Nacional

Racismo de media intensidad

Los indígenas son “arrinconados en espacios de la nación como si se tratara de enemigos derrotados por el Estado”. La clasificación del entrelace de sangre que además del mestizo y mulato da origen a otros cruces: los torna atrás, cuarterones y barcinos, hasta no te entiendo, tente en el aire, jíbaros, tresalbos, lunajeros, mezquimixt y rayados

Edwin Sánchez

Larga es la clasificación que de los cruces de sangre y raza dieron como resultado a Latinoamérica, como larga es la historia de desprecio al indio, vista desde la relación interpersonal hasta la manifestada en costumbres, leyes y prejuicios.
El historiador Rafael Casanova considera que la llegada de Cristóbal Colón no se debe ver como una especie de tragedia o trauma o con un sentido de euforia. No es favorable hablar del Día de la Hispanidad o contrastarse como el Día de la Indigenidad.
Lo que sí prevalece en la vida práctica, lejos de los actos conmemorativos, es un racismo sutil, es decir, no tan abierto como en el Caribe o en el apartheid en África.
“Si ves en los anuncios de empleo, se exige como requisito una buena presentación para recepcionista. ¿Qué significa? Que España nos sigue dominando. Significa que tener rasgos indígenas, piel morena, o contar con pringue africano equivale a ser inferior, y que la persona tendrá dificultades para aplicar a un cargo dentro de esos parámetros”.
En un pleito vecinal, si una persona presenta rasgos indígenas muy marcados, le echan en cara: “Si es un indio el pobrecito”, “¿no ves que es un indio?”, para catalogarlo como atrasado, bruto, ignorante. Si un campesino es blanco, le dicen: “Es blanco, pero indio”, refiere Casanova.
Por otra parte, hay un interés desde estos sectores en acceder a la clase media urbana, cuando se logra un título profesional: el moreno quiere casarse con una mujer blanca, o si se enamora de una india, debe reunir ciertos parámetros que la acerquen a la raza preferida.

El desaparecido orgullo indio
En este mundo de mestizos, tenemos que tomar en cuenta la profusión de mezclas, pero desde mediados del siglo XIX. Los españoles no siguieron viniendo después del siglo XVI, sino hasta después. Entonces el indio predominaba sobre el mestizo o al que pasaba como tal.
El que se consideraba indio con mucho orgullo era un 50 %, y un 45 % era el mestizo. Ese orgullo se explica porque contaba con tierras. Sólo un 5 % pasaba como blanco.
Algunas de las grandes familias, tanto en Granada como en León, incluyeron lazos con descendientes de esclavos y de la clase media alta, tal es caso de la familia Cuadra y de los Buitrago, respectivamente.
Sin embargo, eran presentados como blancos para poder optar a algún cargo, aun cuando era evidente su aspecto negroide. De esta estirpe proviene Cuadra Pasos, y, por ende, el poeta Pablo Antonio Cuadra, relató Casanova.
El historiador echa mano del investigador Jeffrey Gould, que en un trabajo desmitifica la Nicaragua ladina. El autor pregunta: ¿Qué se hicieron los indios? Si un 50% se reconocía indio, qué sucedió que a mediados del siglo XIX bajó bruscamente hasta el 20%. Esto es falta de lógica: ese indio es desarraigado de las comunidades porque le quitan sus tierras y termina siendo inscrito como cobrizo en el censo de 1920.
Casanova rememora que se produjo un proceso de despojo de las tierras, en términos legales, paralelo a ese discurso virulento de que ser indio es ser inferior, inculto. Era difícil convencer a una persona de que asumiera la “inferioridad”, por tanto, terminaba negándose a sí mismo.

