Nacional

Excusas, lamentos y mea culpa de buseros

*** Queda claro que muchas muertes se pudieran evitar si no fuera porque hay una pelea feroz por demostrar quién es el dueño de las calles

Valeria Imhof

A una guerra declarada entre buseros por ganar pasajeros, al estado calamitoso de las calles de Managua, a la falta de regulación del Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua (Irtramma) y al caos vehicular que reina en la capital le atribuyeron los transportistas los accidentes de tránsito donde han resultado involucradas varias unidades.
En los últimos días, los accidentes en el transporte urbano y en el interurbano se han convertido en una epidemia, dejando el triste saldo de personas gravemente heridas y lesionadas.
Los dirigentes de la cooperativa “Parrales Vallejos” no dudan en responsabilizar a las autoridades municipales de este problema, al no poner en cintura a un sinnúmero de buses que invaden rutas ajenas, provocando pleitos entre los mismos conductores y carreras incontrolables para subir más usuarios.
Del otro lado, dos conductores entrevistados por EL NUEVO DIARIO tienen opiniones divergentes sobre las causas que están provocando estos accidentes.
Entregan buses a jóvenes sin experiencia
Mientras el conductor de la ruta 168, Erling Acosta, dice que corren contra reloj, José Ramón Matamoros, un conductor con 40 años de experiencia, señala que el problema reside en que entregan los buses a jóvenes sin experiencia.
“El problema es que tenemos que cumplir un horario y las calles de Managua no están acondicionadas para el montón de vehículos. Los semáforos están largos y la Policía en vez de regular más bien atrasa”, argumenta Acosta, de 30 años y con 14 de conducir una unidad de transporte.
En el caso de Acosta, tiene una hora y 11 minutos para recorrer desde Lomas de Guadalupe hasta la UNAN, de lo contrario debe pagar una multa de diez córdobas por cada minuto retrasado, y si son más minutos, el castigo es de quince días de sanción.
“Nosotros peleamos de Villa Libertad hasta el Oriental con la 116, del Oriental competimos con la 111, luego de nuevo con la 116 y luego con una 103; el problema es que hay ruta sobre ruta y con los semáforos, los desvíos y las calles rotas nos atrasamos”, dice.
El conductor señala que la Policía de Tránsito no debería darles a personas jóvenes la categoría profesional, y tampoco las cooperativas deberían poner a conducir a chavalos.
“A una persona joven ‘le pica’ por correr, muchos ayudantes ahora son choferes y quieren hacer lo mismo que nosotros, pero ellos vienen de primas a primera”, expresa.
Matamoros asegura que sólo ha tenido dos accidentes leves. “¡Ni quiera Dios!”, contesta cuando se le pregunta si alguna vez estuvo involucrado en un accidente grave.
Él puede ser uno de los pocos conductores con un récord casi impecable, pero tiene la receta: clases de manejo estrictas y dominio del volante.
“La Policía ha tenido mucha culpa al entregarle licencias a chavalos inexpertos, que son los que han estado enredados en estos accidentes”, dice.
Matamoros no cree que el horario que les imponen los patrones les perjudique.
“Si ellos (conductores) no respetan ese horario, tienen que andar como locos porque el horario está ajustado a la velocidad que tenemos que ir, que es a 25 kilómetros por hora”, indica.
Transportistas se defienden
Gonzalo García, de la Comisión Disciplinaria de la cooperativa “Parrales Vallejos”, dice que el alcalde Dionisio Marenco nunca pudo reordenar el transporte y atribuyó estos accidentes a la invasión de rutas de buses que llegan desde otros municipios, como Tipitapa.
Pero incluso afirma que se justifica que los buseros anden “matando gente en la calle”, porque “yo como dueño, si usted no me trae dinero, yo lo corro al día siguiente”.
Además justifica que los buseros se tiren el alto porque “hay más carros, más vehículos, pero además “les ponen un tiempo limitado”.
“Todo esto se resume en una sola palabra: reordenamiento total del transporte colectivo, porque con eso se disminuirán los accidentes y el Irtramma no regula ni desregula”, se queja.
Juan Reyes, Presidente de la Junta de Vigilancia de la cooperativa “Parrales Vallejos”, agrega que estos accidentes son “fortuitos”, porque nadie sale a la calle a matar.
“Nosotros registramos 16 accidentes menores, correspondientes a cinco rutas en un mes”, indica Reyes, quien dice que en el caso de su cooperativa le dan seguimiento al desempeño de los conductores.
“Nosotros estamos controlados por una estructura que se llama Comité de Operaciones, el que ve el mantenimiento de las unidades y la operatividad en las calles. Hemos puesto el orden en nuestra casa y eso es responsabilidad de cada cooperativa”, dice.
Los dirigentes incluso mostraron su propio reglamento interno, que señala que aquel conductor que sea visto por una autoridad tirándose la luz roja será sancionado cinco días la primera vez, quince días la segunda y si es reincidente será retirado de la ruta.
Por su parte, Néstor Urbina, Presidente de la Cooperativa Unión Esfuerzo y Paz (Coounepas), que opera la ruta 169, involucrada recientemente en el accidente de tránsito donde resultaron diez personas lesionadas, pide perdón a los usuarios por el daño causado.
“Yo me disculpo ante la población porque no somos asesinos ni queremos matar a nadie”, expresa.
Urbina reconoce la culpabilidad del chofer, pero dice que la visibilidad en el lugar del accidente es bien precaria. “Las calles están saturadas por el índice de vehículos en la ciudad. No hay bahías en algunos trechos donde el bus pueda detenerse y eso está causando accidentes y atrasos”, argumenta.