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Las mágicas manos de Carolina Cantarero

* Entre intervenciones quirúrgicas que han hecho historia con su bisturí, está la del joven que se le incrustó maneral en la cabeza * En Latinoamérica sólo hay cinco mujeres especialistas, lo que ella atribuye bastante al machismo

Yahoska Dávila

Neurocirujana en Centroamérica y una de las mejores cinco en Latinoamérica. A puro esfuerzo y sacrificio pudo finalizar su especialidad, de la que se siente orgullosa. Carolina Cantarero Molina, a sus 29 años, originaria de Managua, se coronó como una de las pocas mujeres especialistas en neurocirugía.
Adonis Silvio Jarquín Arróliga es uno de los testigos de la eficiencia y profesionalismo de la doctora Cantarero, pues un maneral se le incrustó en su cabeza el año pasado, y aunque las probabilidades de vida eran pocas --y de salvarse estaba la posibilidad de que quedara como vegetal--, “se hizo todo lo posible”, relata Cantarero.
Adonis llegó al hospital “Antonio Lenín Fonseca” con una lesión severa en el cerebro, y antes, durante y después de la operación, la lesión en los tejidos continuó, lo que significa que el edema dejó sin aire algunas áreas, y los daños en el tejido eran irreversibles, pues los tejidos en el cerebro no se pueden reparar.
Hoy por hoy, Adonis continúa una vida normal, ha podido caminar y hablar. La operación fue un éxito, y se reportó como el primer caso en que un maneral se incrusta en la cabeza de alguien.
Igualmente, Roberto Antonio Castillo Hernández estuvo en las manos de Cantarero cuando llegó de emergencia al HALF, luego de que dos primos le atacaron con un cuchillo de cocina, y después de darle varias estocadas en la cabeza, le dejaron clavada el arma blanca, de 16 centímetros.
Después de la operación, Roberto fue dado de alta, y, como dicen, “ahora está contando el cuento”.
Estos casos son parte del fruto de la dedicación y entrega que mantuvo por cinco años Cantarero.
Doctora Cantarero, ¿qué siente cuando la reconocen como una de las mejores especialistas del país?
Pues, siento que el esfuerzo que he hecho no es en vano. Esta especialidad es de sacrificio. Nosotros no tenemos días libres, vacaciones, chance de diversión. No hay Navidad, no hay Año Nuevo… nada.
Los pacientes que sufren de este problema son pacientes que no se pueden dejar, están en coma y tienen alterado el estado de conciencia. No es una apéndice que la operás y ya estuvo. Esto es trágico. No es sólo de aplicarles tratamiento.
Ellos son más serios, pues mantiene alterado el estado de conciencia siempre porque son problemas del cerebro: un trauma, un tumor, alguna lesión, derrame. Lo que conocemos como cerebro vascular.
¿Qué le motivó estudiar esta especialidad?
Al comienzo, hay que reconocer que me gustaba la ginecología, pero creo que Dios escribe en líneas torcidas. Mi abuelito, cuando yo tenía unos 20 años, falleció en neurocirugía por un hematoma sutural crónico (coágulo en la cabeza), y entonces eso me llamó la atención y eso me quedó en la mente.
Muchas preguntas me surgieron: ¿por qué había pasado? ¿Qué había fallado en aquella intervención? ¿Se le había aplicado bien el procedimiento? ¿Qué era lo más adecuado en su caso?... Esa fue la primera vez que dije que deseaba estudiar neurocirugía.
Me vine de voluntaria al “Lenín”, estuve en contacto con neurocirugía y me encantó. Siempre me pareció interesante el cerebro, sus propiedades, dimensiones y me parecía interesante y todavía lo es.
El cerebro es un órgano irremplazable… ¿Es una especialidad compleja?
Lo más complejo de la especialidad es abrirte camino en un mundo de hombres. Además, romper lo que siempre representa el cerebro: un mito. Es algo increíble, cuando vas estudiándolo te vas introduciendo a cosas más complejas. Más profundas, son contenidos extensos, complejos y difíciles.
