Nacional

Gobernador atónito ante tanta desgracia


Valeria Imhof

El gobernador de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), Reynaldo Francis Watson, conversa con dos líderes miskitos que llegaron desde la comunidad de Sandy Bay a darle la fatídica noticia: el huracán arrasó con todo y allí ya no hay nada.
Francis, quien también es miskito, los escucha compungido mientras el síndico del Consejo de Ancianos le dice que necesitan ayuda y que muchos pobladores de esa comunidad no encuentran a sus familiares.

La tragedia de los Cayos
El reverendo de la Iglesia Morava de Sandy Bay, Felton Allen, da al gobernador cifras espeluznantes: “En los Cayos murieron más de cien personas, entre hombres y mujeres, desaparecieron 17 veleros y cuatro pangas”.
Hasta ese momento todavía no se conocía la cifra exacta de muertos, pero la tragedia recién comenzaba.
“Nadie estaba preparado para esto”, dijo Francis Wattson, en su oficina del Consejo Regional. A esa hora Bilwi ya era un pueblo arrasado con decenas de árboles arrancados de raíz, la mitad de las casas sin techo y sin agua ni energía eléctrica.
Un día antes el catastrófico huracán Félix, como lo había calificado el Centro Nacional de Huracanes (CNH), había tocado suelo nicaragüense con la máxima categoría de intensidad en la escala Saffir-Simpson: la número 5.

No creían
Esa noche el cielo se veía gris en Puerto Cabezas como un presagio de que el meteoro se acercaba. Pero mucha gente no creía, por lo que prefirió quedarse en sus casas.
La gente recordaba el huracán Beta que venía a Puerto Cabezas pero al final impactó en la desembocadura de río Grande, en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS). Igual que Fifí en 1974, que afectó Cabo Gracias a Dios, y Joan, que devastó Bluefields en 1988.
“La gente pensó que no era cierto que el huracán venía y los medios aquí decían que había bajado de categoría y que ‘podían dormir tranquilos’”, relató el gobernador.
En horas de la mañana del lunes el Gobierno Regional decretó alerta amarilla, alerta verde por la tarde y a las once de la noche alerta roja, pero la gente se negaba a dejar sus viviendas.
“No dejamos la casa porque los ladrones van a saquear lo poquito que tenemos”, comentó Hernando José Webster, dueño de una pulpería en el barrio Jerusalén.
Bilwi es una ciudad de casas mayoritariamente de tambo, construidas de madera sobre pilares de piedra y en condiciones precarias. Sin embargo, los albergues, donde fue trasladada la población, también colapsaron.
A la Iglesia Ebenezer, ubicada en el barrio Alemán de la ciudad donde se refugiaron unas 150 personas, se le desplomó el techo.
“El techo cayó encima de nosotros, había niños, bebés y ancianos. Tratamos como capearnos hasta que nos quedamos bajo la tempestad”, narró Juan Scott, pastor de la iglesia.

Infraestructuras destruidas
El 90 por ciento del sistema de energía eléctrica fue totalmente destruido debido a que los árboles cayeron encima de los cables y los postes fueron arrancados por los fuertes vientos.
“Prácticamente el total de las líneas primarias de energía colapsaron”, informó Evenor Zaballos Wilson, coordinador regional del INE, quien esperaba unas diez cuadrillas de Managua para reestablecer el sistema de energético en la ciudad.
Sin embargo, a pesar de la furia destructora con que el meteoro entró a territorio nicaragüense con 260 kilómetros por hora pudo haber sido peor.
“Si el huracán se hubiera estacionado, Puerto Cabezas hubiera desaparecido por completo, porque nuestras viviendas no es posible que aguanten estos vientos”, sostuvo el gobernador.
Melendes Mitchell Mck Klean, un pescador de Puerto Cabezas, no dejaba de observar el parque central de Bilwi, convertido en un cementerio de árboles caídos.
“Todo esto es muy triste”, decía Melendes Mitchell. “Nunca habíamos visto tanta desgracia”, repetía.
Al otro lado de la ciudad, a orilla de la costa, la familia Waldemar Ramos se lamentaba por la destrucción de su vivienda. Cuando el viento comenzó a soplar duro, ellos se refugiaron en una iglesia, pero al regresar no encontraron más que escombros.

Sin capacidad
Luego del paso de Félix, comenzaron los señalamientos: la Fuerza Naval no llegó a tiempo a los Cayos a recoger a las personas que hoy se encuentran desaparecidas o muertas.
Según el gobernador, la Fuerza Naval no tiene capacidad porque carece de combustible, medios y personal.
“Aquí lo que hay es una capitanía de puerto con dos lanchitas. La Fuerza Naval está en el sur, y de ahí no se ha aparecido nadie, por eso desde hace años venimos peleando por una Fuerza Naval con todas las condiciones”.