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“Fue como presenciar un terrible accidente”

* De lo que sucedió no hay que justificarse, sino enmendarse * Cuando manifestó a Somoza que ningún país lo quería como asilado

Edwin Sánchez

En una de las últimas cartas que jugaría Anastasio Somoza en la mesa de la historia que consideraba tan eterna como el pochote, apareció el joven Harry Bodán Shield, de servicio en Bélgica. El “hombre” decide trasladarlo a Nicaragua como viceministro del Exterior. Era 1975.
“A mí me sorprendió, porque, en realidad, era muy joven. He sido uno de los viceministros de Relaciones Exteriores más jóvenes en el país”, señala el diplomático de carrera.
A ese período de emergentes, de caras nuevas, se le conoció como de la “savia nueva”. Era el mazo de la nueva partida de Somoza luego de “vencer” en 1974 al candidato de un partido, que siendo zancudo --el Conservador-- llevó como candidato a un político de segunda: Edgardo Paguaga Irías, mejor conocido en el ambiente como “Piojo Peinado”. Al parecer, el régimen buscaba rostros que no fueran los detestables después de tanto tiempo en el poder.
“Cuando pregunté las razones por las cuales me trasladaban a Nicaragua y qué es lo que esperaban de mí, dijeron que lo que querían era introducir el cambio”, dice el diplomático que fungió como embajador en Japón hasta hace unas pocas semanas.
El cambio en la política exterior consistía en hacerla más eficiente y orientarla más hacia las bases tradicionales como la defensa de la soberanía, la promoción humana, solución de conflictos, etc. Se quería darle un impulso económico. Por supuesto, dije que sí, inmediatamente, recuerda.
El régimen que se desmoronaba
Viendo que el régimen fenecía, ¿no sopesó que su carrera podía ser arrastrada junto con todo?
Se debe ver el contexto en que eso se producía. Mi manera de pensar entonces, y lo pienso ahora, es que me parece que se rompieron muchas normas del Derecho Internacional. Hubo estados de América Latina, tres de ellos, que estuvieron directamente interviniendo en los asuntos internos de Nicaragua
Y lo hacían de manera que era intolerable, no para el gobierno de entonces, sino para cualquier gobierno. Se rompen las normas civilizadas que rigen las relaciones entre los estados que hacen posible la convivencia pacífica, y si uno rompe esas normas viene una especie de ley de la selva.
En eso me siento muy tranquilo y muy profesional. Cuando hablaba con los países involucrados directamente reconocían eso, pero justificaban asuntos políticos. Sí, les decía, pero este aspecto es pasajero, el daño que se le hace al sistema es mayor. Hay normas y formas, y hay que respetarlas.
Yo acepté participar en una transición ordenada en el entendimiento de que iba a durar unos días, unas semanas. Y no fue ordenada. Sucedió algo, creo que para mí fue muy importante. Como no se produjeron los acontecimientos de la manera en que habían sido planeado por las diferentes partes, al final hubo especie de caos. Yo pude convocar y hablar personalmente con varios miembros del cuerpo diplomático. Todavía están vivos muchos de ellos: que por favor salieran a las calles de Managua, que fueran con las autoridades de la Cruz Roja e instituciones humanitarias para preservar las vidas, y lo hicieron. Eso fue importante, porque en medio de la euforia, del caos y de la confusión, se pueden cometer actos de los que después uno se arrepiente.
Mitos de todas partes
A fines del 78 y comienzos del 79, los embajadores, asegura el ex ministro, en complicidad con la Cancillería, aceptaban a nicaragüenses que no estaban de acuerdo con la situación en ese momento. Los acogían en la Embajada y salían. No hablo de los tradicionales salvoconductos, sino con toda la complicidad. Por ejemplo, aprovechar un avión español que traía víveres para que se llevaran a nicaragüenses, sin pasar por los procedimientos normales. Había muchos amigos míos involucrados.
¿Cómo un gobierno tan cruel, que perseguía y encarcelaba, podía hacer esto?
Como es historia relativamente reciente en Nicaragua, hay muchos mitos, de todas partes. He escuchado mitos de un lado que no se corresponden con la realidad. Yo los viví y no es así, y del otro lado, igual. La gente quiere como justificarse ante la historia, quiere como justificar las cosas que hizo en vez de arrepentirse. En vez de enmendarse, hay personas que persisten en tratar de justificarse.
No, ahí se cometieron una serie de cosas que no debieron haber sucedido. Pero también hay muchísimas cosas que se dicen que no son ciertas. Durante el conflicto se estuvieron utilizando ambulancias de la Cruz Roja para transportar armas. ¿Qué sucede?, que hubo un incidente, pero depende del lado que se lo cuenten. Yo puedo contarlo con mucha confidencia de que lo que digo es cierto.
Participé en las conclusiones que se elaboraron de parte de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA, que vino a Nicaragua, y que ha sido el primer país de América Latina que fue condenado de la forma como fue condenado por esa instancia. Y ahí tampoco se observaron ciertas reglas, como es que el informe se debe pasar primero al gobierno, éste le hace observaciones, y la comisión si quiere las toma en cuenta o no. Pero después de estudiarla se publica.
Con esto no defiendo nada, sino que ahí están esas normas…
El asesinato de los socorristas
Resulta que ese hecho de estar transportando armas en ambulancias se repetía muchas veces, y en uno de esos viajes un helicóptero atacó a una ambulancia, y era una de verdad que trasladaba heridos.
Esto conduce a la falta de respeto, de un lado utilizar ambulancias para transportar armas, y por otro la falta de respeto al atacar también ambulancias. El caso de los niños, se utilizaron en el conflicto, como se hace actualmente en los países pobres de África.
Me parece a mí que nadie puede decir durante el conflicto del 79 y después: ”Yo me comporté mejor que él otro”. Puede haber casos individuales, en un sentido u otro, de comportamiento horrendo o heroico.
El ex canciller destaca que su misión era que se preservara en todos estos conflictos la parte del derecho internacional que rige a las naciones, la no intervención, evitar confrontaciones bélicas que no solucionan los problemas.
“Constituyó una época perdida para la diplomacia nicaragüense en ese sentido”, lamenta.
En 1967 ingresó al Servicio Exterior este egresado de la Escuela Diplomática Española. Fue viceministro de Relaciones Internacionales por cinco años, y Canciller las últimas 72 horas, cuando Anastasio Somoza, sin ningún control efectivo en todo el país, se vio forzado a dejar Nicaragua bajo las efímeras riendas de Francisco Urcuyo Maliaños.
“Fue una época muy confusa, y depende de con quién hable, así le van a contar la historia”, me dijo el testigo y protagonista de una historia que no termina de asentarse, e incluso, de asimilarse.

