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Laboratorio Molecular terminó en una champa

** Ahí se harían pruebas de ADN para paternidad, víctimas de delitos sexuales, personas desconocidas y exámenes forenses **Obra abandonada desde hace dos años, construida por empresa sin experiencia, costó más de un cuarto de millón de dólares ** “Imagine lo que me tuve que cargar con hacer un laboratorio de biología molecular sin haber visto uno”, dice olímpicamente director de Asesoría Técnica de CSJ

Eloisa Ibarra

El nueve de marzo de 2005 se inauguró con toda pompa el Laboratorio de Biología Molecular del Poder Judicial, valorado en más de 277 mil dólares, pero después de dos años y medio, aún no funciona por fallas en la construcción donde serían instaladas las sofisticadas máquinas.
El laboratorio, el primero en su tipo en Nicaragua, fue financiado por la Agencia de Cooperación Española Internacional (AECI), el Fondo de Contravalor España–Nicaragua y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Con él se pretendía dar respuesta a los usuarios de la justicia que requieren pruebas de ADN para paternidad, a las víctimas de delitos sexuales, a personas desconocidas, a los familiares de víctimas de desaparecidos, para saber por qué causa perdieron la vida.
El día de la inauguración se anunció que comenzaría a funcionar en marzo, después en noviembre, y que contaría con cuatro recintos especializados: la unidad de ADN, toma de muestras y preparación de medios, exámenes forenses, extracción de ADN, detección de bandas, ampliación y análisis de ADN.
El Director del Instituto de Medicina Legal (IML), doctor Zacarías Duarte, reconoció que el Laboratorio Molecular no funciona por fallas en las instalaciones, y que por ello tienen que mandar las pruebas a El Salvador y Costa Rica, lo que representa un gasto para la institución.
El Laboratorio no está funcionado, porque el local no reúne las condiciones necesarias. Se hizo una construcción y no cumplió con los requerimientos técnicos, y hay una serie de requisitos sobre el aislamiento y el hermetismo, y eso no se logro cumplir. Hay algunos defectos en el local y no se ha podido instalar, reconoció Duarte.
“Hay que cumplir una serie de normas de acreditación genética forense”, dijo Duarte, tras informar que con la cooperación española, tratan de conseguir a un arquitecto especialista en la construcción de es tipo de laboratorios, para que pueda funcionar.
La construcción del laboratorio de 110 metros cuadrados, cuyo valor fue de 47,947.80 dólares, estuvo a cargo de la empresa Mega Inversiones S.A., que ganó la licitación, aunque no tenía ninguna experiencia en la materia, informó el Director de Asesoría Técnica de la CSJ, Rodrigo Lacayo Rivas.
Sobran justificaciones
El Secretario General Administrativo General de la CSJ, Róger Espinosa, explicó que están tratando de dar respuesta, con una ayuda adicional que podría ser superior a los 50 mil dólares.
Lacayo, a quien le correspondió dar el visto bueno de la construcción una vez concluida, y Espinosa, trataron, cada uno por separado, de minimizar las fallas que presenta el edificio: fisuras en las paredes, roturas en el techo y el cielo raso, y la utilización de material no indicado para un laboratorio molecular.
“Te vas a cualquier edificio nuevo y siempre se le ven pequeñas fisuras en el repello y fino, pero no es una fisura que trascienda”, dijo Espinosa, tras informar que esto fue detectado tres meses después de la construcción, por el entonces, director del IML, Hugo Argüello, quien les informó y se vio con el arquitecto Rodrigo Lacayo.
Sin embargo, Espinosa reconoció que hay fallas, y que por ello contemplan una ampliación en la construcción, lo que podría demorar unos seis meses, para que el Laboratorio comience a funcionar sin el peligro de contaminación.
Un arquitecto familiar de un empleado del Laboratorio, a través del cual conocimos la situación del edificio, indicó que aunque las fisuras fuesen externas, significa que no se cumplió con el rigor de calidad de echarle agua durante diez días o fue mal construido.
El edificio tiene divisiones de Gipsum, techo de Nicalit, y los toma corrientes no son de acero inoxidable, lo que según la explicación del arquitecto consultado, no era adecuado para un laboratorio molecular, que deber ser totalmente hermético para evitar contaminación en las pruebas.
Lo que no se hizo
La construcción debería de haber sido de concreto armado en su totalidad, incluyendo las divisiones, se debió utilizar pintura expóxica, porque hay que estar desinfectando.
El techo debería ser tipo bóveda, redondo en sus extremos por hermetismo y hasta el aire acondicionado especial, con filtros, y desde el compresor alimentar con aceite capela, que es para uso medicinal, explicó el arquitecto.
Lacayo reconoció que el cielo raso se ha dañado por una rotura del techo, que es de Nicalit, a través de la cual penetra agua al interior, pero minimizó diciendo que se repara en 24 horas, sacando las máquinas.
Según Lacayo, primero se pensó en llamar a una empresa fabricante, se trató de obtener una asesoría de España, pero al final él hizo un anteproyecto que envió a España, donde especialistas en medicina legal, y con base en eso se construyó.
Nadie tenía experiencia en laboratorio molecular. “Imagine lo que me tuve que cargar con hacer un laboratorio de biología molecular sin haber visto uno”, dijo Lacayo, tras rechazar que haya sido una irresponsabilidad de la CSJ, sino falta de presupuesto.
Refirió que el costo total era de 80 mil dólares para el laboratorio, pero en el IML las autoridades decidieron hacer una ampliación de serología, lo que no permitió utilizar materiales de mejor calidad, por ejemplo en el techo.
Afirmó que en su calidad de director técnico no hizo ver esas situaciones al nivel superior de la CSJ, porque son otros los que toman las decisiones. Indicó que tuvo un ingeniero residente que renunció, supervisando la obra, y después puso a otro aunque no con la misma experiencia.
Admitió que meses después de la construcción pidieron a la empresa constructora que mirara algunos problemas. “Tuvimos problemas serios, se reclamó y respondió, y vino a ver, pero después del año de vicios ocultos se termina y todo corre por cuenta de la CSJ”.
Lacayo defiende el haber utilizado Gipsum en las divisiones y el cielorraso, y Nicalit en el techo, pese a las filtraciones de agua, que son evidentes en el laboratorio.
Vale mencionar que las paredes de Gipsum, cuyo principal enemigo es el agua, tienen un costo muy inferior al bloque.
Finalmente, Lacayo informó que están a la espera de un especialista que venga a ver la construcción y diga qué se debe hacer, tras reconocer que lo mejor hubiese sido contratar a gente externa… y experta, dirían otros.