Nacional

Isolda y un homenaje a Lizandro Chávez

* Ocupa la Silla “R” de Rubén, de la máxima institución del idioma

Edwin Sánchez

Si usted sigue las huellas de Isolda Rodríguez para ver hasta dónde hoy ha llegado, su rastro deja variados manuales de estudio sobre el castellano, cuentos, ensayos de crítica literaria e historia de la educación.
Al seguir esas pistas, casi nadie podrá dudar que el paradero natural de la escritora debe ser la Academia Nicaragüense de la Lengua, a la que, hace poco, fue incorporada como Académica de Número.
En noviembre del año pasado, la directiva de la máxima institución de nuestro idioma aceptó su ingreso por unanimidad, al tomar en consideración su magnífica labor como catedrática universitaria en la enseñanza del Español y la Literatura.
Los académicos reconocieron también sus valiosos aportes a la crítica literaria y su obra creativa.
El acto fue presidido por el doctor Jorge Eduardo Arellano, Presidente; Carlos Tünnerman, Vicepresidente; Francisco Arellano Oviedo; Secretario y Julio Valle-Castillo, quien respondió a la recipiendaria.
Reconocimiento a Lizandro Chávez Alfaro
La nueva académica disertó sobre la primera novela del escritor Lizandro Chávez Alfaro, “Trágame Tierra”, destacando la desacralización de la historia en la obra. Elegir a este autor constituyó un homenaje al fundador de la narrativa contemporánea, que se dio a conocer a comienzos de los años 60 del siglo pasado con “Los Monos de San Telmo”, obra emblemática que le dio al país el primer premio literario internacional de consideración, el “Casa de Las Américas”, de La Habana.
El doctor Arellano señaló que ingresó a la Academia, “una mujer, esta vez vinculada al conocimiento del idioma desde la universidad, autora de varios cursos de lengua española; y una maestra que ha ejercido la crítica, centrada principalmente en los discursos narrativos y asimilando las teorías modernas”.
La “R” de Rubén
Por su parte, el poeta Julio Valle-Castillo destacó los méritos del discurso de la nueva académica, enfatizando en el acierto del manejo metodológico de análisis en la primigenia novela del autor caribeño.
Asimismo, estimó de acertada la distinción que Isolda tributaba con su ensayo a Chávez Alfaro, lo que aprovechó para decir que la Academia se sumaba al reconocimiento del finado escritor.
La nueva académica pasó a ocupar la silla “R”, por lo que ella leyó un elogio a esa letra, en un recorrido por la literatura española y nicaragüense, cuyos poetas la llevan en su nombre, sin faltar Rubén Darío:
“R en el nombre del padre de la literatura nicaragüense, Rubén, cuyo nombre nos llega resonando de aliteraciones, música y paranomasias, como en los versos: “el verso sutil que pasa o se posa/ sobre la mujer o sobre la rosa, verso puede ser/ o ser mariposa”, donde el fonema /r/ aporta el ritmo y la musicalidad”, ilustró Isolda.
La nueva integrante se comprometió a contribuir con sus conocimientos y experiencias a dar su mejor aporte a la Academia Nicaragüense de la Lengua.