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Lluvias se ensañaron con Cuatro Palos

* Administrador de hacienda arrocera teme que hambruna arrase con el poco ganado que tienen * Lo único que les falta, y que esperan con terror, es el desencadenamiento de las epidemias * La prioridad para todos es restablecer la comunicación con La Paz Centro y El Jicaral

Luis Alemán

Las señas que el agua dejó en Cuatro Palos, comarca ubicada a 46 kilómetros al noreste de La Paz Centro, aún no se borran. El río Sinacapa crecido y el impenetrable camino de acceso al poblado son evidencia clara de la secuela del vendaval que por más de 15 días cayó en la zona.
Cuatro días después que las lluvias cesaran, las humildes casas construidas con caña de castilla y palma aún se encuentran abandonadas por sus moradores, quienes, obligados por el agua, salieron en busca de lugares altos para evitar ser arrastrados por las corrientes. La casa de Julio Rojas es una de ellas. Está totalmente abandonada, su y propietario y familiares tuvieron que trasladarse a la comarca Papalonal buscando cómo salvarse de las aguas.
El único camino de acceso que hay para la comarca está impenetrable. El trayecto de dos kilómetros desde la ribera del río Sinacapa hasta el poblado requiere en tiempos normales de sólo 15 minutos a pie, ahora se requiere de más de una hora para sortear los interminables fangales plagados de zancudos.
En la zona hay preocupación, y las últimas reservas de alimentos que las familias tenían guardadas ya se terminaron. Los niños lloran no sólo por la falta de comida, también lo hacen por las fuertes calenturas que sufren y la falta de ropa para cubrir sus escuálidos cuerpos que, día y noche, sirven de bocado para las inmensas nubes de zancudos.
Sin medicamentos
María Ivette Rojas, de 13 años, tiene cinco días de padecer de calentura. Su mamá, Erika del Carmen Urbina Guido, no tiene medicinas para calmar el mal de su muchacha, y mucho menos dinero para comprarlas, pero además, a pesar que en el poblado hay un Centro de Salud, la enfermera que lo atiende no ha llegado debido a las crecidas de los ríos.
“De todas formas, tampoco hay medicinas”, afirma Marlon Osorio, alcaldito del poblado, que ha enviado mensajes de auxilio a los alcaldes de La Paz Centro y de El Jicaral, “en busca de ayuda porque la gente está sufriendo”.
Pero no sólo María Ivette está enferma, sino que sus hermanitos sufren de hongos en los pies y llagas al rascarse constantemente los piquetes de zancudos. Los hijos de Eynar Ramírez también tienen calentura y dolores estomacales. “Puede desatarse una epidemia que no podamos controlar”, afirma Osorio.
También los niños de Janelis García Urbina tienen problemas de salud. “La gripe está castigando a los niños, quienes también sufren por los piquetes de zancudos”, asegura.
Osorio teme que además de la gripe y los zancudos, la diarrea comience a atacar a los niños. “La mayoría de los pozos están contaminados”, asegura el alcaldito, para quien el problema es mayor porque cuando perforaron los pozos, los vecinos cubrieron con barriles de metal las paredes del hoyo, y son tan viejos que cuando sacan agua sale con mucho sarro. Pero aún más, el único pozo comunal cedió a la presión del agua que cubrió el poblado y ahora “está contaminado”.
“La gente está consumiendo agua contaminada y pronto vamos a tener una epidemia que no podremos controlar, porque no tenemos medicinas”, aseguró con mucha preocupación. Recordó que el alcalde de La Paz Centro llevó agua, pero ésta fue insuficiente. Hasta los pozos de la empresa arrocera también sufrieron daños.
Pronto habrá hambruna
La preocupación por los problemas de salud se agrava por la falta de alimentos. La última ración de comida que llegó al poblado, como parte de la ayuda de emergencia, la distribuyeron el pasado domingo. Siete libras de arroz, igual cantidad de frijoles, sal, aceite y azúcar. “Ahorita ya no hay comida, pero peor aún, en un futuro no tendremos alimentos para sobrevivir”, asegura el alcaldito Osorio.
La mayoría de las 127 familias que integran la comarca se dedica a la siembra de maíz y sorgo para el auto consumo. También siembran hortalizas y legumbres en la ribera del río. La lluvia arrastró con todo. Walter González levantó un censo sobre el daño en la producción agrícola. “Se perdió un 90 por ciento de la cosecha de maíz y sorgo”.
Mirna Jaime Delgadillo perdió todo, dos manzanas sembradas con maíz y una con sorgo. Su casa estaba en la ribera del río Sinacapa. Logró salir a tiempo gracias a que la mañana del 12 de octubre, al despertar y buscar sus chinelas, sintió que todo estaba mojado. Inmediatamente empezó a despertar a sus hijos, a quienes colocó sobre la cama. “Pero la corriente creció en cuestión de minutos y de pronto ya teníamos el agua a la cintura”.
“Con lo que sembrábamos logramos pasar todo el año, ahora no sabemos cómo vamos a hacer porque no se salvó nada”, asegura. El esposo de Delgadillo logró salvar un ganado que llevaban a pastar a la ribera del río, el problema es que días después no encuentran a los animales y no saben si se ahogaron, fueron arrastrados por la corriente o fueron víctimas del hambre.
¿Vandalismo?
Anastasio Conrado Cerrato, administrador de la empresa arrocera de capital guatemalteco, también está preocupado, y seguro de que el hambre que se generará en la zona va a provocar que parte del ganado que tiene la empresa sea devorado por los vecinos. “¿Cómo vamos a controlar el sacrificio de las reces cuando se desate el hambre?”, asegura.
La empresa arrocera jugó un papel importante los días de la emergencia, pues sus tractores fueron usados para la evacuación de 58 familias, y en ellos fue transportada la ayuda que llegó de La Paz Centro, pues son los únicos medios que superaban los fangales. En dos casas de la hacienda fueron hacinadas cuatro familias que perdieron todo, y los equipos de comunicación que tiene la arrocera son usados para cualquier emergencia.
El otro problema que enfrenta la población es el acceso al lugar. Cuatro Palos quedó en medio de los ríos Sinacapa y río Grande, el puente de El Tamarindo fue destruido y la carretera por el municipio de Jicaral quedó partida. Para el alcaldito, la prioridad es resolver la incomunicación y así poder trasladar alimentos y medicinas.