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Vaivenes y bajo perfil de hispanidad y raza


María Haydée Brenes

Como una festividad que cambia de acuerdo a las concepciones políticas e intereses de cada Estado, calificó el historiador Miguel Ayerdis --del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la UCA (Ihnca)-- la celebración del hasta este año llamado “Día de la Raza”, pues de acuerdo al ministro de Educación, a partir de 2008, el 12 de octubre se conmemorará el “Día de la Resistencia Indígena”.
“Históricamente cada uno de los términos con que se ha llamado a esta celebración ha variado de acuerdo a cuestiones políticas; el primer acercamiento de esta celebración se dio en 1892, para el 400 aniversario de la llegada de Colón al continente, después de cuya celebración y gracias al incesante deseo de los latinoamericanos de encontrar una identidad, en 1913 se acuña el término raza. Después el dictador Francisco Franco modifica el nombre de la celebración y lo llama ‘Día de la Hispanidad’, para darle valor al hecho de que fueron los españoles y no ningún otro europeo el que llegó a estas tierras”, explicó el historiador Ayerdis.

Fiesta de bajo perfil
De acuerdo con Ayerdis, la conmemoración del 12 de octubre siempre se ha mantenido como una fiesta o efeméride de bajo perfil, respecto a otras fechas como las llamadas Fiestas Patrias.
“Siempre se ha celebrado con altibajos, algunos gobiernos le han dado más realce que otros; fue durante el período de Luis Somoza que se institucionalizan las festividades en el país, y se decreta que del nueve al 15 de septiembre se celebre la Semana Patria. Dentro de esa semana hay un día destinado al descubrimiento o encuentro de dos mundos, que es el 12 de octubre, cuando de acuerdo a las crónicas, Cristóbal Colón estuvo en el Cabo Gracias a Dios”, manifestó.
También el historiador manifestó que se han escrito muchos tratados y disertaciones sobre este tema, como el libro de José Vasconselos, titulado: “La raza cósmica”, en el cual se expone la tesis que los latinoamericanos somos una nueva raza más fuerte y por ende superior. Sin embargo, la tesis fue rechazada y criticada porque en la misma, reconoce Ayerdis, se deja fuera a la población afrodescendiente y sus aportes.
“Detrás de esa importancia con que se reviste a la raza mestiza, se trata de uniformar toda una cultura que no es uniforme, sino variada y diversa, lo ideal es reconocer que nosotros somos producto del choque y la imposición de una cultura foránea, y lo más importante es reconocer que somos pueblos diversos y hay que respetar sin homogenizar”, declaró Ayerdis.

Una bandera a la raza
En 1933, el Estado uruguayo envió una correspondencia a todos los países latinoamericanos con el fin de que se adhirieran a la propuesta de celebrar e izar el tres de agosto de cada año el pabellón de la raza.
Dicha propuesta fue bien recibida por los Estados del Cono Sur que estaban recibiendo una gran influencia de europeos y querían a toda costa hacer sentir la presencia ibérica en su región, pero no tuvo mucha repercusión en la zona norte del continente, pues México se rehusó a izar un pabellón con los colores blanco y amarillo, característicos de la bandera de la Iglesia Católica, pues demasiado había costado a la revolución separar el Estado de la Iglesia.
Nicaragua, por medio del presidente Juan Bautista Sacasa, aceptó la propuesta ese 12 de octubre, pero jamás se izó dicho pabellón.