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Hubo Cayos Mískitos

* Como un bosque que las llamas hubieran devorado, los pilares de lo que fueron casas, una base militar y hasta un hotel recién construido es lo único que queda * Pescadores y sus familias se trasladaban en épocas propicias, y ese mar que por siglos les dio la vida, terminó tragándose a una buena parte de ellos * En tierra, sobre todo en Bilwi, siguen esperando que algún milagro le devuelva a sus deudos desaparecidos

Valeria Imhof

CAYOS MÍSKITOS
Al acercarnos se observa como si fuera un bosque arrasado por las llamas donde sólo quedan unos pocos árboles y la sensación de escuchar desde las profundidades de las aguas los gritos de los muertos.
Más allá, sólo quedan los pilares de madera de lo que alguna vez fueron casas temporales de los pescadores, una base militar y un pequeño hotel que acababa de construirse.
Todo es tierra arrasada por el huracán Félix. Es ahí donde el poderoso ciclón pasó con toda la furia, sin piedad, y sin que ninguna fuerza sobrehumana pudiera detenerlo. Y se ensañó con los más vulnerables: humildes personas que sobreviven de la pesca y llegan ahí por temporadas para acopiar la langosta, el producto por excelencia de estas tierras.
Se trasladaban por seis meses
En los Cayos Mískitos los pescadores vivían hasta seis meses durante el tiempo de pesca. Familias enteras se trasladaban con todos sus enseres domésticos, e incluso existían pulperías que abastecían a la población, calculada en 14 mil habitantes en todo el archipiélago. Ese mismo mar que por siglos le dio vida se los tragó como si se tratara de una deuda con la naturaleza.
“Prácticamente era un barrio construido en el agua, donde los pescadores acopiaban langostas y luego intercambiaban por víveres”, relata Omar Hernández, teniente de navío de la Fuerza Naval, quien nos acompaña en el viaje hacia los Cayos.
Ésta es la última búsqueda de los cadáveres dejados por Félix, ya que luego de ocho días de sucedido el ciclón, ya no es posible encontrar nada.
Aun así, las personas continúan esperando en el muelle de Bilwi, ubicado a 70 millas del archipiélago, a sus familiares desaparecidos. Una de ellas es Saya Levy Jarquín, quien desde hace seis días espera encontrar a su hermano Kenth Levy Jarquín.
El día del huracán, Kenth navegaba en un velero junto a tres pescadores. Dos de ellos sobrevivieron, y la información que le dieron a Saya es que su hermano quedó, junto a otro compañero, a la deriva en alta mar.
El joven era de Tuapí y se dedicaba a la pesca de langosta con nasas. Saya aún abriga la esperanza de encontrarlo.
“¿Ustedes vienen del mar?”, pregunta, para saber si hemos visto “algo”, en referencia a sobrevivientes o muertos que podrían estar flotando en el mar.
Casi a punto de regresar a Bilwi, un hombre a bordo de un barco pesquero hace señas a los oficiales de la Naval. Es para avisar que vio dos cadáveres en el sector de Cabo Gracias a Dios.
El teniente Hernández anota las coordenadas en un papel y le avisa que dos lanchas rápidas salieron a ese sector a las cuatro de la mañana a buscar más víctimas.
No quisieron salir
Hernández calcula que había unas 60 viviendas en los Cayos. Según él, la noche antes se logró evacuar a una gran cantidad de personas, pero otros decidieron quedarse para cuidar sus pertenencias.
“Había acopios, y como tenían mucha plata invertida no quisieron abandonar el lugar; otros evacuaron a la familia, pero se quedaron cuidando los recursos porque pensaron que sólo se trataba de mal tiempo”, narra.
La incomunicación con los pescadores que abandonaron los cayos unos días antes de que Félix impactara también imposibilitó el aviso. “Había gente que había salido a pescar muy lejos, y fue imposible informarle”, señala.
En los Cayos Maras la percepción de la muerte es peor. Ahí se encontró la mayoría de los cadáveres que fueron rescatados, unos 30 hasta el momento.
La historia que cuentan los ancianos en Bilwi es que en el pasado los Cayos eran referencia en la navegación, sobre todo en el comercio con las islas de Gran Caimán y Jamaica.
Estos Cayos eran el refugio de los pescadores en tiempos de tempestades, pero al final se convirtieron en una trampa mortal, dejando una estela de dolor y luto.
En 1991, el Estado declaró esta zona como “Reserva Biológica Marina Cayos Mískitos y Franja Costera Inmediata”, a través del decreto número 43-91.
En 1994 se renombró esta área como “Reserva de la Biosfera de las Comunidades”.