo sorprendió: “De hoy en adelante vas a leer lo que yo te voy a dar a leer”.
Así leyó los clásicos, “y empecé a meterme en una literatura distinta, sin tener la base que tienen los que se bachilleran y después van a la universidad”, rememora Osejo.
Muy joven entró al teatro, aún conserva recortes de periódicos de la época en que se reseña su labor, así como recuerdos gratos, como premios, cintas, collares, medallas porque fue director de teatro, de radio, de arte radial y profesor de oratoria y dicción.
Tiene cuatro hijos, los dos mayores, que son profesionales, viven en EU; y en Nicaragua, en su casa ubicada en los altos de Loma Linda, a 350 metros sobre el nivel del mar, reside con los dos menores, uno que tiene una lesión cerebral, y el menor que también es profesional y sin vicios.

Enemigo de la confrontación
Don José es un hombre muy católico. Todos los años instala un nacimiento que visitan personalidades del mundo católico, entre ellos el cardenal Miguel Obando. Ese nacimiento, que ocupa 170 varas cuadradas, tiene más de 500 imágenes pequeñas, y también describe la pasión y muerte de Jesucristo.
Además, cuenta en la entrada de su vivienda con una estatua de la Virgen Concepción de María, de más de un metro de altura, porque la celebra todos los años, aunque no entrega golosinas a los devotos, sino cosas útiles, como arroz, frijoles, aceite, pastas y azúcar, que van en unas pequeñas canastas que da a confeccionar en Masaya con la corteza del bambú. A los niños le da lápices, cuadernos, caramelos y chocolates.

Muchacho muy inquieto
Castillo Osejo pasó 54 años en su profesión (en la radiodifusión) “pariendo” todo tipo de ideas, mientras los años le fueron llegando “y hay un momento en que uno se siente agotado”, dice. Fue muy inquieto en su juventud. Por el béisbol y el boxeo viajó por el mundo haciendo transmisiones de juegos.
Estuvo hasta en el Japón transmitiendo boxeo, lo que le dejó satisfacciones, dinero, pero también agotamiento. En Panamá, en una ocasión se sintió muy mal con la pelea del “Toro” Coronado. Cuando bajó del avión sintió un dolor en la espalda, y dichosamente se encontró al médico Pedro Sequeira en la puerta del hotel. El médico le detectó tres úlceras sangrantes.
“Me vi gravísimo, sólo salí a transmitir, y aquello fue un desastre, porque uno en ese trajín mal come entre avión y aeropuerto y hoteles”, señala don José.
“No puedo decir que estoy arrepentido de lo que hice en mi vida, no, al contrario, estoy satisfecho del deber cumplido, satisfecho de haber tratado de hacer una labor digna, muchos muchachos pasaron por mis manos y muchos reconocen eso, porque les di lo que aprendí, pero esto fue agotador”, comenta Osejo.

El golpe que le propinó Tomás Borge
Sobre el incidente en 1987, cuando el entonces ministro del Interior Tomás Borge le golpeó el rostro, provocándole sangrado, Castillo Osejo dijo que eso se produjo cuando se iniciaron en el hotel Camino Real las conversaciones entre la Resistencia y el gobierno sandinista.
Esto se produce también cuando en la CGT independiente, que estaba frente a Metrocentro, había una huelga obrera, y “como tengo a dos periodistas, al ‘Chino’ León Carranza, que acaba de fallecer, lo mandé a cubrir las conversaciones, y a Roberto Sánchez a cubrir la CGT.
“Yo me quedé en la planta para darle pasada (al aire) a uno y al otro. Hubo un momento en que Roberto Sánchez se exaltó y dijo que los contras no debían entregar las armas, porque éstos (los sandinistas) son tales por cuales, y creo que eso enfureció a Borge, porque yo no estaba hablando”, recuerda Osejo.
Lo llamaron por teléfono citándolo al Ministerio del Interior, pero Castillo Osejo le dijo que en ese momento no podía ir, porque estaba ocupado y no tenía a nadie para abrir los micrófonos a los periodistas que andaban cubriendo eventos.
“Insistieron con otra llamada telefónica, por lo que corté las transmisiones, y me llegó a traer la Lissett Torres con otro oficial, pero yo me fui en mi vehículo, pero ese día presentía algo, y le pedí a Milo Gadea que me acompañara”, rememora.
Lo llevaron a la casa de Borge en Bello Horizonte.
Ante Borge, él quiso darle la mano para saludarlo, y el entonces ministro le dijo: “No te voy a dar la mano, sos un traidor a la revolución, agente de la CIA”. Don José le dijo a Borge: “Serénese y dígame cual es el problema”, y se sentó en un sofá.
En un momento de desenfreno Borge le asestó un golpe en el rostro, provocándole heridas que le sangraron profusamente; aún tiene las cicatrices de las heridas. Don José, que también fue boxeador, dijo que pudo haberle respondido, pero no lo hizo porque estaba de canilla cruzada, y lo único que hizo fue tomarlo de la muñeca y decirle que se sentara.
“Le dije: ‘Te puedo golpear, pero sé qué me puede pasar’, ya que tenía a dos tipos al lado”, relata Osejo, y Borge le contestó que se podía defender. “Le respondí: ‘Te pego un par de golpes y no te vas a levantar’. En ese alboroto tomó un cenicero de marmolina y lo estrelló contra la ventana, se quebró el cenicero y la ventana no, por lo que me di cuenta que esa ventana tenía vidrios antibalas”.
Ahí pasó desde las 11 de la mañana hasta las tres de la tarde, cuando ya Borge dijo que se podía ir, aunque antes llegó una oficial muy amable con algodón a quererle limpiar las heridas, pero don José no se dejó tocar su cara y lo único que hizo fue ir a poner la denuncia a los medios, aunque Tomás antes quiso disculparse.