Nacional

Patriotas que no deben quedar en el olvido


Para las nuevas generaciones, es importante conocer todo lo que costó a tantas juventudes nicaragüenses y pro hombres salir de la odiosa dictadura familiar de los Somoza. Masacres, cárceles, bozal contra los medios de comunicación, exilio y represión, eran parte del lenguaje de esos años. Conquistar la democracia significó el martirologio en algunos casos, y el ser objeto de vejámenes y persecuciones en otros. Ellos demostraron que amaban más al país que la tranquilidad de quien no se mete en nada. Aquí, el protagonismo de algunos de esos nobles patriotas, modelos de ciudadanos ejemplares

Jesús “Chuno” Miguel Blandón
El doctor Enoc Aguado Farfán. Ex Vicepresidente de la República. Ex Presidente de la Corte Suprema de Justicia y candidato por el PLI, ganador de las elecciones presidenciales de 1947, fue un opositor vertical a quien los Somoza nunca pudieron comprar ni doblegar.
Aguado, a pesar de sus 72 años, sabe que la única manera de derrocar a Somoza es por la vía armada. Por eso, cuando su ahijado Edwin Castro le dice que va para El Salvador, le pide que se contacte con los exiliados, sobre todo con el ex teniente Guillermo Duarte, coordinador del movimiento 4 de Abril, dentro de la Guardia.
Aguado lo insta a averiguar cómo van los preparativos del movimiento revolucionario que se gesta en la capital salvadoreña.
Sin el respaldo de Aguado, los exiliados jamás le hubieran entregado la confianza que le dieron a Edwin Castro, ni encomendado la delicada tarea que cumplió.
Edwin le trae una carta a Aguado. Éste la lee y la quema. Luego, Edwin le dice que Alfaro quiere que hable con el Dr. Lacayo.

Otro pro hombre
Dr. Enrique Lacayo Farfán. Máximo líder de la oposición nacional. Heredero político de Aguado. Hombre honrado y valiente. Tenía la casa por cárcel y había salido de la prisión por enfermedad. Acababa de presenciar la masacre de abril, por la cual fue brutalmente reprimido.
Sin embargo, cuando lo visita su sobrino Pablo Dubón Pereira, estudiante que va con su compañero Clemente Guido hacia El Salvador, le encarga que se entreviste con el exiliado Joaquín Cortés, “con quien estuvo entrenando la noche del 3 de abril, en la Quinta La California”.
O sea, que Lacayo Farfán no sólo se preparaba militarmente para entrar en acción si el movimiento del 54 prosperaba, sino que, todavía prisionero y enfermo, envía un mensaje al exilio de que la única esperanza son ellos, y le encarga a Dubón que vea también a Noel Bermúdez y a Adolfo Alfaro, y que les diga “que tal vez puedan hacer algo similar al 4 de abril, pero mejor organizado.”
Lacayo Farfán no se ha dado por vencido y más bien se ha radicalizado en la lucha. Él conocía todo lo relativo al atentado y lo apoyaba. Por eso fue el hombre a quien los Somoza hicieron más daño. Ni siquiera muerto le permitieron regresar al país, afirma el Dr. Virgilio Godoy.
A Aguado lo dejaron casi ciego y a Lacayo Farfán inutilizado físicamente para sacarlo del juego político. Se fuga a Costa Rica y es el comandante supremo de las fuerzas de Olama y Mollejones tres años después.

Edwin Castro Rodríguez. Hijo de uno de los fundadores del PLI, el general Carlos Castro Wassmer, precandidato a jefe de la Guardia Nacional y jefe de la Guardia Presidencial de Juan Bautista Sacasa, precandidato a la Presidencia de la República por el PLI, en 1947.
Su apoyo a López Pérez fue vital, convenciendo a sus correligionarios como Emilio Borge, Benjamín Robelo, Hernán Argüello, etc., quienes dieron su solidaridad para la acción que se preparaba.

