Nacional

Alma de artista en las alas del folklore


Edgard Barberena

Fue la primera mujer a quien don Elías Palacios le enseñó a tocar marimba. Es la de mayor experiencia en la formación de bailarines de danza, ha recopilado sones que estaban diseminados por el país y ha ganado los primeros lugares en la presentación del baile de los agüizotes.
Este personaje es Haydée Palacios, quien dirige un ballet folklórico de casi 60 integrantes y lleva más de 40 años de bregar en la cultura.
Nacida en Masaya y gemela con un varón, doña Haydee es hija del abogado Dagoberto Palacios Ruiz y la maestra Haydée Vivas de Palacios.
“Uno ya nace artista y después se va desarrollando con el entorno, como el que Masaya tiene, de ritmo y colorido”, nos dice Haydée.
Herencia de la familia
En la escuela normal, tanto en primaria y secundaria, Haydée participaba en todas las veladas darianas, los bailes tradicionales de las calles y “salía a ver las tardeadas de toros que se hacían detrás de la iglesia de San Jerónimo, y que emocionaban los chicheros”, relata.
Haydée se comenzó a destacarse en la danza desde que tenía diez años, con los bailes representativos de Masaya, y una vez graduada de maestra, en 1966, se casa y se viene a vivir a Managua para dedicarse a enseñar, promover y difundir el fol-klore, “sobre todo el folklore de los sones de marimba, los sones de cachos y todo lo que tocan los músicos tradicionales”, expresa.
“Sentía la necesidad de trasladar a mis alumnos todos los conocimientos que tenía acumulados, y desde entonces he formado generaciones de bailarines”, comenta algo emocionada. La primera condecoración la recibió en la escuela República de España, de la vieja Managua, que dirigía la doctora Flor García Quintero.
El movimiento cultural lo inicia con los niños de la primaria en la escuela “Rubén Darío” de la vieja Managua en 1966. Después decide trasladarse a la experiencia de trabajar con sordos, y así formó y fundó el primer grupo de sordos en educación especial en Nicaragua en los años 80. Representó a Nicaragua en Honduras con la Asociación de Sordos, con la que viajó por Centroamérica.
Le enseñó a los sordos --una vez que aprendió la técnica de comunicación por señas-- a bailar y hacer los cambios de ritmos y coreografía.
También ha contribuido en el rescate de danzas que estaban en extinción y que sólo se conocían a nivel de algunas ciudades, como el baile de los agüizotes, el baile de las pastorelas de Navidad, el baile de los promesantes de San Jerónimo, que se venían perdiendo y sólo se proyectaban en las calles.
Con el baile de los agüizotes ganó en 1986 los primeros tres lugares en diversos certámenes porque revolucionó todo el trabajo folklórico. “Las muchachas no querían bailar en los grupos porque tenían que ir bien pintadas, y los agüizotes es lo contrario, porque tienen que usar máscaras artesanales de brujas, diablos, ceguas, y conjugar toda una tradición con respeto y con la misma música que ellos hacen. Todos los años en octubre salen los agüizoteros en la ciudad”, recuerda.
Los agüizotes son los personajes de la mitología folclórica nacional: el padre sin cabeza, la novia muerta, la vieja del monte, etc. Y “toda esta mitología la plasmo en mi baile de danza, recupero música tradicional de los sones de cachos que estaban por extinguirse, y me coloco en los primeros lugares del trabajo artístico de los años 80”, cuenta Palacios.
Recuerda Haydée que estaba Leoncio Sáenz de jurado, así como connotados personajes de las artes plásticas y la danza, y “competí con los mejores grupos de danza que en la actualidad existen, como el que dirige la profesora Blanca Guardado, Ronald Abud y el grupo de Alejandro Cuadra, que en paz descanse”.
¿Por qué el ballet llevó otro nombre?
Antes de la década de los 80, y específicamente en 1979, había una joven que se llamaba Ruth Palacios, que era miembro del ballet y bailaba en el grupo que representaba al “Ramírez Goyena”. A Ruth y, un hermano suyo los asesinó la guardia somocista después que la llegaron a sacar de su casa creyendo que era del movimiento insurrecional del Goyena. Ella era la responsable de la Cruz Roja para atender a los heridos en el “Ramírez Goyena”.
“Por eso nosotros (en el ballet) decidimos llevar el nombre de Ruth Palacios por muchos años, y como había una dualidad de apellidos, porque yo también soy Palacios, unos decían que era mi hermana (Ruth), otros preguntaban quién era. Esto provocó que el ballet se reuniera y decidiera que el grupo llevara mi nombre, porque soy la fundadora de este grupo que ahora tiene un gran prestigio nacional e internacional”, rememora.
Haydée está clara de que siempre existen las envidias entre los grupos, y “a mí me tachan de muy indigenista, que el folklore lo bailo muy tradicional y debo salirme de ese marco. La conciencia que tengo como nicaragüense y representante de la patria no me hace cambiar de mentalidad, y por eso conservo los bailes descalzos, como el de las inditas, o con caites; no le pongo jamás accesorios ajenos al folklore, sí lo embellezco, pero respetando totalmente todo su contenido, que aún está vigente”, externó tajante.

