Nacional

Ritmo juvenil en la plaza


Cayó la tarde con un arco iris adelantado de diciembre. El pequeño Jelsin adornaba su grillo de palmas y Karina contorneaba sus caderas. Santa Claus bajaba su falsa e incómoda barba, y el despeinado joven bailarín levantaba sus brazos excitado. Fue día de alegría. Dos mil estudiantes danzaron al son de sus tambores y liras, con el ir y venir, la ligereza y energía de los adolescentes.
Un pie adelante, otro atrás, un brazo de frente, el otro al costado. Entra el palillón de la banda del “César Augusto Salinas”, de Nueva Guinea y un grito retumba en la Plaza de la Revolución. La mirada miope de Carlos Fonseca lo mira desde un extremo y, en el otro, Sandino montado en su caballo.
Doce bandas musicales estudiantiles de los diferentes departamentos del país acudieron al llamado del Ministerio de Educación (Mined), institución que ayer, cumpliendo con la promesa del presidente Daniel Ortega, organizó el Festival de Bandas Rítmicas Escolares.
La diversidad fue la constante en la plaza. Faldas cortas, música nacional, las “campanas de Belén”, el Güegüence, huipiles, paraguas azules y blancos, chingorros navideños. Y, asaltando la mirada de los presentes, un Papá Noel, entradito en carnes, bailando a la par de cinco folkloristas vestidas de chillantes colores, todos del colegio Hispanoamericano de Managua.
“No, no, está ridículo ese contraste”, comenta Carlos José Pérez, de 27 años, sin quitar la vista de las muchachas tipo señora Claus moderna que bailaban folklore. Sabrá por qué lo dice, pues fue durante mucho tiempo miembro de la banda del “Azarías H. Pallais”.