Se complejidad llega hasta el punto de que pueden trasplantarse corazón, riñón, hígado y muchos órganos, pero no el cerebro. Ahí está la base del ser humano, la memoria, sus recuerdos, la identidad como persona y es el que manda al centro del organismo. Es el centro del cuerpo, el director. Él hace que todo funcione bien en tiempo y forma. Si el cerebro no funciona, ninguno de los otros órganos funciona bien.
¿Por qué dice que “lo más complejo es abrirse camino en un mundo de hombres”?
Ésta es una especialidad dura, difícil. Hasta el momento sólo hombres la han estudiado en Nicaragua y Centroamérica. Cuando entrás te das cuenta de que el machismo reina, tus compañeros y los docentes te creen incapaz de poder concentrarte; por lo que nosotras andamos en todo.
Después que ingresé a la especialidad, dos mujeres han intentado surgir en ella, pero no han podido. Se han salido antes de tiempo, por estrés, presión en el trabajo, falta de tiempo, complejidad en la especialidad.
Por lo menos ya cumplí, a todas ellas les dejé un camino abierto, demostré que con esfuerzo y disciplina se puede llegar a la meta, ahora les toca a ellas. Dejo abierto el camino para que puedan seguir.
En Nicaragua hay 15 neurocirujanos, todos hombres, hasta ahora una mujer; pero de éstos algunos están jubilados y otros han muerto. Despuntamos la lista en nuestro país y Centroamérica.
Esta especialidad tiene 20 años de estar abierta en Nicaragua. Hay muy buenos docentes --un poco machistas-- pero uno se abre camino. Ellos te ven si amás la especialidad, estudiás, te esforzás.
¿Te sentís realizada como profesional?
Sí, la verdad es que después que te comés las verdes y llegan las maduras, tienen un gusto delicioso, que te hacen olvidar el sabor de las verdes.
Creo que esta especialidad se la debo a Dios y a mis padres, quienes me han apoyado siempre. Aquí las personas se casan y se van; sin embargo, yo me casé y continúo en la casa, a veces no llegó en 48 horas; mi esposo me entiende porque también estudia esta especialidad.
¿Y de los casos públicos, como Adonis y Roberto…?
Fue extraordinario Adonis. Nunca nadie había realizado operación semejante. Era un caso único. El paciente estaba grave, y es un momento de satisfacción y felicidad ver que esa cirugía y ese paciente, al que vimos en estado de coma grave y que todos apostaban a que iba a morir por la complejidad y seriedad de la lesión, haya salido bien. Le hayamos dado de alta y ahora se encuentre en su casa reiniciando su vida. Es algo excelente y sensacional.
Estaba de turno, con mi esposo. Los dos lo operamos, yo llevaba la batuta porque estaba a cargo del turno. Mientras lo hacíamos, yo buscaba cómo preservar su cerebro, cómo no hacer más daño del que había. Quitar aquel objeto pesado y grande que le atravesaba de lado a lado.
Yo mantuve la esperanza de que el paciente saliera bien, mejorara, y al salir del hospital y verlo, todos mis colegas me felicitaban y me sentía muy realizada. Sentí que me realicé como médico, es lo que venís a hacer: siempre estás buscando cómo salvar vidas. Cada día salvás una vida y te sentís bien.
Un paciente que está al borde de la muerte, y que se logró salvar gracias a que pusiste un granito de arena, porque creo que la mayor parte la pone Dios. Uno apenas es un instrumento en sus manos. Como dice Madre Teresa: “Somos un lápiz, Él es el que escribe”.
Realmente, en las cirugías eso es lo que hago: se las ofrezco al Señor. Él es parte de mi vida, si estoy terminando la neurocirugía es por él. De eso estoy segura, si he terminado es porque él me ha ayudado. Estamos en sus manos.
Roberto es el muchacho que vino con un arma blanca en la cabeza, ya habíamos tenido un caso similar, que lo habían operado otros colegas. En este caso, él vino grave, pensé que no lo iba a lograr el paciente; pero también lo logró.
Casos como éstos son la gratificación que una siente, que nadie ni el dinero te lo puede cambiar.