Su preparación
Haydée hizo cursos de Antropología Cultural en México para ampliar sus conocimientos con los recursos humanos con los que trabaja y sus casi 60 bailarines. Estudió en Venezuela y Colombia cómo aplicar el folklore en el sistema educativo del país, y dirigió por algún tiempo el Departamento de Folklore del Ministerio de Educación.
Ha sido formadora de proyectos culturales para niños en el Teatro “Rubén Darío”; impulsó las funciones didácticas en el teatro para que los jóvenes de las escuelas no vean sólo a través de las bibliografías y la televisión el hecho en sí del que se está hablando, sino que lo perciba en el teatro a un costo módico de 20 córdobas.
En Moscú estudió coreografía y durante un mes admiró todos los grupos folclóricos de la antigua Unión Soviética. La principal pregunta que le hizo al folclorista del ballet de mayor prestigio en esa nación fue cómo hacía para sustituir a los bailarines cuando llegaban a los 30 ó 40 años de edad.
El folclorista le dijo que eso era muy fácil, “ellos tenían que verse en el espejo”, por lo que los que iban saliendo pasaban a ser supervisores de coreografía, entrenadores de estilo, y se quedaban dentro del ballet. Este sistema Haydée lo mantiene. El consejo de dirección de su ballet está compuesto por jóvenes que tienen 26 años de bailar, y todos son profesionales.
Una estudió zootecnia, pero se dedica a la danza, el otro es un alto funcionario de la Contraloría General de la República, el doctor Luis Rodríguez, quien es el sustituto de Haydée en el manejo del grupo. El licenciado Carlos Aguilar, responsable del área de fumigación del Minsa, es el vestuarista, y Patricia Ruiz, que lleva proyectos sociales en el barrio “Jorge Dimitrov”, es la bailarina principal. Ella está en el ballet desde que tenía diez años de edad.
De los fundadores del ballet ya no hay ninguno, y los que han quedado desde hace 26 años sólo son cuatro. Después hay un elenco nuevo que se está reforzando; hay jóvenes con diez años de experiencia que se están preparando, y en la medida que van creciendo van sustituyendo a los más viejos dentro del ballet.

Menciones que ha ganado en su vida
La primera mención obtenida es la formación que tuvo, “la mejor medalla que tengo es haber contribuido y seguir contribuyendo en la formación de jóvenes a través del aprendizaje, porque hago conciencia en ellos que lo nuestro es ante todo lo mejor, porque es Nicaragua, porque es nuestra patria”, narra enfática.
Sobre los estigmas, Haydée dijo que hay concepciones de que si un joven participa en el Baile de Negras, “hay algunos que creen que es homosexual, porque son hombres que bailan vestidos de mujer”. Este fenómeno cultural existe en toda América Latina, ya que Haydée investigó una región en Colombia que se llama Guabianos, donde hombres usan faldas arrolladas y muchos collares, pero bailan hombre con hombre. Este baile representa una peste que enfrentó un poblado colombiano, donde a los hombres casi se les mueren todas sus esposas por la fiebre amarilla.
“Me llamó la atención que la danza que estaban bailando con metales y pitos se llama Los Novios, y nosotros en Nicaragua lo tenemos en son de marimba, lo que es una característica universal del folklore, pero que tiene muchas diferencias entre ambas naciones, y por eso respeto todo lo que es la hechura mexicana, la imagen de Panamá, Honduras, porque nosotros no tenemos el mismo vestuario, pero tenemos características muy similares”, reseña.
Recibió su primer galardón de oro de la Asociación Representativa de Artistas de Nicaragua de manos de Lolita Soriano. En los años 80 recibió la Orden Cultural “Rubén Darío”, y cuando se la iban a entregar “nunca me preguntaron si era sandinista, nunca me hicieron a un lado (en la década de los 80), porque yo trabajo por la cultura con el mismo ahínco con que comencé”, recuerda Palacios.
Durante el gobierno de Violeta Chamorro recibió la Orden a la Excelencia Artística. Con el gobierno de Arnoldo Alemán la Orden a la Excelencia Artística por 30 años de enseñar folklore y danza, y con el señor Enrique Bolaños un reconocimiento “por mi labor por tanto tiempo en la enseñanza”.
Para Haydée no hay color partidario “en mi trabajo, yo considero que el artista se debe a todo el público. En la actualidad soy criticada porque recibí la visita de vecinos (del Consejo del Poder Ciudadano) para que los apoyara en la cultura, y les dije que sí, que los voy a apoyar, pero les solicité que no me pusieran membrete. El único membrete que tengo es el azul y blanco de Nicaragua, y es por lo que yo trabajo”, dijo categórica.
Entrar a la residencia de doña Haydée es como visitar un “templo” del folklore, porque por todos lados se ven vestidos, atuendos y todo tipo de accesorios que utiliza en las diversas danzas.