Nacional

Renunció vicealcaldesa, pero no la Contraloría


Luis Galeano

El vicepresidente de la Contraloría, Lino Hernández, lamentó la dimisión de la vicealcaldesa de León, Dora María Gurdián, pero recordó a los habitantes de la Ciudad Metropolitana, que quien renunció fue ella, no los auditores que iniciarán una auditoría en busca de supuestos actos de corrupción en la gestión del edil Tránsito Téllez.
“Renunció la vicealcaldesa, es una lástima, pero nosotros vamos a hacer nuestro trabajo, vamos con la auditoría”, dijo Hernández, quien estimó que Gurdián “debe tener sus razones de peso” para haber optado por dejar el cargo para el cual el pueblo leonés la eligió a partir de enero de 2005. “Me voy feliz…, pero no crean que porque me ven a veces con ganas de pegar gritos o ganas de llorar, no me siento perseguida. Me voy feliz porque no puedo seguir allí, porque es demasiada la corrupción”, expresó Dora María Gurdián, al momento de interponer su renuncia ante el Concejo.
La renuncia de la vicealcaldesa no ocasionó sorpresa entre los concejales de León, quienes en menos de tres horas eligieron unánimemente en sesión extraordinaria al concejal Teodoro Sánchez, como nuevo vicealcalde, y al concejal René Pacheco, como secretario del Concejo. De igual manera, asumió como concejal propietario el Sr. Dionisio Sandoval Reyes, suplente del concejal Sánchez.
El contralor Hernández dijo que el caso de León “es embarazoso para los que están al frente de la comuna”, como Téllez y sus concejales, “porque las denuncias en su contra son serias y vamos a ver con la auditoría si lo que dijo la ahora ex vicealcaldesa era cierto o carecía de fundamento”. Los colegiados aprobaron una auditoría en la Alcaldía de León, en el tema relativo a la famosa compra del edificio de “Las Ruinas”, y a los préstamos que con fondos de esa alcaldía se hicieron a favor de los concejales.
El vicepresidente de la Contraloría consideró que cada persona toma sus decisiones en correspondencia con lo que cree que es mejor, pero para él “todos los que dicen que quieren luchar frontalmente contra la corrupción deben hacerlo desde dentro de las instituciones, pues su presencia garantiza un “ojo vigilante” para que no se continúen cometiendo irregularidades con los fondos públicos, si es que las hubiesen.