Nacional

“Hago poesía y también creo un bosque”


Edwin Sánchez

Se introduce en la porqueriza y la seguimos. Habla de un chancho rotundo, inmenso, que reposa casi al mediodía. “Campeón” no le hace caso al calor ni a los elogios que la sonriente dama le hace a su grandeza. Tal vez le molestan como las moscas a nosotros. Me pregunté: ¿Qué hace una poeta en este ambiente nada lírico?
Pero Ninfa Farrach es una contestación constituida de mujer que se salió de los moldes del artista urbano: delicado y construido a punta de poses. Ella es más auténtica. Lo mismo se entusiasma cuando nos habla de su poesía como de la intención de ocupar una piedra lanzada por el volcán Santiago en su última erupción, como lienzo para una pintura.
Ocupa esas mismas manos que un día toman un bolígrafo para escribir unos versos mientras va camino al trabajo o el lápiz para trazar un boceto, o bien como la mañana cuando la vimos en su “paraíso” local: tomar el machete para limpiar “una burra” de monte.
Ninfa Farrach se vino a vivir definitivamente a la finca ubicada cerca del poblado de Veracruz, desde 2002. “Es mi pequeño paraíso”, dice en referencia a la propiedad de 3.6 manzanas.
Poesía y pintura
Hace muchos años, cuando todavía era una niña, su padre era el propietario de una gran finca, pero estaba hipotecada, y aunque pagó una parte, al final le subastaron la propiedad. Ahora, por lo que llama “azares del destino”, adquirió estas manzanas de parte de Gilberto Cuadra Solórzano.
“Siento que al estar viviendo acá, recobré algo”. Calendarios atrás, Ninfa escribió unos poemas que hablaban de la mujer entre los bosques y de veras, cumple al pie de la letra su hermoso nombre tan invocado por Rubén. “Me sentí mujer árbol, mujer tierra, y sentía que volvía a mis raíces. Aunque no vivía en este lugar hace varios años, sentí que siempre me perteneció: la naturaleza, la tierra. Soy una mujer muy natural, que ama y le gusta ser amada. Me gusta mucho la soledad, el silencio sólo que roto por el canto de los pájaros, el sonido de las hojas; me gusta ver el azul del cielo, el verde de los montes, me gustan los garrobos y los cusucos y hasta las culebras, aquí los encuentro y los he defendido”.
Desbordada
El ambiente, aunque ahora recuperándose para distinguirse en medio de la zona pelada, con clima de volcán, le ha facilitado su creatividad. Se sienta en una gran piedra y nos recita tres poemas, incluido “Azul desnudo”. “Mi vena poética creo que se ha desbordado tanto en la pintura como en la poesía”.
¿Podemos hablar de la poesía en la pintura?
Cuando empecé a pintar lo hice porque la poesía quería prolongarse en algo más. Quería que la gente viera lo que escribía, entonces me lancé a la pintura, a la imagen, como una extensión de la poesía. Ahora, cuando pinto siento que no es suficiente y recurro a la poesía. Puede ser que pinte cuadros poéticos y escriba poemas pictóricos. Trato de hacer esa mezcla.
¿Cuándo haces el primer poema y qué te da a conocer?
Fue cuando murió Pablo Neruda. Estaba en La Prensa Literaria, y Rosario Murillo --que en ese tiempo trabajaba con Pedro Joaquín Chamorro--, le dio la noticia a Pablo Antonio Cuadra. Él entraba en ese momento a su oficina. Para ese tiempo PAC me había obsequiado una antología del poeta chileno. Me encantó esa poesía. Ese día lloré. Sentí su muerte y escribí un poema, y PAC mandó a detener la armada de La Prensa Literaria y me incluyó el poema. Me hizo una presentación, y me acuerdo que habló de una joven poetisa, estudiante del “René Schick”. Estaba por cumplir los 15 años. Me empezaron a llegar cartas de felicitación al instituto. Ese fue mi bautizo.
¿De dónde la vena creativa?
Yo escribo desde los siete años. Una vez que mi mamá estaba muy triste se puso a escribir. Le pregunté qué hacía y me dijo: “Hago un poema”, y me lo leyó. Entonces le dije: “Voy a hacer uno y le voy a ganar”. Hablé de un feo gusano que se había convertido en una fea mariposa. Mi mamá me aplaudió y eso me estimuló mucho.
¿Llevás sangre árabe?
Mi papá fue Ismael Farrach. Mi abuelo era palestino. Él vino a Nicaragua, aunque su destino era llegar a Brasil, en busca de las minas de esmeraldas, aquí conoció a mi abuela, se enamoró y se quedó: había encontrado una piedra preciosa.
A propósito de piedras, por qué el interés de darle vida, pues dice Rubén: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo/ y más la piedra dura porque ésa ya no siente”
Las piedras tienen su historia. Esta piedra es de origen volcánico. Las arrojó el volcán Santiago en su última erupción.
¿Qué tanto puede inspirar a una poeta una piedra?
Mirá, estuvieron en las entrañas de la tierra. Dicen muchas cosas y tienen demasiadas huellas. Los geólogos las aman porque las saben leer: son como las cartas que nos ha remitido desde su corazón nuestro planeta. En estas piedras, porque hay otras, quiero plasmar la historia de Veracruz, recordar las erupciones del volcán, cómo se fue asentando la gente en este pueblo. Estoy investigando sobre esto.
¿Sos pintora de vocación o de formación?
En la escuela no podía dibujar absolutamente nada, sufría cuando iba a hacer un mapa. Un día, cuando me fui a México, visitaba con frecuencia el Barrio del Artista, y ahí me nació el deseo de aprender y tuve buenos maestros que me guiaron.

