Nacional

Niegan negligencia médica en caso de joven caraceña

* Viudo sostiene, sin embargo, “haber implorado casi de rodillas que hicieran algo por ella, pero no me hicieron caso”

Alberto Cano

Jinotepe, Carazo

El caso de la joven Socorro Jirón Valverde, de 26 años, fallecida por supuesta negligencia médica junto al producto de sus entrañas en el Hospital Regional “Santiago”, de Jinotepe, nada tiene que ver con la penalización del aborto terapéutico, más bien se trata de un embarazo complicado y de mucho riesgo tanto para la madre como para el feto, lo que previamente fue advertido a los familiares de la paciente que llegó al centro en estado crítico después de haber sido manipulada por una partera, o al menos es lo que ella misma dijo cuando los médicos la atendieron con la esperanza de salvarle la vida.
Lo anterior es parte de las explicaciones que ayer dio a EL NUEVO DIARIO el doctor Hugo Espinosa, director del cuestionado centro asistencial, quien sostuvo que la joven fue atendida debidamente, incluso por los mejores especialistas, pero que por las complicaciones, al final sucedió lo irremediable.
De hecho, al llegar a emergencia, la joven y sus familiares manifestaron que eran como ocho meses los que tenía de embarazo, pero también que una partera la había sobado y al momento de los análisis se determinó un ovito fetal, o sea, que el bebé estaba muerto en el útero de la mujer, y a partir de allí las cosas fueron poniéndose más difíciles, porque al ingresar hubo ruptura de placenta y enseguida alteraciones de coagulación, es decir, dificultad para frenar un sangrado, por lo que una vez efectuada la cesárea, la causa de la muerte de la paciente, según el epicrisis, es desprendimiento de placenta y “goabulopatía”, o sea, alteraciones de factores de coagulación.
Según el doctor Espinosa, es falso lo expresado por familiares de la paciente ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), en especial del marido de la ahora difunta, Miguel Alberto Pavón López, quien acusó al personal médico y de enfermería de negligentes, por no haber atendido correctamente a la paciente.
Conforme a lo expresado por Espinosa, al entrar la paciente en crisis se le administró plasma, sangre “crioprecipitado” y se puso desde un comienzo al cuidado de los mejores especialistas del centro, informando paso a paso a los familiares lo que estaba sucediendo, pero la reacción virulenta, incluso hasta de amenazas con arma blanca al personal de vigilancia por parte de uno de los familiares, que hundió un cuchillo en una de las puertas a la entrada del hospital, fue comprensible porque hay un dolor de por medio, aunque la vida de un paciente sigue siendo sagrada, y lo que se hizo fue lo que humanamente estuvo a nuestro alcance, señaló el funcionario.
Agregó que el caso aún lo están investigando, o mejor dicho, documentando, para presentarlo al Ministerio de Salud, y que éste lo facilite a quien esté interesado en todo el proceso que lamentablemente terminó con la muerte de la madre y el bebito.
El viudo de doña Socorro sostiene, sin embargo, “haber implorado casi de rodillas que hicieran algo por ella, pero no me hicieron caso, ahora sólo me quedé con dos hijos y el dolor de su muerte”, afirmó el hombre, quien acompañado de su menor hijo y de su suegro, el señor Pedro de Trinidad Jirón López, pidió al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos ayuda para hacer justicia.