Nacional

Rescate por aire

* Cinco pescadores tuvieron la suerte de que su barco fue empujado a unos manglares de los Cayos Miskitos, y fueron rescatados por una nave de la Fuerza Aérea.

Al tercer día del golpe del huracán “Félix”, un helicóptero de la Fuerza Aérea del Ejército, con un equipo de rescate del Grupo de Operaciones Especiales Aéreas a bordo, alzaba vuelo de la pista de aterrizaje de Bilwi, rumbo a lo que queda de los Cayos Miskitos.
Un equipo de EL NUEVO DIARIO los acompañó en la misión de reconocimiento aéreo y rescate. A menos de 25 minutos de sobrevolar las extensas aguas turquesas del Caribe se divisó la destrucción que el huracán “Félix” causó en los islotes, donde los árboles estaban quebrados por la mitad y los cocoteros tumbados por todos lados sobre restos de maderas, láminas de zinc y ropas enlodadas.
Uno de los observadores nota entre una mancha blanca entre un manglar alejado y la nave se dirige hacia el sitio donde poco a poco se va aclarando la imagen de un barco varado entre la maleza devastada del lugar.
La nave gira sobre el sitio y allá abajo se ve a cinco hombres pegando gritos y haciendo señas con las manos. La máquina se “estaciona” bastante bajo sobre el barco, el escuadrón de rescate lanza cuerdas asidas al fuselaje del helicóptero y los sargentos Segundo Rolando Urbina y el sargento tercero Luis Rocha se lanzan al agua con salvavidas y bridas, y nadan hasta el barco.
Una vez ahí, enganchan uno a uno a los pescadores a las cuerdas y las van subiendo, hasta que todos están arriba, sanos y seguros rumbo al hospital de Bilwi.
Los rescatados por el vuelo del helicóptero se identifican: Orbel Grandman, Abel Mora Talavera, Murphy Grandman, Norlan Castellón y Norwin Grandman. Narran que tenían tres días de estar ahí, sin alimentos ni agua. Que el huracán los agarró pescando en alta mar y que 10 hombres, de los quince que iban a bordo, se lanzaron al agua cuando las olas amenazaban con volcar el barco.
Aunque eran expertos nadadores e iban con chalecos salvavidas, neumáticos y cuerdas con señales luminosas, se perdieron en la oscurana del agua y nadie sabe de ellos. El barco finalmente fue arrastrado hasta unos manglares donde fondeó para suerte de sus cinco tripulantes.
Abel Mora dice que horas antes de que llegara el helicóptero, a uno de los sobrevivientes le dio un ataque de nervios y cayó desmayado, porque pensaba que iba a morir. “Parece que le entró el mal de Grisis Sikni”, dice Mora.
Otro de ellos, que bebe a sorbos una botella de agua ya sobre el piso de la nave aérea, cuenta que dos horas antes de que ellos escaparan, un bote lleno de mujeres que viajaban de Bilwi a los Cayos a servir sexualmente a los pescadores --que pasan hasta tres meses en alta mar--, zarpó rumbo a Sandy Bay.
“Yo creo que esas (mujeres) se ahogaron, porque la panga iba llena y era más pequeña que este barco”, razona Mora antes de cerrar los ojos y recostarse sobre una banqueta del helicóptero que ya va de vuelta a la derruida ciudad de Bilwi.