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RAAN: ¿Será posible convertirla en una región mejor?


Las estadísticas oficiales dicen que el golpe del huracán “Félix” que azotó la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), el pasado 4 de septiembre, es mucho más severo de lo que se podría esperar: más de 160 mil personas afectadas de un total de 300 mil habitantes, así como el 90 por ciento de los medios de ingresos de la zona, el 95 por ciento de la infraestructura doméstica y comercial, el 99 por ciento de los cultivos y muchos otros daños más.
Antes del fenómeno, la RAAN y la RAAS tenían entre sus 17 municipios a 12 de los ubicados entre los que padecen mayor pobreza extrema en el país, según la encuesta de nivel de vida del Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos de 2001.
De acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano 2005: ¿Nicaragua asume su identidad?, presentado en 2006 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el índice de desarrollo humano de la RAAN se ubicaba en 0.466, muy lejos del 1.0 que significa el máximo valor en la escala de medición del índice de desarrollo humano.
El 79 por ciento de su población se clasificaba como pobre y el 43.7 por ciento en extrema pobreza. Incluso, de los siete municipios de la RAAN, tres estaban ubicados en el mapa de la pobreza del Plan Nacional de Desarrollo como los más pobres (Waspam, Siuna y Prinzapolka).
Si antes del golpe del desastre natural, la RAAN era una de las dos zonas más pobres del país, junto a su par del sur, la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), ambas ocupando el 52 por ciento del territorio nacional, cabe preguntarse ahora tras el golpe del huracán: ¿Seguirá siendo más pobre la zona o servirá el fenómeno como una lección para sacar adelante a este territorio históricamente olvidado?
Para el analista social Mauricio Zúñiga, Director del Ipade, hay varias alternativas que el Estado, la comunidad de las regiones autónomas, la sociedad civil y los medios de comunicación, deben impulsar para convertir la RAAN en una zona menos vulnerable, y más independiente y autónoma en su futuro.
Una oportunidad en el desastre
La RAAN está asentada, de forma natural, en la ruta de los huracanes, de cara al Mar Caribe, y, por ende, está en peligro eterno. ¿Qué debe hacerse ante la fatalidad de vivir bajo amenazas de desastres?
“La zona ha estado olvidada históricamente por la clase política del país. Con el huracán, aparte de la obligatoria tarea de reconstrucción, el gobierno, el Estado, debería ver en este desastre una oportunidad para cambiar el destino de pobreza que llevaba esta zona, el cual, aunque todos ya lo conocíamos, fue desnudado y mostrado en su peor etapa con el huracán”, advierte Zúñiga.
“Cuando digo que debería ser una oportunidad, es una oportunidad para poner la agenda de la Costa Caribe en la agenda del nuevo gobierno, me refiero a que por lo general, la atención a los desastres se hace precisamente con la óptica temporal, de aliviar los efectos del desastre de inmediato, pero sin pensar en el futuro, es decir, pan de hoy, hambre para mañana”, opina.
Primero los caminos
Para el analista, el gobierno debe coordinar una agenda con la cooperación internacional, y con participación nacional, que cambie el nivel de inversión pública con estas regiones. Eso significaría, a su juicio, comenzar con una vía de comunicaciones terrestres con estas regiones.
“Eso es algo que nunca se ha logrado, nunca se han hecho las inversiones estratégicas en las regiones autónomas, a excepción del aeropuerto, y más con sentido militar que social; no existe un puente permanente sobre el río Wawa, que es el que une las minas con Puerto Cabezas, y eso frena el proceso de desarrollo e incluso vuelve lento el proceso de cooperación y ayuda, porque el envío de ayuda terrestre a Puerto Cabezas pasa precisamente por ese río, al que sólo lo une con la ruta del Pacífico una barcaza, un lanchón que mueve dos o tres vehículos de un extremo al otro”, explica Zúñiga.
“La primera tarea es integrar con vías de comunicación sólidas a la RAAN con el Pacífico. El tema clave de un gobierno que lucha por los pobres, debería ser unir al país con una de las más importantes regiones del país en recursos mineros, pesqueros, maderables y otros por su naturaleza y recursos biológicos”, plantea el analista.
Actualmente a Bilwi, cabecera municipal de Puerto Cabezas, en la RAAN, se llega vía aérea todo el tiempo. El camino de asfalto y adoquín de Managua llega hasta el municipio de Río Blanco, Matagalpa. De ahí a Bilwi hay más de 300 kilómetros que se llevan por caminos de tierra y algunas reparaciones rústicas. La mayor parte del tiempo, principalmente en invierno, los caminos se vuelven intransitables.
Después del camino, la infraestructura
El huracán “Félix” demostró lo endeble que son las edificaciones tradicionales de la RAAN ante los embates de los huracanes.
Para Zúñiga, una vez determinado el daño dejado por el paso del huracán, se debe iniciar a reconstruir y construir edificios públicos con una doble función: servir al Estado para las funciones propias de la administración pública, y, al mismo tiempo, modificarlos, ampliarlos o prepararlos con zonas destinadas a servir de refugios seguros.
