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A juicio uno de los mayores asesinos en serie

* Era conocido como “El Ajedrecista”, porque se había propuesto matar a tantas personas como casillas tiene el tablero del juego ciencia * Empezó eliminando a un compañero de curso y asegura que en realidad pensaba mandar al otro mundo a más personas * Particularmente cruel, a los primeros los atacó a martillazos y luego ideó clavarles en el cráneo un palo o una botella

Moscú / EL PAÍS
Con la formación del jurado comenzó el jueves el juicio contra Alexandr Pichushkin, el asesino en serie que asegura haber matado a 62 personas. La Fiscalía no ha podido encontrar todos los cadáveres de las víctimas de Pichushkin, por lo que será juzgado por sólo 49 asesinatos y tres intentos fallidos. En algunos medios ha recibido el apoyo de “El Ajedrecista’, ya que solía poner un papel y encima de él una moneda por cada asesinato que cometía.
Cuando fue capturado, sólo faltaban dos casilleros por completar. Pero como confesó el mismo Pichuskin --que, por cierto, no juega ajedrez sino damas-- es falso que se hubiera detenido al llenar el tablero. “Está bien que me hayáis detenido, yo nunca habría dejado de asesinar, hubiera matado a unas cuantas decenas de personas más”, declaró este ruso que asegura haber superado las “hazañas” de su compatriota Andréi Chikatilo, quien fue fusilado en 1994 por haber cometido 52 asesinatos.
Pichushkin cometió su primer crimen en 1992, cuando mató a un ex compañero de curso. Lo hizo simplemente para experimentar lo que se siente al asesinar. Después de eso, el asesino en serie que vivía en su interior estuvo madurando nueve largos años y afloró sólo en 2001, cuando comenzó a matar periódicamente en el parque de Bitza de Moscú.
Normalmente eran personas de edad, y en su mayoría hombres aficionados a la bebida. Los invitaba al parque a beber, y allí les daba un martillazo en la cabeza y los echaba a un pozo de la canalización. Al menos tres personas lograron sobrevivir: una mujer, un adolescente y un vecino. La mujer decidió no delatarlo, el muchacho trató de hacerlo pero nadie le creyó, y el último --un vecino del edificio donde Pichushkin vivía-- simplemente quedó inválido y no recuerda nada.
Después de esos fracasos Pichushkin cambió su estilo y empezó a clavar en el cráneo de las víctimas un palo o una botella. Antes había probado matar con una pistola, pero después del segundo crimen decidió que ese método no le gustaba y volvió a los martillazos. Le agradaba ver la agonía de las personas, explica