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Anunciaron prueba y no cortaron electricidad

* Viuda dependía de él, también quedó en la orfandad un niño que vive en Costa Rica, y en Buena Vista se habla de otra pequeña que supuestamente es del fallecido * Como el caso de Wilton, que perdió el brazo derecho, cuatro dedos de sus pies y su rostro quedó marcado, familia de Rosendo Peña dice que una vida no tiene precio, pero empresa debe asumir su negligencia

SAN CARLOS/RÍO SAN JUAN
Una joven viuda aún llora la muerte de su compañero de vida. Ella dependía de él, jamás olvida aquel 26 de julio de este año, cuando Rosendo Peña López buscaba cómo instalar una antena para teléfono Movistar que les generara ingreso económico familiar, y se disponía a hacerlo apoyado de otra persona, pero en ese preciso momento el tubo rozó el cable y su mujer sólo vio el fuego, Rosendo cayó fulminado…, sólo le quedaban hálitos de vida que en cosa de segundos se apagaron.
Yajaira Díaz Duarte, de 21 años, recuerda que al ver en el suelo a Rosendo, en la entrada de la vivienda de sus padres, en la comunidad de Buena Vista, jurisdicción de El Castillo, en el departamento de Río San Juan, corrió en busca de una enfermera, pero no había nada que hacer, la descarga eléctrica había sido mortal. Le arrebataron a su compañero, con quien no procreó hijos, pero tenían una relación de hecho estable y habían hecho planes para el futuro.
“En Buena Vista no había luz, y tras el anunciado proyecto de energía instalaron el tendido eléctrico, después dijeron que harían una prueba, tal parece que no bajaron la cuchilla, y lo único que nosotros sabíamos es que no teníamos luz, no sabíamos que los cables estaban energizados hasta que ocurrió la desgracia”, relata la joven viuda.

Quedó desamparada
Ahora Yajaira no hace más que recordar a su compañero de vida: “Él me mantenía, con su muerte me sentí desamparada”, sostiene, al señalar que Rosendo trabajaba como maestro en el Instituto San Sebastián de Buena Vista, pero a la vez era un promotor de salud que entregaba su tiempo libre al servicio de la comunidad. “Él me puso a estudiar enfermería y decía que se iba a profesionalizar en Ciencias de la Educación”, asegura. Rosendo también había trabajado como responsable de estadística en el Centro de Salud de Sábalos, y a raíz de su muerte las autoridades de salud la apoyaron, empleándola en admisión, para que ella pudiese sostener sus estudios.
Los padres de Rosendo: don Victoriano Peña y doña Catalina Guevara ahora radican en Costa Rica. También allá se encuentra el pequeño que dejó en la orfandad: Jonathan Benjamín Peña, de 11 años, quien está al lado de su madre Virginia Gutiérrez García.
Para Yajaira, Rosendo se había divorciado de Virginia. Ella asegura que Rosendo sólo dejó a un niño, aunque en el poblado de Buena Vista se comenta sobre una niña que no fue reconocida. “El niño quedó desamparado, su madre no tiene recursos y el niño debe tener una educación”, reconoce Yajaira.
La viuda recuerda que un día después de ocurrida la desgracia, la visitaron funcionarios de Unión Fenosa, “me hicieron preguntas, yo no tenía bien la cabeza y no recuerdo nombres, pero también después volvieron a llegar, igual que lo hicieron del Instituto Nicaragüense de Energía (INE)”. Después de eso, no sabe más, se le nota desconcertada. Sólo sabe que desgraciaron su vida, y le han dicho que una vida no tiene precio, pero que Unión Fenosa debe responsabilizarse por la negligencia cometida.

Un maestro y brigadista de salud ejemplar
Alfonso Corea, administrador de la unidad de salud de Sábalos, recuerda al Rosendo, humanista, esforzado y trabajador. Dice que era brigadista de salud, y “no le importaba ir a las profundidades de las comunidades con los equipos de salud, porque era un servidor de la comunidad”.
A juicio de Corea, las autoridades de Unión Fenosa y la alcaldía de Sábalos, que eran los responsables del proyecto, deben realizar las investigaciones pertinentes y asumir las consecuencias.
El profesional explica que en vista de los méritos que tenía Rosendo como brigadista de salud de la red comunitaria y como maestro, en esa unidad de salud ofrecieron empleo a la joven viuda, porque Rosendo le sostenía los estudios de enfermería, “esa es una pequeña ayuda para que se pueda mantener”, afirma.

Ex cónyuge de Rosendo gestiona
A través de la vía telefónica con la vecina Costa Rica, nos comunicamos con Virginia Gutiérrez García, quien explicó que viajó a Managua y se presentó a las oficinas de Fenosa, y que fue atendida por don Humberto Rojas, “ellos reconoce que fallaron y me orientaron que buscara un abogado para que presentara la documentación necesaria”, sostiene.
Según Virginia, ha buscado los oficios del abogado Benito Salazar, e indicó que en Sábalos gestionó el certificado de matrimonio, “me dijeron que él estaba en proceso de divorcio”, por lo que tramita una declaratoria para que su hijo sea el beneficiario. La señora Gutiérrez confirmó que se había separado de Rosendo, y reconoce que tenía una relación con la joven Yajaira.

Wilton: otra tragedia, pero será indemnizado
Recientemente EL NUEVO DIARIO publicó la historia de Wilton Hamilton Alfaro González, un adolescente originario de Melchora que fue victima de la negligencia de las autoridades de la empresa española Unión Fenosa. Desde la empresa de cítricos Frutales de San Juan, fueron constantes las llamadas para que llegaran a reparar un poste caído, por el peligro que podía provocar el cable de alta tensión. Nueve días transcurrieron. Wilton se dirigía a un río cercano a su vivienda, junto a su hermanito José Cristóbal y a otro familiar. Caminaba, y mientras platicaba no vio el cable que estaba semi caído. Lo rozó y quedó pegado.
Wilton sobrevivió a la descarga eléctrica de un cable de alta tensión, y también a las casi 50 intervenciones que le practicaron para reconstruir las partes del cuerpo quemadas. Sus pies tampoco escaparon al impacto, los dos dedos de cada pie igualmente los perdió.
En el caso de Wilton, la compañía aseguradora de Unión Fenosa, se comprometió a indemnizar con un monto de 80 mil dólares, de los cuales adelantó 10 mil. Los familiares de los afectados son de escasos recursos económicos, y para luchar por sus derechos han tenido que buscar abogados, pues en este marginado departamento, no existe una oficina del INE ni de Defensa del Consumidor, mucho menos se conoce actividad o beligerancia de organismos de derechos humanos que al menos orienten a la ciudadanía. Los casos pasan sin pena ni gloria.
Sobre las circunstancias en que murió Rosendo, el promotor del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Gustavo Chamorro, dijo que esta instancia no había recibido el caso, pero que están dispuestos a acompañar a los familiares para que justamente se reconozcan y respeten los derechos civiles y constitucionales de quien corresponda.