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Falleció Pavarotti, el de la voz divina

* Nunca pudo leer una partitura y alguna vez dijo “no soy músico”, pero en verdad pareciera que desde siglos atrás los grandes músicos escribieron para que sus obras salieran por su voz

EL PAÍS

Una cosa puede decirse con seguridad sobre Luciano Pavarotti: su voz fue la más bella, la más impresionante que se recuerda desde que hay memoria cierta de la historia de la ópera, es decir, desde los albores del disco.
Pavarotti se rindió al cáncer ayer a los 71 años. Italia y el mundo lo lloran y se espera un funeral multitudinario.
Ni Caruso, ni Schipa, ni los sucesivos Pertile, Gigli, Lauri Volpi, Tucker, Björling, Del Monaco, Kraus, Di Stefano, Corelli, Vickers, Bergonzi, Carreras o Domingo han dispuesto de un instrumento capaz de producir una emoción comparable a la que suscita la primera audición del hombre fallecido en Módena.
Sólo el catalán Jaime Aragall se le aproximó, quizás, en algún momento. Pero esto no quiere decir que Pavarotti haya sido el mejor tenor de todos los tiempos, ya que, en cuanto a interpretación, le aventajaron muchas veces otros que ni siquiera han sido citados.
'Consciente de que la voz era un don divino, sí lo he sido, pero de que yo tuviera ese don, menos', declaró el propio cantante en una entrevista con El País Semanal, hace 10 años. Y añadía: 'Mi voz ama mucho a Donizetti y bastante a Bellini, pero yo, personalmente, prefiero a Verdi'.

Siglo y medio atrás escribieron para él
La voz de Pavarotti ha sido única por su blandura excepcional, por su maleabilidad, por el brillo natural que le imprimía un cantante dotado de una facilidad innata para la expresión lírica. Se diría que Donizetti y Bellini compusieron para un tenor ideal que no llegaría hasta siglo y medio más tarde. De hecho, el Arturo de I Puritani y el Tonio de La fille du Regiment destacan entre sus papeles indiscutibles.

“Yo no soy músico”, dijo una vez
Su participación en Tosca, en diciembre de 1996, inaugurando la temporada del San Carlos de Nápoles, una de sus últimas apariciones en el escenario, se saldó, sin embargo, con un rotundo éxito. 'Superficial' es el reproche más frecuente de los críticos hacia un tenor capaz, en ocasiones, de desplegar su bellísima voz para musitar apenas una partitura como quien repasa con desgana algo aprendido por obligación. 'Yo no soy músico; no puedo profundizar. No soy como Domingo, que dirige la orquesta de vez en cuando', dijo en una vez, cansado de estos comentarios.
La verdad es que Pavarotti terminó su carrera sin poder leer una partitura. El tenor más admirado, el gigante bonachón que se engalanaba con pañoletas de colores, desde el punto de vista musical era analfabeto. Lo mismo que Mirella Freni, la gran Mimí con la que compartió media carrera y una infancia de privaciones en la Fábrica de Tabacos de Módena, donde se empleaban sus respectivas madres.