Nacional

Su vida es un hito de la radiodifusión


Edgard Barberena

Autor de cinco libros, durante el somocismo casi lo matan las turbas nicolasianas; lleva 30 años consecutivos manteniendo en el aire un radionoticiero y posee un timbre de voz envidiable y una original e impecable dicción.
Este personaje es el radioperiodista Joaquín Absalón Pastora, nacido en Managua el 22 de enero de 1938. Su padre se llamaba Joaquín Evaristo Pastora, y su progenitora, que todavía vive, Celestia viuda de Pastora.
Estudió la primaria en los colegios Beato Salomón, en el Seminario Menor de San Ramón, y “Rubén Darío”, de Managua. La secundaria la cursó en el Instituto Nacional de Occidente (INO), en León. En la época en que cursó la secundaria, en 1954, había una gran afición de los estudiantes por la literatura, la poesía y las artes.
Cuando ingresó al INO había un ambiente de ebullición en torno a la gesta de la autonomía universitaria; entonces era rector el doctor Mariano Fiallos Gill, uno de los que dirigía al grupo de jóvenes en el programa radial.
Mariano Fiallos les llamó “la muchachada poetil”. “Esto me empujó drásticamente a querer la radiodifusión, para la cual ya tenía vocación desde muy pequeño. Esto fue hace 53 años”, recuerda Pastora.
Los versos que escribió Joaquín en su juventud están plasmados en su primer libro titulado “Sueño en Sol”, y son el reflejo de su inicio en la radiodifusión. Este talento lo notó don Celestino Toruño, y “me dijo: ‘Bueno muchacho, quedate en la radio’, no sólo para hacer el programa cultural, ya que Radio Darío estaba en un plano de integrar un cuadro dramático profesional”, cuenta.
Así Joaquín se integra a la radio con Carlos Pentzke Torres y otros locutores profesionales para trabajar en Radio Darío, “pero como buscaba otros horizontes, me dije, nada estoy haciendo en León, quiero trabajar en las radios de Managua”, agrega.

Soportó represión del somocismo
Pastora, tanto en la época del radioperiódico “La Verdad” como en la primera época de “El Momento”, pasó por penalidades de todo tipo, incluyendo las políticas, “con multas espantosas que oscilaba entre mil y 25 mil córdobas”, recuerda.
El juez y parte era el inefable coronel somocista Alberto Luna Solórzano, o algunos de sus antecesores, porque ellos establecían que uno había roto la ley. “Había el famoso Código Negro, producto de la Ley Quintana. El artículo 47 de ese código penaba a los radioperiódicos y radios con multas onerosas, y cuando ya estábamos en quiebra, a través del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, y con don Francisco Hernández Segura y Manuel Eugarrios, se contribuyó mucho a que las multas las pagáramos por contribución de la población”, agrega Pastora.
“Salíamos a la calle a buscar los reales, nos metíamos en el mercado, en las oficinas, porque según la ley, si no pagábamos la multa en el término de 24 horas, no tenías derecho de apelar ante el Ministerio de Gobernación”, cuenta Pastora.

Ataque de la Nicolasa Sevilla
En el quinto libro escrito por Pastora: “Medio siglo de radio”, aparece un capítulo referido a la forma como una turba liderada por la Nicolasa Sevilla atacó Radio Mundial y a Joaquín casi lo matan.
Recuerda que había un movimiento del Partido Liberal Independiente para liberar a los prisioneros políticos en la época del gobierno de Luis Somoza Debayle.
Dentro de los prisioneros políticos había militares que se habían “volteado” al somocismo, y otros eran connotados líderes del PLI. Aquiles Centeno Pérez andaba con el PLI y, en compañía del doctor Juan Manuel Gutiérrez y otros personajes, armó un mitin para celebrarse en el escenario de Radio Mundial, en el cual las personas que iban hablar eran las esposas de los maridos prisioneros.
Aquiles Centeno Pérez le pidió a Joaquín que hiciera la presentación del mitin como maestro de ceremonia, y “yo le dije que sí, y se celebró el mitin el cinco de agosto de 1958, programado a iniciarse a las ocho de la noche en el auditorio de la Mundial”, narra.
“Cuando digo, buenas noches, pueblo de Nicaragua, una voz me respondió: ‘Buenas noches hijo de la gran puta’. Esa voz fue de Eugenio Solórzano, el marido o amante de la Nicolasa Sevilla, y ahí comenzaron a hacer disparos, a apalear a Manuel Arana Valle, que estaba dentro del público, y a golpear a la gente con cachiporras”, rememora.
Las esposas de los detenidos tuvieron que salir corriendo y se fueron a refugiar al estudio donde se interpretaban las novelas del cuadro dramático de la Mundial. Los asaltantes destruyeron la sala de controles, las grabadoras, y “como el instinto de conservación le dicta a uno estrategias que tiene que realizar, me escondí debajo de la cabina de locución, que también fue destruida, y cuando me encontraron me masacraron, y todavía tuve fuerza para, de gateadas, llegar a las puertas y salir del infierno”, relata Pastora.
En ese trayecto “me encontré con un verdugo que se llamaba Adolfo Baca, que era OSN y me quiso cortar la lengua con un puñal. Me dijo: ‘Aquí vamos a acabar con estos tapudos’, pero yo en un gesto defensivo evité que el tipo me partiera la lengua, y lo que hizo fue herirme cerca del ojo, y aun así, ensangrentado, pude salir a la calle, y ahí terminó la Nicolasa Sevilla de golpearme la cabeza hasta el extremo de quedar inconsciente”, comentó .
Alguien lo levantó y lo llevó al hospital del Seguro Social. El más golpeado en el ataque de la Nicolasa Sevilla fue Manuel Arana Valle, y hasta se temía por su vida, “pero logramos sobrevivir”.
Las pérdidas fueron de más de un millón de córdobas, y Luis Somoza asumió luego la responsabilidad, y dijo que iban a enjuiciar a los que participaron en el asalto, quienes eran ex militares retirados que estaban organizados en Amrocs (Asociación Militar de Retirados, Oficiales y Campesinos Somocistas) y delincuentes comunes que habían sacado de las cárceles para meterlos al asalto.
La guardia “llegó tarde”, dándole tiempo a los atacantes que hicieran su “trabajo”, pero lo interesante es que como todo ocurre al revés en Nicaragua, Luis Somoza dijo que iba a enjuiciar a los culpables, “pero fue la Nicolasa Sevilla quien nos hizo a nosotros un juicio por injurias y calumnias”, contó. El secretario de la Presidencia en ese tiempo, Ramiro Sacasa Guerrero, puso sus manos y se paró el juicio.

