Nacional

Aún oye el grito de Tony Castaño: “¡Saquen al corneto!”

* Dimos con él tras un rastreo con algunas de las llamadas viejas glorias * “Yo conecté el jonrón contra Cuba en Italia. Y allí me colé en la selección del 72”, rememora desde Canadá * “Si comparamos el béisbol de antes, todo el mundo va a decir: ‘Bueno, éste pasó de moda’. No. Nosotros no nos hemos muerto”

Edwin Sánchez

Tony Castaño, el recordado entrenador cubano, llamaba a Germán Jiménez en esos momentos del deporte rey cuando más falta hacía para entender por qué a la mayoría de la gente, en vez de un corazón, le palpitaba un diamante en su pecho: el béisbol.
A Germán lo localizamos en Aylmer, Otawa. Y gracias a la colaboración de un lector de EL NUEVO DIARIO, Leopoldo Gutiérrez, también dimos con los recuerdos que los ordena a la distancia, y comprobamos una vez más que los cronistas deportivos son los hombres y mujeres que organizan las vidas que jugadores como Germán marcaron en los engramados. Son los que, al final de cuentas, se encargan de escribir la historia en caliente que el tiempo se encarga de enfriar en esos numeritos que carecen de ovaciones, chiflidos, emociones y pasiones.
Los estadios delirantes, esas muchedumbres que alientan la inspiración de un cuadrangular o una lechada, no entran en los box score a pesar de mejorar el rendimiento de un pelotero.
Y los récords, por otra parte, no dejan de ser un camposanto con sus hermosas lápidas de mármol que tampoco logran reflejar lo que aquel individuo causó en el corazón de muchos, digamos, definiendo un partido aunque sea con un toque de bola, mucho menos que haya una placa conmemorativa a la señal oportuna del solitario coach de tercera que ayudó a construir una victoria colectiva.
El otrora primera base del Cinco Estrellas completaba un cuadro que pasaba entero a la Selección Nacional --otro dato extra estadístico--, con el considerado mejor segunda base del mundo en uno de los campeonatos de béisbol, Rafael Obando, y el también mundialista Valeriano Mairena, una verdadera muralla china en tercera.
Hoy vive en Costa Rica, donde se dedica a un negocio importador. Llegó a Canadá con su esposa Lesbia Rivera y su hijo José David, para visitar a su hija Carolina. Germán nació en La Virgen, Rivas, el 18 de agosto de 1945. Éste es su récord personal, cuatro hijos: Germán, Carolina, Marcela y José David; y seis nietos: Laura, Pablo, Diego, María José, Melisa y Amanda.

Empezó en San Judas

¿Cómo fue que llegaste al Cinco Estrellas y en qué año? ¿Cuáles fueron los méritos?
Bueno, en primer lugar, muchas gracias por la entrevista, y quiero mandarle un saludo a Edwin Sánchez.
En el año 1968 estaba jugando para el “J. López”, y posteriormente los scouts internos llegaron allí, a San Judas y entonces me vieron y les gustó cómo jugué. Por supuesto que en ese momento era el cuarto bate y siempre estuve a la altura. Entonces les gusté y así me llamaron al Cinco Estrellas.
¿Fue natural tu disposición al juego? ¿Necesitaste entrenadores como Argelio Córdova, Tony Castaño, Enrique Jacoby...?, ¿cómo fue?
Bueno, esto ya nació en mí, que era muy natural al batear y todo eso. Pero había muchos que más o menos le daban muy bien a la bola y que por supuesto no eran segundos (de nadie), eran parejos en ese entonces...
Eso significa que había un sistema de puntajes para optar a ser buenos. ¿Cómo los evaluaban?, ¿cómo los calificaban?
Sí había scouts internos que iban al Estadio, cuadros de pueblo o de barrio, como les llamamos en Nicaragua, y llevaban un calificador. Llegaban a tomar nota de los juegos. Iban recopilando, recopilando, hasta llegar al momento en que se armaba el campeonato, y si teníamos los resultados era por eso, por el desempeño como bateador y también como fildeador. Entonces eso influía mucho para que lo llamaran a la Selección a uno.
¿Cuándo fue que te llamaron?
En 1968.
¿Ya entonces eras miembro del Cinco Estrellas?
No, no era del Cinco Estrellas, sino que en el 68 hubo una liga que se llamó “Paco Soriano”. Ahí hicieron una liga... un señor Fernández. Carlos García miró que no funcionaba bien, entonces terminó un año y luego vino él y montó el Campeonato de Primera División. Era el año 1969.

