Nacional

“No estábamos preparados para semejante desastre”

* Una casa sepultó a tres niños, 20 mujeres enterradas en Honduras sin que las vieran sus deudos, y la muerte de un reverendo

Valeria Imhof

El pueblo miskito aún no cree lo que vivió la madrugada del pasado cuatro de septiembre. Sólo saben que un poderoso viento les arrebató a sus seres queridos, y esperan que ese mar embravecido se los devuelva vivos o muertos.
Los menos afectados apenas logran sobreponerse intentando levantar sus casas nuevamente y buscando entre los escombros lo poco que les queda.
Otros recuerdan cómo, durante días, se aferraron a la vida flotando en el mar, ayudados de bidones de combustible o de pedazos de madera, y viendo cómo morían lentamente sus amigos tragados por las aguas profundas del Caribe.
“Para ellos todavía es un sueño”, dice la superintendenta de la Iglesia Morava en Nicaragua, Cora Antonio, mientras explica que es la primera vez que los miskitos tienen que enfrentarse a este desastre, pues esta vez el pronóstico de que un huracán impactaría directamente sobre la RAAN se cumplió.
El día antes que Félix entrara a Nicaragua, la reverenda Antonio se encontraba celebrando los cien años de la Iglesia Morava en el río Coco.
A las cuatro de la mañana fue avisada por el líder indígena Stedman Fagoth, de que un huracán se dirigía hacia la RAAN, por lo que inmediatamente salió para Puerto Cabezas.
No estaban preparados
“Cuando llegué me di cuenta de que no estábamos preparados. Más del 70 por ciento de las comunidades no esperaba que el huracán fuera a pegar de esta manera. Muchos pobladores me dijeron que escucharon en la radio que era alerta amarilla, hasta que a la noche se avisó que era alerta roja, entonces la mayor parte no fueron informados, y prueba de eso es que ahí están los muertos”, se lamenta Cora desde su casa ubicada en la Iglesia Morava Central de Bilwi.
“Aun cuando comenzamos a buscar un centro de refugio, no estábamos seguros, porque estos centros no prestaban las condiciones, y cuando vimos que el techo y el muro se nos estaban cayendo, comenzamos a ir a otro lugar”, señala.
Casa mató a tres hermanitos
En la comunidad de Sangni Laya una casa se desplomó, matando a tres hermanitos. La mamá de los niños narró que cuando vinieron los vientos la viga de la vivienda se cayó y mató a sus hijos.
“Yo considero que estos tres niños murieron en esa humilde casa porque no tuvieron información o no hubo quién los socorriera para poder llevarlos a un centro de refugio”, comenta Cora.
Señala que lo más doloroso fue el entierro de 20 mujeres en la comunidad de Raya, en Honduras, sin que las pudieran ver sus deudos.
“Para la cultura miskita ver a sus muertos enterrados es una satisfacción, pero saberlos desaparecidos y no saber dónde están, es una tragedia infinita.
“Todos los pastores me han recibido con lágrimas porque me dicen que les ha tocado enterrar a nuestros muertos, y hay familias enteras que lloran porque tienen hasta cinco miembros desaparecidos”, dice la reverenda, y es aquí cuando hace una pausa y llora.
De luto
En la Iglesia Morava el luto es aún más grande por la pérdida del reverendo Frutos Padilla, quien durante treinta años estuvo al servicio de las comunidades miskitas llevando una palabra de aliento a los jóvenes que habían caído en las drogas.
El religioso murió en la comunidad de Dákura, junto a su nieto, cuando el techo de su vivienda no soportó la furia de Félix y cayó sobre ellos.
El reverendo fue enterrado junto a tres personas. Según miembros de la comunidad, el religioso murió orando, mientras pedía clemencia ante la tempestad.
La mayoría de los muertos o desaparecidos pertenecían a la Iglesia Morava, y ahí es donde acude la mayor parte de los damnificados.
“Al pueblo miskito les digo que no reciban esto como un castigo de Dios, y que traten de entender que somos un país empobrecido, porque lo primero que escucho en todas las comunidades es que nos merecemos esto porque los jóvenes estaban metidos en las drogas”, expresa Cora.
Pide unidad
Dice que la Iglesia Morava está tratando de acompañar el dolor de las familias, pero señala que lo importante es que todos: gobiernos, sociedad civil y los organismos no gubernamentales se unan más allá de los colores políticos.
“Lo que pido es que la solidaridad no sea de emoción, sino una solidaridad continua, porque generalmente cuando hay un desastre se aprovecha para recibir fondos, pero el apoyo no llega a las comunidades”.
Cora advierte que si la gente no recibe agua y alimentación adecuada, habrá más muertos.
“Los alimentos están llegando, pero no como debe de ser, porque seis libras de comida por familia no son suficientes para una comunidad entera, donde muchas familias dicen que no fueron censadas todavía”.