“Cada escuela, cada oficina, cada universidad y cada hospital, debe tener desde ya, diseñado un espacio seguro para refugio ante desastres”, propone el analista.
Según el director del Ipade, en el futuro los huracanes y tormentas tropicales no van a desaparecer, sino que por el contrario, van a seguir aumentando su fuerza por el deterioro ambiental del planeta, como se ha comprobado científicamente, por lo cual dice que es urgente cambiar los patrones de construcción en las zonas vulnerables.
“Seguir construyendo con madera, techos de zinc clavados con tachuelas de hierro, sin control, será volver a esperar lo mismo ante otro huracán. Si ya vieron que la mayoría de las casas quedaron sin techo, hay que investigar por qué y mejorar eso, no se puede seguir construyendo tradicionalmente en una zona donde seguirán llegando huracanes”, señala.
“El cambio no significa desarraigar a la gente de sus costumbres de construcción de tambo, sino mejorarlas, en vez de tambos de madera, de cemento, y en vez de techos de paja y de zinc, de otro material más resistente y mejor clavado a la estructura principal de la casa”, propone.
Priorizar la zona
¿De qué va vivir una región que ha perdido el 90 por ciento de su ya endeble capacidad económica?
Para Zúñiga, debe hacerse un plan para priorizar económicamente la RAAN, aun a costa de la inversión en el Pacífico.
“Si hay que afectar el plan de inversión pública a Managua o el Pacífico, que se haga, así se coadyuvan ambas regiones: la RAAN, porque la gente no tendría que emigrar al Pacífico a mejorar sus niveles de vida, y el Pacífico porque la emigración rural sobrepasa los niveles de atención social básica”, plantea el analista, quien insiste en que el desastre dejado por “Félix” es una oportunidad para colocar de una vez por todas, la agenda de la Costa Caribe y sus comunidades, en primer plano nacional.
“No hay energía eléctrica, no hay agua potable, no hay caminos ni infraestructura que permitan a la gente de estas poblaciones, gozar de la inversión pública que el país hace en todas las regiones. ¿Para qué un hospital si no hay energía ni agua potable ni vías de acceso seguras para llevar y trasladar pacientes? Lo que se debe hacer es que se construya la infraestructura primero, y después se va a invertir en otros aspectos de atención social”, aconseja el observador social.
Incentivar una cultura de prevención
A los cuatro días de ocurrido el desastre del huracán, el presidente Daniel Ortega explicaba que muchos de los daños ocurridos a personas era porque habían desoído los llamados de alerta, y que en parte era una reacción natural, porque antes había habido alertas que no pasaron a más por efectos de la Divina Providencia.
Lo contrario ocurrió esta vez: a pesar de los llamados de alerta, una gran parte de la población no reaccionó o reaccionó muy tarde.
Para el analista social Zúñiga, se debe incentivar una cultura de prevención en la RAAN para evitar daños como los ocasionados por el huracán “Félix”.
“Por mucho que se envíen mensajes de alarma a la población, si la gente no está preparada para atender los mensajes, no habrá resultados efectivos para prevenir los efectos dañinos de los desastres naturales”, dice.
“El gobierno, la sociedad civil, los medios, las escuelas, todos debemos trabajar para que la población asuma la cultura de prevención, explicarles que los llamados de emergencia son importantes, que los huracanes matan y destruyen, y que es más valiosa la vida humana que el producto económico o la inversión misma. Ya vimos que a pesar de que ellos viven en zonas altamente vulnerables, a la población se le avisó que debía evacuar, pero muchísimos hicieron caso omiso, y ahí están los resultados mortales: más de cien muertos y muchos desaparecidos, la mayoría porque obviaron el llamado de atención de las autoridades”, advierte el experto en temas sociales.
Cañas de pescar, no pescados
Los informes oficiales indican que los principales medios de producción de la RAAN fueron severamente afectados por el golpe del huracán.
Para Mauricio Zúñiga, Director del Ipade, la primera tarea, en este sentido, es rehabilitar los medios tradicionales de producción e incentivar nuevos medios alternativos de generación de ingresos.
El 98 por ciento de los siembros y cultivos tradicionales de la región fueron arrasados por el huracán, por eso hay riesgos de hambruna y carencias en estas comunidades. El 30 por ciento de la población vive de la siembra; el resto, de la pesca, de los servicios y del comercio, según el estudio del PNUD sobre las dos regiones autónomas del país.
“En estos momentos es vital un plan contingente de llevar alimentos a estas comunidades, ya que no tienen alimentos ni opciones de producción, pero una vez pasada la crisis de la emergencia, es necesario impulsar un plan contingente para decenas de miles de personas, con planes de alimentación inmediata, pero acompañados de planes de semillas y de técnicas de producción que protejan al medio ambiente, para rehabilitar la parte productiva y proteger la parte ecológica del impacto humano y de los desastres naturales”, señaló Zúñiga, para quien, definitivamente, el desastre ocurrido en la zona es una buena oportunidad para lograr lo que no se ha alcanzado en los últimos 50 años: sacar a la región de la pobreza.