La última vez que vio a Somoza
A eso de las seis de la tarde del 16 de julio de 1979, Harry Bodán Shield, entonces de 37 años, vio por última vez a Tacho con las astillas que todavía le quedaban de un poder acumulado durante 45 años, mientras el general Augusto C. Sandino volvía en las sonrisas de los rebeldes que avanzaban desde el interior del país hacia la capital.
Al doctor Bodán le tocó el espinoso papel de decirle, personalmente a Somoza que nadie le quería, según lo manifestado por los delegados de diversas naciones.
¿Estaba afligido?
Él estaba tranquilo. Había varios. Alguien le pidió clarificaciones. Él le reiteró a esa persona (todo hace indicar que era el general Rafael Adonis Porras, de acuerdo con el libro de Somoza “Nicaragua Traicionada”) cuál era el trato que se había hecho con la comunidad internacional. Siempre mantuvo como línea cuál era ese trato, y ahí viene la disparidad. Hay quienes decían que lo que él afirmaba no era el trato, que él engañó a las personas que le comunicaron eso; otros dicen que sí, que ése era el trato. ¿Cómo se va a saber?
Lawrence Pezzullo (embajador de Estados Unidos) que nunca presentó credenciales, dice una cosa. Se manejó muy a nivel personal entre el presidente Somoza y el embajador norteamericano. La impresión general era que se iba a cumplir un proceso de manera pacífica, en general, y aparentemente no fue así. Fueron engañados de un lado y de otro lado.
Usted estaba ahí de testigo de algo histórico….
Me tocó como a varios que estaban ahí. Viera que ser testigo de esas cosas…
¿De cosas no muy agradables?
Es como presenciar un accidente --y, se ríe, pero esa risa, casi 30 años después, no es la misma que procede de un episodio humorístico, sino de una imagen más honda, dramática, inexplicable aún, y que todavía no tiene el pie de foto definitivo-- pero sí, no tengo, de verdad, ningún remordimiento de conciencia. Yo me siento muy orgulloso del trabajo que hice. Claro, es una expresión muy personal, mía.
¿A pesar de todo eso, de la represión, de las masacres?
Es que mire, no quiero tampoco justificación. Era tal la propaganda que se hacía de un lado y de otro, que parecía eso, propaganda. Era un estado de violencia, donde la violencia se justificaba y se atribuía a los demás. Había, por ejemplo, actos de violencia, como le cuento, que supe de manera personal.
El caso de los niños en la guerra, de los desaparecidos. En el Ministerio me presentaban las quejas de las personas desaparecidas con nombres y apellidos.
¿Somoza no le dijo: me estás diciendo que me vaya?
No, no, pero estaba implícito, los mensajes que la comunidad internacional me daba, los embajadores muy amigos de Nicaragua, todos coincidían que la salida era terminar con el régimen y buscar una fórmula de consenso que todo mundo aceptara.
¿Los que giran alrededor del poder se considera que casi nunca le dicen la verdad al “hombre”?
Es que yo nunca consideré que tenía poder ni mucho menos. Yo me acuerdo, en una ocasión, al año de estar aquí, dije: “Mejor me voy al servicio diplomático al exterior”. Lo dije en voz alta, y eso llegó al Presidente, quien me dijo: “Ya oí que te querés ir”.
Mire, le dije, a mí me trajeron para una cosa, y ese trabajo yo no lo puedo desempeñar bien. El 50% del tiempo lo estamos gastando en cosas que nada tienen que ver con el trabajo.
¿En qué no tenía que ver ese trabajo?
Hablo de que la política exterior, no sólo en esa época sino en ésta, se concentraba en la defensa internacional del régimen acusado de violación de derechos humanos, de esto y de lo otro. Porque también la táctica de la oposición en todas partes del mundo es echarle la culpa de todo lo que pasa al gobierno que está de turno.
La idea es trabajar en la búsqueda de oportunidades para nuestro desarrollo.