El PLI: una organización subversiva
Al rechazar de manera sistemática las curules parlamentarias y demás prebendas que ofrecía Somoza a la oposición, el PLI fue inclinándose, paulatinamente hacia la línea confrontativa y abriéndole paso a la opción armada.
Ejemplo: cuando en vísperas del 22 de enero de 1967, se reúne el PLI en casa del Dr. Rodolfo Abaunza Salinas, en León, y deciden armarse para participar en la manifestación antidinástica.
Ese proceso de radicalización comienza con el fraude electoral de 1947 y se fortalece con el asesinato del mártir universitario Uriel Sotomayor, en 1948. De esta manera, el PLI se convirtió en un partido de transición hacia lo que sería el FSLN.
Carlos Fonseca, el fundador del FSLN, tuvo en cuenta dos antecedentes históricos, además de la lucha de Sandino:
l) El Partido Socialista nicaragüense. De él tomó su relación con el campo socialista, su concepción científica de la historia y del universo y su vinculación con la clase obrero-campesina.
2) El Partido Liberal Independiente. De él tomó su honestidad política, su martirologio y espíritu de sacrificio y su experiencia conspirativa y guerrillera.
El Dr. Álvaro Ramírez González afirma que, cuando se preparaba la expedición de El Chaparral, la organización que tenía experiencia clandestina era el PLI.
El PLI y el FSLN con frecuencia coincidieron.
Ejemplo: Tomás Borge apoyó al candidato presidencial del PLI, en 1947; Carlos Fonseca organizó un homenaje al líder radical del PLI, Dr. Enrique Espinoza Sotomayor, en los años 50, en Matagalpa.
Con frecuencia, militantes del PLI fueron connotados colaboradores del Frente, como Don Erasmo Montoya, Fanor Rodríguez Osorio, Juan Bonnerman, Jorge Praslín y Celestino Reyes, en Matagalpa.
Otras veces el PLI sirvió de pantalla a sandinistas como Sócrates Flores, Adán Ramos, Oscar Aragón Valdés y Constantino Pereira, en León y Managua, para encubrir actividades conspirativas.
En 1964, Carlos Fonseca, mientras estaba prisionero, rechazó a varios abogados de otros partidos, pero aceptó gustoso que lo defendiera el Dr. Juan Manuel Gutiérrez, uno de los pro-hombres del PLI.
Afirma el comandante Jaime Wheelock, que Carlos Fonseca tenía presente el nombre del Dr. Enrique Espinosa Sotomayor para formar una Junta de Gobierno.
Carlos Fonseca mantuvo una estrecha y fraterna relación con Adán Selva y Manuel Díaz Sotelo, periodistas del PLI.
Esta vinculación del PLI con el FSLN se mantuvo hasta 1984, cuando se separaron de forma definitiva.

Nuevamente la UNAP
Muy distinta es la actitud de los jóvenes de la Unión de Acción Popular (UNAP), que ahora han adoptado el nombre de Frente de Defensa de la República, quienes, fuertemente influidos por la religión, condenan la violencia y se pronuncian por las vías cívicas para enfrentar a Somoza. Se niegan a ayudar a Edwin y a Rigoberto.
Sin embargo, Francisco Frixione, uno de sus miembros, les da dinero a Rigoberto y a Edwin, y también contactos para realizar su misión
En abril del 56, Chico Frixione viaja a San Salvador, y Alfaro llega a visitarlo a la pensión Royal Home, donde se hospedaba. Alfaro le dice a Frixione que todos los nicaragüenses son unos pendejos, incapaces de botar al gobierno somocista y que sólo los exiliados tienen los huevos bien puestos para terminar con el dictador y sus compinches.
En otra reunión con Frixione, Alfaro le dice que tiene un movimiento eficaz y audaz, y que, de ser posible, él mismo terminará con la vida de Somoza. Le dice que el hombre que lo visitó en Managua está de nuevo allá, haciendo contactos, incluso, con altos militares, a quienes Alfaro mantiene bajo control, entre los que menciona al coronel Gaitán (La saga de los Somoza, p. 375).