Diriomo
Un ejemplo es la comunidad indígena de Diriomo que se disuelve en 1860, cuando se conoce en ese tiempo que un 50% quería ser indio, pues implicaba poseer tierras comunales y ejidales. El resto deseaba abandonar su raza, pero no es porque se volviera blanco, sino por asumir el discurso del Estado: ser indio es ser feo, atrasado. La mitad es convencida y deja de ser indio para que Diriomo se convierta en un municipio. Por lo tanto, las tierras ejidales va al municipio, divididas en minifundios, desapareciendo de paso la tierra comunal.
Fenotípicamente no eran blancos ni mestizos, señala Casanova. Eran indios que querían pasar como blancos o mestizos. Esto es un desarraigo de la identidad cultural. Pero aquí nos encontramos esta realidad: Carlos Mántica, Germán Romero y yo, hemos identificado que el 90% de la población tiene sangre indígena y se acompleja de esa sangre --observa--.
Nos encontramos algo terrible: que hay indios puros y dicen “soy mestizo”, como una forma de ocultar el indio, aunque sean descendientes de nativos sin cruce.
El académico también advierte que el mestizo más claro quiere ser visto como blanco. “Si vos analizás, el de piel más clara pasa como blanco, pero también hay gente clara que pertenece a una comunidad indígena y se siente orgullosa”.

Limpieza étnica en el Pacífico
Germán Romero Vargas, señala Casanova, ve que la identidad es un problema sociocultural Y hay cosas bien contradictorias: en el Pacífico localizás hasta más de 50 apellidos indígenas sobrevivientes, entre ellos: Nandayure, Namoyure, Ticay y Taisigüe, sin meter los más comunes como Potosme o Ñurinda.
En una suerte de “limpieza étnica”, al Caribe lo han ocupado, desde el Pacífico, para decir que si hay indios son los que viven en la Costa Este: miskitos, mayangnas y sumos.

¿Hay un racismo de baja intensidad?
Yo diría que hay un racismo de media intensidad. Aquí, desde Somoza hasta ahora, el muchacho mestizo busca a la más blanca para poder pasar a repartos de clase media, para ser mejor visto, y pensando que sus hijos van a ser más claros.
Aun cuando acontecieron las revoluciones de 1893 y 1979, algunos de sus protagonistas emergentes buscaron alianzas matrimoniales con mujeres blancas, de la clase media alta para arriba, con el fin de mejorar su estatus social y preparar --según sus cálculos-- una mejor proyección genética. Buscaron, como en la ganadería “el mejoramiento genético”.

Clasificación étnica por Valle Castillo
El poeta Julio Valle Castillo en su ensayo “El Güegüence, obra y personaje del barroco americano”, detalla que cuando los españoles llegaron a Nicaragua se formaron la idea de que el indio era un ser inferior. Por consiguiente, la unión del español con la india se producirá por urgencia sexual y no por norma social que regía a la comunidad europea y en especial la española --señala--.
Este cruce se ha clasificado de diferentes maneras:
Español e india: mestizo.
Español y mestizo: cuarterón.
Español y cuarterón de mestizo: quinterón.
Español y quinterón de mestizo: español o requinterón.
Luego, con la llegada de los esclavos africanos, se produjo una nueva clasificación:
Español y negra: mulato
Español y mulata: morisco
Morisco y español: albino
Español y albino: torna atrás.
Indio y torna atrás: lobo.
Lobo e india: zambaigo
Zambaigo e india: cambujo.
Cambujo y mulata: albarazado.
Albarazado y mulata: barcino.
Barcino y mulata: coyote
Coyote e indio: chamizo
Chamizo y mestiza: coyote mestizo
Coyote mestizo y mulata: ahí te estás.
Valle Castillo cita a Magnus Morner y deja abierta una lista interminable de cruces que seguro se cruzan por todo el país: no te entiendo, tente en el aire, jíbaro, tresalbo, lunajero, mezquimixt y rayado.
O, como dice el historiador Casanova: hoy es la hora de los de “piel quebrada”. Y eso no le gusta a los “blanquitos”.