“Por amor lo hacíamos”

¿Ya desde entonces participás en la Selección Nacional?
Exactamente.
¿Y era la pelota aficionada? ¿Cómo te inspirabas para ser un jugador de primera?
Era buenísimo... Nosotros no teníamos aquel interés de que nos ofrecieran (hace señal de dinero con los dedos). Lo que interesaba más bien era defender lo que uno llevaba en el pecho, que decía “tal cosa”, ya sea Bóer, Cinco Estrellas o Nicaragua, que era lo más interesante para uno. Pero económicamente no. Jugaba uno por amor.

Contra la invencible Cuba

¿En qué campeonatos internacionales participaste? Además de Nicaragua Amiga 72, en el 70 creo que hubo un torneo centroamericano. Contanos de esa experiencia.
Bueno, eso me hace recordar cuando yo crecí. Porque además de que era regular, no estoy hablando de los muchos que había, pero sí era uno de los regulares. Entonces yo recuerdo que cuando fuimos, en una Selección, recuerdo que en 1970 a Guatemala ---que Edwin debe saber, si revisa él sus récords, sus archivos--, yo di un jonrón cuando salí de emergente contra Panamá, y ganamos el campeonato.
De ahí para allá, ¿en qué otros campeonatos mundiales o en qué otros juegos internacionales participaste?
Bueno, ahí estamos hablando de varios campeonatos internacionales, como son los torneos de la Amistad, los Juegos Panamericanos en Panamá, los que se hicieron en Cali, en 1971. Además, los torneos de la Amistad en Estados Unidos, y luego el que correspondió a Nicaragua. Y fui también a la gira a Europa, en 1972, cuando fuimos a Holanda, donde quedamos en muy buen lugar.
Y en Italia, ¿cómo estuvo el juego con Cuba?
Bueno, no le ganamos, fue un juego muy importante, porque Nicaragua, no sé en cuántos años, no le había ganado, ni siquiera habíamos empatado con ellos, que tienen el béisbol más completo que he visto en el amateurismo. Pero les pudimos empatar.
A mí me dice (Tony) Castaño, que también andaba con nosotros, --para mí, que en paz descanse, fue uno de los mejores entrenadores que ha habido en Nicaragua--: “Este corneto es el número uno que puede salir a batear en vez de Calixto Vargas”. Y aquí estamos hablando de un excelente, extraordinario jugador que admiro.
Castaño nos introdujo, él nos enseñó, bueno, nos hizo crecer. Entonces, Castaño, que apoyaba a Argelio Córdova, decía: “¡Va!, que salga el corneto”. Y me hacía señas (hace un gesto con los brazos como paréntesis para decir corneto). Ya sabíamos que era yo.
Entonces yo me preparaba mentalmente, porque hasta teníamos sicólogos, teníamos todo tipo de cosas en la Selección. Entonces yo salía a batear y por eso respondía. Luego, cuando me sacaron a batear, conecté el jonrón contra Cuba en Italia. Y allí me colé en la selección del 72.