Traslado a Managua
Joaquín, ya en Managua, a la primera emisora que acudió fue a la Voz de Nicaragua, cuyo director era el poeta, jurisconsulto y compositor, doctor Juan Velásquez Prieto. En ese tiempo era difícil entrar a la radiodifusión, no como ahora, que a cualquiera con una grabadora le venden un espacio.
En los años 50 había que cumplir requisitos para entrar a la radiodifusión, había que tener una base cultural y además de eso había que tener voz. Las voces graves eran las más beneficiadas.
Velásquez Prieto sometió a Joaquín a un examen con su voz; le hizo varias preguntas, pero en lo que competía a la voz, no le satisfizo, y “me dijo: ‘Mejor hacé otra cosa’, y como yo quería ser abogado, me dijo: ‘Mejor metete ahí y desde ahí (la abogacía) podemos ser buenos colegas, pero en radio no’”, relata ahora Joaquín.
Sin embargo, Joaquín “no botó la gorra” y se fue a golpear otras puertas, y así llegó a la Voz de la América Central, que venía de capa caída. Ahí lo recibió el profesor Julio César Sandoval, quien le abrió las puertas, lo sometió al mismo examen que le había hecho Velásquez Prieto, y “me dijo que quedaba aprobado”, dice Pastora.
Así Joaquín se incorpora al cuadro dramático de la Voz de la América Central en compañía de Eduardo López Meza, quien había entrado a la estación radial como mecanógrafo. Además de Alberto Arróliga, Antonio Linares, Blanca Amador y otros artistas de la radiodifusión.

Las novelas de la Voz de la América Central
La Voz de la América Central transmitía radionovelas como “El llanero solitario”, “El hombre que perdió su sombra”, escritas por Julio César Sandoval. En esa radio Joaquín participó en un programa curioso y atractivo, que era la noticia del día dramatizada.
“Pero la verdad es que los impulsos de José Mendoza no progresaron mientras Radio Mundial se convertía en un monstruo, y en un momento Julio César Sandoval fue llamado por el propietario de la Mundial, Manuel Arana Valle, para que se hiciera cargo de la dirección de la radioemisora”, narra.
Así se trasladan a la Mundial el profesor Julio César y Martha Cansino, y “cuando Sandoval estuvo asentado en la Mundial, me hizo una seña a través de Francisco Ruiz Zapata, y así me condujo a esa radio, donde Manuel Arana Valle me recibió muy bien, me abrió las puertas a pesar de que todavía era un novato, me integró al cuadro dramático, me dijo que presentara algunos programas de tipo cultural, como la locución comercial cuando el profesor Carlos A. Bravo dictaba sus conferencias”, rememora Pastora.

El narrador de Radio Mundial
Cuando Joaquín entró al cuadro dramático de la Mundial se le confió la narración de novelas sumamente recordadas, como “El derecho de nacer”, en la segunda versión. En la primera versión de esa novela participaron José Dibb McConnell, Sidar Cisneros, Rodolfo Arana Sándigo, José Archibaldo Arosteguí, Cela Lacayo, Carmen Martínez, Martha Cansino, entre otras.
Novelas que narró Joaquín fueron: “El dolor de ser pobre”, “Kadir el árabe”, y otras de gran éxito que deleitaron a los nicaragüense en los 50 y 60.
En 1960, como venía el plan de la Mundial de redondear noticieros, Manuel Arana Valle lo introduce al periodismo radial en compañía de Francisco Carranza Chamorro. En esa época nació el radioperiódico “La verdad”, razón por la cual Pastora se tiene que separar de las labores artísticas para entregarse al periodismo radial.
“La verdad” se transmitía por la Mundial a las diez de la noche, considerado el pionero en materia radial informativa que se transmitía a esa hora en Managua, una ciudad recoleta, con poca vida nocturna, “sin embargo, se rompió la barrera”.
Luego existieron algunas diferencias y se separaron, y Carranza Chamorro siguió con “La Verdad” en otra emisora, y Joaquín, al quedar solo, pasa a constituir el radioperiódico “El Momento”, y a partir de entonces ese noticiero se sigue transmitiendo en Radio Mundial de las siete a las 7 y 30 de la mañana de lunes a viernes.
En otra ocasión, “El Momento” tuvo dos audiciones de una hora, de 12 del mediodía a la una de la una de la tarde, y luego de las nueve a las diez de la noche en la misma Mundial, pero ya era una emisora que golpeada por el terremoto de 1972. “El Momento” se transmite ininterrumpidamente por Radio Mundial desde el ocho de enero de 1977.