Nacional

Trágico desastre involucra a nicas

* Tres compatriotas entre los desaparecidos * Búsqueda sigue hoy, con pocas esperanzas

Jose Leonel Mendoza

Corresponsal Costa Rica/leonelmen@gmail.com
El derrumbe de un muro de contención en la localidad de “El Cacao de Fátima”, Atenas (Alajuela), al menos dejó --hasta en horas de la tarde de este jueves--, dos víctimas fatales confirmadas por la Cruz Roja costarricense, mientras que unas 12 personas se encuentran desaparecidas, entre ellas tres nicaragüenses.
El deslave por las continuas lluvias que han azotado el país se produjo a eso de la una de la madrugada de este jueves, dejando completamente enterradas cinco viviendas, y una cantidad similar quedó con daños parciales.
Los pinoleros Isidro Antonio y Francisco Zelaya Rivera (hermanos), y Derwin Palacios, son buscados al igual que los dos ticos, que vivían en una de las casas que quedó sepultada por el alud de lodo y piedras.
Los nicaragüenses trabajaban en construcción y tenían un mes de residir en ese lugar.
Este jueves los socorristas se daban a la tarea de quitar escombros y buscar a las personas afectadas en medio de las dificultades de la zona y del tiempo, pues han escuchado ruidos que dan esperanza de vida; sin embargo, conforme pasan las horas la cantidad de víctimas podría aumentar.
Los cuerpos encontrados hasta el momento son de un joven de unos 22 años y el de su abuela, y aunque los medios de comunicación informaron sobre una tercera víctima, las autoridades no lo habían confirmado.
Para evitar mayores desgracias y previendo otro derrumbe, las autoridades cerraron el ingreso a esa localidad, a la vez que la Comisión Nacional de Emergencia decretó alerta roja y evacuó a unas 30 familias.
“Yo estaba viendo televisión, era como la una de la madrugada; aquí llovía torrencialmente. De repente escuché unos retumbos, me tiré de la cama, salí a ver qué estaba pasando y vi las toneladas de tierra que bajaban por el cerro”, narró Efraín Beita, uno de los sobrevivientes.
Agregó que un estruendo enorme sacudió su casa, por lo que no tuvo más tiempo que alertar a sus hijos y esposa para que escaparan. Mientras se ponían a salvo, dijo que escucharon gritos de dos sobrinos, para que les ayudaran, pero que les resultó imposible.
“Tío, tío, ayúdenos”, oyó, pero al instante una corriente de lodo sepultó la casa. “Estoy seguro de que quedaron atrapados”, comentó impotente.