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El diario perdido de Tanja, la guerrillera

* Hace cinco años decidió luchar porque no podía quedarse descansando en “la basura del capitalismo” * Ahora, en memorias prohibidas y olvidadas durante una huida, exterioriza su desencanto, critica privilegios de jefes…y pone en riesgo su vida

La Haya / EL PAÍS

Ellen es el apodo de una licenciada holandesa en español, Tanja Nijmeijer, de 29 años, que lleva cinco luchando del lado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El pasado 18 de julio, su oculta existencia dio un vuelco al ser atacado su campamento por el Ejército regular.
Sin tiempo apenas para vestirse, escapó con sus camaradas dejando atrás dos huellas relevantes: el ordenador del comandante rebelde Carlos Antonio Lozada y su propio diario íntimo. El primero contenía información sobre las futuras acciones de los paramilitares. La relación de la vida llevada por Ellen, que un día del año 2002 lo dejó todo para combatir la pobreza y que vive en exilio voluntario, devuelve la imagen de una chica desencantada con la lucha armada, y muy crítica con sus jefes.
Recogida por el diario colombiano El Tiempo, la historia de Ellen conmueve por la franqueza con que expresa sus dudas acerca de su situación actual. Por la intensidad de unos deseos tan sencillos en otro tiempo, como tomarse un café en la estación de ferrocarril de Amsterdam y abordar después el tren.
Y, en especial, por la necesidad de calor familiar y de comprensión por parte de los suyos, a los que dice “querer por encima de todo”. Para el lector anónimo, este diario, escrito en inglés, holandés y español, desvela en parte la vida secreta de los miembros de las FARC.

Desacato al llevar diario
En su caso, el escondite estaba en el centro de Colombia, cerca de la localidad de Uribe. Para sus compañeros, y en particular sus jefes, es distinto. Llevar un diario está prohibido porque sus confidencias pueden poner en peligro al grupo. Si además la autora juzga a sus superiores, o se permite expresar dudas acerca del sentido mismo de la lucha, hasta la vida de Ellen puede correr peligro.
Pero vayamos por partes. Como todos los diarios, el de la guerrillera holandesa brinda varias lecturas. Algunos pasajes podrían calificarse de puramente bélicos, como el intento frustrado de derribo de un helicóptero del Ejército colombiano. “Llevamos tres días escondidos aguardando y el helicóptero no quiere sobrevolar esta zona. Maldición, ¿cuánto más tendremos que esperar?”
Otras notas, con los guerrilleros de protagonistas, reflejan el férreo control ideológico ejercido por los comandantes. “Ha llegado una chica con grandes senos”, escribe Ellen el 22 de noviembre de 2006. “Le ha gustado mucho al jefe, pero como le ha contagiado una gonorrea ahora dice que la envió el Gobierno para desestabilizarnos”.
En otras páginas el relato cambia de tono y se vuelve intimista, doliente, incluso. “A veces me despierto llorando y con la misma pregunta: ¿habría sido más feliz quedándome en Holanda. Dando clases, traduciendo y trabajando para la universidad. Casada y con hijos?”. Una incógnita que parece resolver por sí misma al decir que “la jungla es mi casa”.
Tanja Nijmeijer se graduó en Filología Española en la universidad de Groningen (al norte de Holanda). Entre 2000 y 2001 estuvo trabajando en zonas pobres de Colombia y entró en contacto con las FARC durante una visita organizada por jóvenes europeos que querían conocer la práctica del marxismo leninismo.
Todos regresaron a sus casas, excepto Ellen, quien estaba dispuesta a “hacer algo más que descansar sobre la basura dejada por nuestro capitalismo”. Pasado un tiempo fue a visitarla su madre, que trató de convencerla en vano de que abandonara la selva. Sin embargo, el 24 de noviembre de 2006, después de apuntar que había criticado los privilegios de sus jefes, la chica escribe algo tan ingenuo como revelador. “Estoy harta. Ya no aguanto más a las FARC, su gente ni esta forma de vida”.
Hace tres años, la madre alertó a la embajada holandesa en Bogotá y la Cruz Roja colombiana trató de localizarla. Si no es castigada con excesiva dureza por sus mandos, tal vez la inesperada publicidad dada al diario le ayude a buscar una salida.