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Las secuelas de Félix mantienen vivo sufrimiento indígena

El ciclón, que arrasó con la mayoría de las rudimentarias casas del lugar, acabó también con las siembras y no ha dejado más que hambre y enfermedad a su paso

Un mes después del paso del huracán Félix, el sufrimiento no cesa entre los indígenas miskitos y mayagnas que habitan la recóndita comunidad La Esperanza, al norte del municipio de Waspam, fronterizo con Honduras.
El llanto de niños de pies descalzos, y barrigas abultadas por el hambre y las lombrices ha sustituido al rugir de los vientos que devastaron esta región con velocidades superiores a los 260 kilómetros por hora.
El ciclón, que arrasó con la mayoría de las rudimentarias casas del lugar, acabó también con las siembras y no ha dejado más que hambre y enfermedad a su paso, según se constató durante una gira por la región capitaneada por la organización no gubernamental Oxfam Internacional.
El difícil viaje a La Esperanza, un lugar pantanoso situado en El Llano de Waspam y sobre la ribera del río Wawa, que discurre desde Puerto Cabezas, la capital del Caribe norte de Nicaragua, hasta las selvas de Bosawas, uno de los pulmones del mundo, lleva cerca de 24 horas, combinando avión y automóvil de doble tracción.
No comen desde hace días
En esa remota comunidad, a la que ni siquiera llegan los servicios públicos de luz eléctrica, agua o de teléfono, y a la que solo se accede por caminos pantanosos, habitan cerca de mil 700 personas.
Los cuatro hijos de Juliana Lampsom, una indígena miskita de 38 años, lloran sin consuelo mientras su madre explica, con un español rudimentario, que sus niños de entre los 5 y 12 años hace días que no comen. Desde hace semanas su alimentación consiste solo en frutas caídas de los árboles.

Antes de que "Félix" azotara la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), donde tocó tierra con toda su furia el 4 de septiembre pasado, Juliana Lampsom alimentaba a sus pequeños con arroz, maíz, tubérculos, bananos y frutas que recolectaba de sus propios cultivos.
En Waspam, uno de ocho municipios de la RAAN, de los más pobres del país y de 9 mil 300 kilómetros cuadrados de extensión, los indígenas utilizaban sus cosechas para consumo y como intercambio con otras comunidades vecinas.
Desde hace un mes no tienen nada y se quejan de que los pocos alimentos que reciben no son suficientes. Sánchez Cruz, también miskito, de 43 años, oriundo de la comunidad Santa Clara, vecina a La Esperanza, tiene nueve hijos y junto a su esposa integra una familia de 11 personas.
Sin cosecha, el indígena protesta de la mala distribución de la ayuda alimenticia, porque su numerosa familia recibe igual ración que otras con menos miembros. "Tenemos que aguantar hambre o ir a buscar al bosque filipitas (bananos), frutas o agua de coco cuando se acaba la comida", explicó.
Aquí no hay tiendas, ni comercio, ni otra fuente de abastecimiento de alimentos que no sea la propia tierra.
No se puede vivir de la generosidad
Carmen Zamora, una mayagna de 65 años, dijo que "sin comida, la gente va a morir", aunque admitió que "no todo el tiempo se va a vivir de la generosidad". Sentada en la acera de la iglesia Morava de Santa Clara y vestida con ropa que ha recibido desde el Pacífico, la mujer, que también perdió su cosecha, consideró que se debería apostar a la reactivación de la producción agrícola local, más que a la ayuda.

Humberto Lacayo, pastor de las Iglesias de Dios de la comunidad La Esperanza, manifiesta que, además, de la ayuda alimenticia, las víctimas del huracán necesitan granos básicos y herramientas de labranza para comenzar a sembrar.
"Si la semilla llega ahora y se puede sembrar, a los seis meses puede haber ya algo que comer, pero si llega muy tarde va a ser muy difícil", razonó.
Según cifras oficiales, en las 108 comunidades de Waspam, un municipio ubicado sobre la ribera del Río Coco que comparten Nicaragua y Honduras, el huracán arrasó con 9.300 hectáreas de arroz, 4.600 hectáreas de maíz y otras centenas de tubérculos, frutas y "filipitas", un banano muy popular en esta región,
El coordinador de la emergencia en Waspam, Ramiro Cifuentes, dijo a Efe que desde la mesa de la producción se va a presentar una propuesta a las autoridades gubernamentales que consiste en entregar semillas a 11.643 productores locales.
La idea, apuntó, es entregarles unos 9 mil quintales (de 45,4 kilos) de semillas de arroz, 6 mil quintales de fríjoles y 4 mil quintales de maíz.
De hallarse recursos para financiar esa propuesta, los indígenas de Waspam podrían comenzar a sembrar a finales de octubre o principios de noviembre y obtener sus cosechas en el primer trimestre del próximo año, calculó Germán Quezada, responsable del programa humanitario de Oxfam Internacional.
De lo contrario, agregó el ejecutivo de la agencia internacional no gubernamental con presencia en la zona, el paso del huracán será apenas la "punta del iceberg" de un desastre con daños incalculables para Nicaragua.