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Descubren a 32 nicas indocumentados rumbo a Costa Rica

“Si nos devuelven, estaremos peor”, decía una de las nicaragüenses indocumentadas en Costa Rica

Al menos 32 nicaragüenses indocumentados viajaban el viernes en la noche hacinados en la góndola de una vagoneta sin techo ni medidas de seguridad, rumbo a Costa Rica, publicó hoy la página web del diario costarricense La Nación.
La Fuerza Pública los interceptó en el Plomo de Pocosol, San Carlos, próxima a la frontera con Nicaragua. La vagoneta descubierta era conducida por un costarricense de apellido Cordero, acompañado por dos hermanos nicaragüenses de apellido García.
El grupo de nicaragüenses, integrado por 14 adultos y 18 niños, entre ellos un bebé de dos meses, había salido la mañana del jueves del Reparto René Shic, en la periferia de Managua, informó Norberto Romero, jefe de la patrulla que efectuó el operativo.
Los traficantes o “coyotes” de apellido García, y el costarricense Cordero, fueron ingresados al medio día del sábado a las celdas de la delegación del Organismo de Investigación Judicial en Ciudad Quesada, mientras un juez penal resuelve su situación jurídica.
La fiscal Marlen Vega pidió prisión preventiva contra los tres por violar la Ley de Migración y ordenó decomisar la vagoneta cuyo propietario no fue identificado.
Según las investigaciones, los nicaragüenses ingresaron al país por el río Pocosol, que desemboca en el río San Juan, y caminaron 12 horas desde ese punto hasta Banderas, donde los esperaban los “coyotes”.
“Estaban dormidos en el piso de la vagoneta, enlodados, con hambre y sed”, manifestó el policía Ronny Rodríguez. Nicolasa Rojas, de 45 años y madre de cinco niños, se quejaba de un fuerte dolor de cabeza y mareos a causa de su diabetes, enfermedad para la que no tiene tratamiento pues carece de recursos para pagar una consulta médica o comprar medicamentos.
“Si nos devuelven, estaremos peor”, decía una de las nicaragüenses llamada Martha Meza, de 30 años. Una adolescente de 13 años, Sandra Rojas Martínez, pedía que le permitieran trabajar en Costa Rica hasta enero del otro año, “pues tenemos una gran necesidad de dinero para comer. Si nos devuelven a Nicaragua, vamos a estar mucho peor”.
La joven dijo que llegó con su mamá y cuatro hermanos. “En el camino sufrimos mucha hambre, sed y frío, pero lo peor que nos puede pasar es que nos devuelvan a Nicaragua, porque nos quedamos sin un peso para vivir”, exclamaba la niña, según el diario electrónico La Nación.