Contrapunto: Mario Rizo y PAC
Un ensayo de Mario Rizo: “Los pueblos indígenas de Nicaragua y su naturaleza jurídica”, publicado por el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica el 30 de mayo 2002, subraya que “el actual escenario social de Nicaragua se encuentra saturado de indicadores negativos en materia de desarrollo humano, sobre todo adverso a la población rural. Entre ella, se distinguen particularmente los pueblos indígenas, viviendo una histórica situación de desventaja social, institucionalizada”.
“Si por un lado tenemos un país con una etnografía sociocultural diversa, por otro existe una realidad jurídica y política inconexa como sistema, respecto a los pueblos indígenas, arrinconados en espacios de la nación como si se tratara de enemigos derrotados por el Estado”.
También refiere que la democracia “experimentada hasta ahora fue perversa, asentando en el sistema jurídico y político, y por tanto en la cultura política, un enfoque y una práctica racista y discriminante en contra de los pueblos originarios. ¡Qué no podemos decir acerca de la empleada doméstica y su condición de subciudadana laboral actual…!”
PAC, en vez de reconocer el racismo de blancos contra descendientes de indios, observó en su ensayo “El indio que llevamos adentro”, una suerte de explicación de por qué los resultados políticos en nuestra historia.
Escribió que mucho de nuestro comportamiento político es originado por la mezcla de los dos grandes pueblos que llegaron a Nicaragua: los chorotegas, más civilistas, y los nahuas, más guerreristas y dados a “exaltar la figura del cacique autoritario”.
El gobierno chorotega era representativo: con un senado compuesto por los principales o señores de diversas plazas. Fue el que mejor nos dio a conocer ante la conquista hispana: por su resistencia y dignidad. (El Nicaragüense, Primer Tomo Ensayos, página 77).

Indios en busca de su Leyenda Urbana
Si Managua se ha ocupado para dirimir las diferencias entre León y Granada, en el pasado, también, a juicio de Rafael Casanova, es un lugar donde históricamente se oculta el origen social y el étnico. Hay gente a la que le gusta olvidar su linaje humilde y étnico, perdiéndose en la gran urbe. Ellos buscan construir su propia leyenda urbana.
Las revoluciones como la Zelaya y la del FSLN, y en el ínterin el movimiento de Somoza García desde el poder, permitieron el ascenso de gente de “color quebrado”. Casanova precisa que “ahí emerge una clase media mestiza y fuerte, con presencia en la política. Y esto continuó, sobre todo, con Arnoldo Alemán.
Un rápido repaso deja ver a los de “color quebrado” que subieron de la mano con el ahora reo valetudinario: el mismo Alemán, con pringue africano, Wilfredo Navarro, Jamileth Bonilla…
Los sectores remanentes de la oligarquía se vieron obligados a tomarlos en cuenta, señala el historiador. “Leyendo al doctor Germán Romero Vargas, él habla del lento ascenso de los marginados en el siglo XVIII, pero a fines del XX se tornó en una irrupción violenta”.
Esta oligarquía debió aceptarlos en la misma mesa, mientras que antes eran los criados, pajes y cocheros de estos mismos oligarcas.
El ingeniero Enrique Bolaños tuvo que hacer una alianza con un representante de la clase emergente, personalizada por el doctor Arnoldo Alemán. A la oligarquía le molesta sobre todo un mestizo o alguien que escupa en rueda, por eso reside en el imaginario un rechazo a Zelaya, que permitió el ascenso de mestizos segovianos y del Pacífico. Y, por supuesto, pasó con Somoza, y en la época contemporánea con el Frente Sandinista, donde la gente de color quebrado escupe donde antes no estaba acostumbrada a escupir.
Comentarios que se escuchaban de antiguos sectores dominantes en los 80 eran: “¡Por ahí andan esos indios en unos carros que ni les lucen!”
En los tiempos actuales te encontrás con indios que reniegan de su identidad, y se sienten orgullosos del pringue español, si acaso llevan alguno, y a veces ni eso, sólo el apellido. Y el apellido muchas veces provino del padrino español que se lo daba al ahijado encomendado, por esos abundan los Ruiz, los Flores, los Rodríguez, los Calero…, señala el historiador.
Un indio con roce es el que obtuvo un oficio, no se mete a beber guaro en la cantina con los demás indios; busca cómo vestirse y saluda al rico, al descendiente de español, y aunque lo consideran menos que ellos, oye, ¿viste cómo le contestan el saludo?