Nacional

“La reconquista católica de América ya es muy tarde”

*Explicaciones sobre la “hemorragia” de fieles que se van a la iglesia protestante *“El Vaticano ha dejado solos a sus profetas como monseñor Arnulfo Romero” *Una ventaja de la iglesia evangélica: “mueven la esperanza en medio de la pobreza y de los ajustes estructurales recetados por el FMI”

Edwin Sánchez

Si América Latina bien vale varias misas y sermones del Papa por la “hemorragia” de fieles que sufre la Iglesia Católica en el subcontinente, un teólogo y un líder evangélico señalaron que Benedicto XVI llegó muy tarde para la reconquista católica de América Latina.
El teólogo William González precisó que el crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina presenta razones muy contundentes: una de ellas tiene que ver con el trabajo de evangelización que sus pastores y miembros han llevado a efecto en los sectores más pobres de la región.
El pastor Augusto César Marenco lo califica de “un despertar divino. No debe verse como que la gente se sale de la Iglesia Católica para trasladarse a otras iglesias, sino que es un mover de Dios que está soplando vientos nuevos de salvación en estos pueblos tan sufridos, donde la gente, al no encontrar respuestas de fe, de espíritu, busca encontrar el alimento donde saciarse”.
González dijo que “ese trabajo ha sido también dirigido a mitigar las causas de la pobreza que la mayoría ha vivido por razones estrictamente estructurales, causadas por las medidas económicas que el FMI ha generado con sus programas de ajuste estructural”.
Atribuyó el aumento poblacional de los protestantes al testimonio de estas iglesias “y al interés que tienen por generar un cambio de vida en las personas, frente a los estados nacionales que abandonan a estas mayorías y que las dejan en plena orfandad”.
Al respecto, el también Presidente de la Junta Directiva de la Universidad Evangélica “Martin Luther King”, subrayó que “la preocupación de la Iglesia Católica respecto a la evangélica, desde ese punto de vista, no es una preocupación correcta, porque si partimos de la realidad, la gente necesita esperanzas para vivir desde su condición de pobreza”.
Moviendo la esperanza
Indicó que “los evangélicos en los barrios mueven la esperanza de la población en medio de la pobreza. Si la preocupación del Cardenal o del Papa que visita Brasil es reconquistar América, para el catolicismo ya es muy tarde”.
Y por otro lado, apuntó González, “nos preocupa que se preocupe por las iglesias evangélicas, porque hemos evolucionado lo suficiente como para entender las causas de las injusticias”.
“Que se modernice”
“Sin ánimo de ser triunfalistas y de las expectativas que podemos tener nosotros de su llegada a Brasil, esperaríamos que la Iglesia Católica se abra al mundo contemporáneo y contribuya con su mensaje y presencia en este mundo para que la justicia sea para todos y todas”, añadió.
Desde ese punto de vista, la Iglesia Católica, agregó, debe humanizarse más para poder sensibilizar al mundo con sus prédicas, doctrinas y llamados de atención con su actitud profética. No basta con sermones, sino que debe tener una posición más clara ante las realidades de injusticia en América Latina y respaldar a sus obispos que se deciden a confrontar la opresión.
La Iglesia Católica ha dejado solo a estos obispos. Dejó solo a monseñor Arnulfo Romero y ahora a Jon Sobrino, cuyos libros ha censurado la Congregación para la Doctrina de la Fe. Más bien han sido sancionados sus profetas. La iglesia debe preocuparse por sus profetas y acompañarlos, pero su actitud dice mucho, cuestionó González, para explicar otra de las causas de la “hemorragia” de creyentes.
Augusto César Marenco dijo que los evangélicos crecieron numéricamente, como lo constatan las firmas encuestadoras, un fenómeno que no es extraño a Brasil, donde la población católica se redujo en un 10 por ciento desde la última llegada del papa Juan Pablo II.
“No somos una secta, sino una institución con mucha reserva moral. Secta es aquel movimiento que va detrás de un loco que no sabe ni a dónde va, sin escuela ni formación, como Miranda (el que se proclama Anticristo)”, indicó Marenco, quien reconoció el papel desempeñado por el general José Santos Zelaya (1893-1909) para la difusión del nuevo credo predicado por los primeros misioneros protestantes que vinieron a un país que para entonces llevaba casi 400 años de exclusiva catequesis católica.