Una mirada para el béisbol del siglo XXI

¿Cómo mirás el béisbol en Nicaragua hoy? Honestamente. Sabemos que vivís en Costa Rica, que has hecho tu vida allá, pero también sabemos que de una u otra forma le has dado seguimiento al béisbol. ¿Cómo lo ves vos?
Bueno, para serte franco, si comparamos el béisbol de antes, todo el mundo va a decir: “Bueno, éste pasó de moda”. No. Nosotros no nos hemos muerto, todavía vemos las cosas. Yo digo que el béisbol de Nicaragua, ahorita, lo que está horriblemente es lo económico. Entonces, si a vos no te pagan, no jugás bien. Esas son las diferencias por las cuales yo critico a la gente. El jugador no puede ser bueno. Va a ser bueno si le pagan, pero si no te pagan, no rendís lo que vos tenés que hacer o defender... el lugar donde dice: (señala el pecho) Bóer o Cinco Estrellas.
Entonces, yo me baso en eso. El jugador está ahorita muy por debajo del tiempo mío.
Germán Jiménez cuando se cuadraba en el plato ¿en qué pensaba?, ¿en la casa, los problemas o tenías tu vida resuelta?
No, yo creo que es conforme con la etapa de cada uno. Digamos, cuando vos estás en un lugar en el que vos querés sobresalir, tenés que entregarte mental y físicamente. A vos te mandan a hacer esto, tenés que hacerlo al ciento por ciento. Si vos vas pensando que tenés una persona por ahí, un asunto... No. Tenés que ir pensando ciento por ciento en lo que vas a hacer. Por eso es que se sobresale en la vida.
Cuando Germán se paraba ahí, ¿a quién enfocaba, a quien tenía enfrente? ¿Pensaba en el público, la barra, en qué?
Yo iba contra el pitcher, contra el lanzador. Sabemos que estaba un carajo, José Antonio Huelga, de la Selección de Cuba, que en paz descanse. A él le ofrecieron millones de dólares para ir a las Grandes Ligas y él no quiso. Entonces, a ese fue que yo le di un jonrón. Entonces digo yo, ¿quién tiene más mérito, el bateador o el pitcher? Yo pienso que en ese momento lo tuve yo. Era Huelga. Digo yo, si este carajo me poncha, tiene razón de ir a las Grandes Ligas. No podía ser en ese momento más que él y yo. Y tenía que ir sobre él... hacer lo imposible por darle un batazo.
Cuando estabas con el Cinco Estrella, ¿a qué te dedicabas?
Bueno, yo entré al Banco Nacional, del cual me alegro porque me enseñó muchas cosas. Estudié, porque me dieron la oportunidad. Eran cortos, pero sí que los aproveché tanto que me sirvieron. Eran materias de contabilidad, mecanografía... La gente siempre me apreciaba. Yo trabajé hasta 1984. Ya después no quería estar ahí porque me pagaban poco.

Un recuerdo para Nicaragua

Cuando un árbitro tomaba una mala decisión en el campo o había un problema entre compañeros, ¿vos también te irritabas o mantenías la calma? Con un mal strike cantado, por ejemplo, ¿qué sucedía?
Es una buena pregunta, porque me llena de emoción. Si alguna vez le llegaras a preguntar a Calixto Vargas quién era el jugador más culto, más caballeroso, era yo. Porque nunca protesté. Más bien me ponía a reír. Si a un árbitro le tocaba decir que ya estaba ponchado o me cantaba el último strike, yo encantado, me iba riendo al dogout. Porque sabía que el del dogout decía: “No, este maje...&$%”. Yo no, yo me iba contento, aunque la bola picara ahí (señala el piso) en el home, yo me iba contento. No podía decir nada. No me sentía mal.
Si tuvieras que decir algo a los nicaragüenses ahora mismo, en esta entrevista, ¿qué te gustaría enfatizar, recalcar?
Yo siento que el nicaragüense me recuerda así, con cariño, ¡y vieras cómo me llena de emoción cuando recuerdo esas cositas! De que sí, el fanático me quería. Yo siento que cien por ciento el fanático me quería, porque me lo demostraba. Me lo demostraba inmensamente porque sabía que era una persona muy justa, muy caballerosa. Y recuerdo a mi familia, a mi padre, que en paz descanse, quien más me alababa. Y eso, digamos... el fanático era lo último. A mí el fanático me hacía sentir bien.

Créditos

Esta entrevista fue hecha sobre la base de una serie de preguntas que el licenciado Edwin Sánchez, del Departamento de Redacción de EL NUEVO DIARIO, nos pidió hacerle a esta historia viviente, don Germán Jiménez.
Bueno, yo tengo que agradecerles también porque fue una invitación extraordinaria. Y yo veo que en esta familia están unidos. Yo les agradezco realmente lo que han hecho por mí, sobre todo que yo no esperaba esto.