Nacional

Su procacidad no tiene límite

*** A punto de sonar la campana, mueve los labios con más rapidez que los puños y no cesa de proclamar que “el gordo Vargas” no le resistirá sus embestidas

Edgard Tijerino

Desde Los Ángeles
En la esquina de Ricardo Mayorga no hay algo diferente, todo sigue siendo igual, como si el tiempo se hubiera detenido. Ahí están la mirada agresiva del púgil, su caminar agitado moviendo los brazos y gesticulando, la subestimación por el rival, la jactancia incontrolable, la aparente confianza y por supuesto, lo imprevisible cuando no se puede fijar lo cierto y lo falso.
“Vargas no tiene ningún chance frente a mí. Está muy gordo, no se mueve, es un blanco fácil y no podrá escapar a mi bombardeo. Va a caer rápido”, ha dicho durante los últimos meses y lo ha seguido repitiendo a los colegas pinoleros que se encuentran aquí en Los Ángeles.
Cuando le preguntan: ¿qué puede ser lo más peligroso de Vargas?, responde con esa autosuficiencia que ha sobrevivido a catástrofes: “Nada, no tiene nada para ganarme”, agregando: “Haré caer encima de él tantos golpes que el ring le parecerá muy estrecho. Él sabe lo que le espera y lo único que puede hacer sin riesgo es hablar”.
Hay un detalle que no es discutible: “Él no puede compararse con Forrest, con Tito, con De La Hoya, ni siquiera con Cory Spinks, porque nunca ha sido rápido. Es por eso que no me preocupa concederle 10 libras de ventaja. No podrá esquivar mis golpes y caerá”.
Sobre el manejo de su peso, Mayorga asegura que regresará a las 147 libras, porque es en el casillero Welter donde mejor se siente golpeando y asimilando, sin embargo, su adiestrador Luis León considera que Ricardo debe mover su futuro inmediato en las 154 libras para evitar sacrificios y sentirse en plenitud.
El mejor Vargas que hemos visto fue el que perdió con Trinidad y con De la Hoya ofreciendo demostraciones de impresionante temeridad, luciendo casi como un “kamikaze”, pero los entendidos coinciden que el Vargas actual, está muy distante del que provocó grandes impactos, lo cual favorece las posibilidades de Mayorga.
“¿Por qué voy a cambiar? Lo mío es ser agresivo, tirar golpes desde cualquier ángulo, agobiar a los rivales, y así voy a trabajar con Vargas. No tengo secretos, pero una vez que me suelto, no pueden contenerme”, dice el nicaragüense, con esa exuberante confianza que siempre lo acompaña.
Mayorga ya está pensando en enfrentar a Miguel Cotto en busca de otra pelea ruidosa y millonaria, pero Don King va a esperar verlo contra Vargas para elaborar proyectos. A esta altura, después de haber atravesado por tantas batallas cruentas, Mayorga debe ser manejado con cuidado. La escogencia de Vargas como un primer paso hacia el resurgimiento, es perfecta.
Si no resulta, todo se complica. De eso estamos claros.