Poemas Desnudo Azul
Éste no es un desnudo/ para complacer /las miradas excitadas./ Es simplemente mi cuerpo/ mostrando la corteza / y sus flexibles ramas / que retoñan en invierno.

“Yo difícilmente podría odiar”
A mí, dice la poeta, me mueve algo muy importante: lo que dejamos nosotros es lo que hacemos, y debemos hacer cosas que perduren, para que cuando nos vayamos nos recuerden a través de las cosas que hicimos. Y si llega el momento en que nos olviden, las cosas que hacemos deben quedar, así que debemos hacer cosas perdurables, aunque no sepan ni quién sembró este árbol.
¿Cómo se te recordará, como poeta, pintora, mujer tierra, mujer árbol?
Yo creo que siempre me van a recordar conforme lo que refleje mi poesía, mi pintura, como mujer naturaleza, mujer tierra, una mujer que ama de forma intensa, una mujer que difícilmente podría llegar a odiar… siempre perdono.
Y sé que me van a recordar, no porque lo diga por vanidad, sino porque los poemas ahí están. Los poemas cuando los publican dejan de ser míos, los toma la historia, los toma la gente. Y yo un día me voy a ir, pero mientras esté aquí voy a disfrutar de este pequeño paraíso.
Ya dejás rastros de versos y acuarelas.
Y este pequeño bosque ojalá que logre crecer, que perdure. Hago énfasis en esto: quiero dejar un bosque para Veracruz y un pulmón para Managua que también infiltre las aguas. Me duele ver cómo se inunda la capital y el peligro que corren los niños.
Hago lo que me corresponde, lo que está en mis manos, y es este pequeño bosque. Hay 2.5 manzanas sembradas de árboles y la otra parte está ocupada por mi casita, una porqueriza y un gallinero.
Cuando empecé con el proyecto, me inspiró mucho Orlando Núñez en el Ciprés. Hasta voy a tener un biodigestor (aprovechar el estiércol de los cerdos y producir gas). Tengo un pozo, una cisterna. En ese lugar lo que quiero es retener el agua de lluvia para usarla en época seca para riego de las plantas. Porque los veranos aquí son muy secos, calurosos. Así es el lugar que yo amo y le llamo tierras iguaneras.

“Hoy creo este pulmón verde para Managua”
Crea arte, plasma girasoles colmados de belleza y la expresión viva de una dama al óleo se hace luz, tocada por un sombrero. Sin embargo, su imaginación salta del papel y de la tela y procura convertirse en bosque, en raíces que retienen el agua y la infiltran. Llega el tiempo en que la poesía se le vuelve corteza, oxígeno y sombra.
Además de estos planos artísticos, te interesa el medio ambiente; en esta zona de recarga acuífera de Managua, ¿cuál es tu interés?
Conocí Veracruz cuando visitaba a mi papá. Era una niña. La gente se dedicaba al campo, también aquí sembraban algodón. Se veía mucho verde. Ahora hay una transformación, es más árido, lleno de residenciales, el clima ha cambiado muchísimo y llueve muy poco. He sentido la necesidad de proteger la naturaleza desde que venía a este sector muy seguido.
Resulta que cuando empecé a ver que cazaban los garrobos y los niños se llevaban hasta unos 20 animalitos, casi lagartijas que no medían siquiera una cuarta de mi mano, sentí lástima. Yo miraba cómo se extinguían los animales y el ambiente mismo, y le tomé amor a esta tierra que me ha costado tanto y creo que ya la he pagado con creces. Se dice que lo que a uno le cuesta es lo que más quiere, y yo la amo. Y no voy a cesar de defender la naturaleza, y en este momento estoy creando un bosque.
¿Qué árboles sembrás?
Árboles frutales y maderables. De éstos: caoba, cedro, teca y roble. En los frutales: guanábana, aguacate y mango, porque algunos se secaron producto de los incendios, por la gente que buscaba cusucos y garrobos. Una vez casi quedo atrapada por las llamas en mi desesperación porque se quemaban los árboles.
Éste es mi pequeño paraíso y quiero que lo visiten los estudiantes para que estén en contacto con la naturaleza y tomen conciencia de protegerla.
¿Y sacás tiempo para la poesía?
Saco tiempo del tiempo, aunque tengo necesidad de trabajar, y como quedo largo de Managua, en el camino voy escribiendo o leyendo, y en el trabajo, cuando puedo, hago mis bocetos. Últimamente he pintado mis acuarelas, porque ésta tiene la característica de ser rápida, por la naturaleza de su pintura. No quiero dejar de crear, siento que debo estar creando en todo momento.