Nacional

Un incorruptible liderazgo sindical, moral y político


Edgard Barberena

La lucha que libró el movimiento obrero contra el somocismo, las históricas marchas de los primero de mayo y la atomización en que se encuentra el actual movimiento sindical, fueron desglosados por un luchador que desde una silla de ruedas mantiene intactos sus sueños y su espíritu.
Francisco Bravo Lacayo, con 83 años de edad, al hablar con EL NUEVO DIARIO dijo que se involucró en la lucha sindical en los años 50 cuando el dictador de turno era Anastasio Somoza García.
Recuerda que la lucha era por las reivindicaciones obreras y contra la dictadura. Los sindicatos enfrentaron tres fuerzas: el somocismo, la resistencia patronal y la presión de los partidos políticos tradicionales que querían aprovecharse del movimiento obrero.

El Partido Socialista y la CGT
A esto hay que agregar que el movimiento sindical de ese entonces también tuvo que enfrentarse a la maquinaria poderosa que tenían los liberales somocistas, y a sus agentes, en lo que ahora se llama la sociedad civil.
“Nosotros luchamos por rescatar a los trabajadores de esa influencia del somocismo, y en esa lucha intervenía Somoza con su Guardia Nacional que nos echaba presos, nos perseguía y muchos tuvieron que exiliarse, pero al fin y al cabo se logró crear la Confederación General del Trabajo (CGT), de la cual fui Secretario General”, recuerda Bravo.
La CGT encabezó grandes manifestaciones en esos años a favor de las reivindicaciones obreras y contra el somocismo.
Por lo menos en cinco ocasiones fue a parar a la cárcel, víctima de las persecuciones del régimen.
“Panchito”, a como cariñosamente se le ha conocido, era quien cerraba por muchos años con su discurso las gloriosas marchas del primero de mayo.
“En una de esas redadas, la Guardia Nacional, siguiendo instrucciones de Somoza, “nos dijo que no teníamos derecho de asistir a la Casa del Obrero, solamente los líderes obreros del somocismo. Esto fue lo que provocó el inicio de otra lucha: rescatar al movimiento sindical de las manos de los líderes somocistas, y lo logramos hasta llegar hacia la CGT”, dice triunfante “Panchito”.

Aparece “Chagüitillo”
Domingo Sánchez “Chagüitillo” era un líder campesino de Matagalpa que vino a Managua a trabajar con la CGT y a cada rato la Guardia Nacional lo echaba preso.
Después continuó una lucha ininterrumpida en las causas laborales y sindicales.
Somoza también aprovechó el Código del Trabajo –-que promulgó en 1945-- para decir que el liberalismo era el defensor de los trabajadores, al tiempo que “premió” a sus agentes que infiltró en la clase obrera.
El Código del Trabajo fue promulgado por Somoza en su primer mandato, e implicó una mejora en la imagen del dictador, pero fue calculado para dividir al movimiento obrero.
Agentes del somocismo en esa época anduvieron ofreciendo dinero al que pasara información al régimen sobre los movimientos de la dirigencia sindical, pero el régimen de la época no logró doblegar a la clase trabajadora.

El movimiento obrero después del 79
Al triunfar la Revolución Sandinista en 1979, en el sindicalismo antisomocista se produjo una dispersión porque el sandinismo logró entrar al movimiento obrero, y “nosotros no teníamos cómo enfrentar esa avalancha y entusiasmo que redujo la influencia nuestra, hasta que por fin neutralizó nuestra participación”, rememora Bravo.
“Al inicio de la revolución hubo acciones contra nosotros, porque advertíamos que los dirigentes sandinistas no eran los líderes naturales de los trabajadores, sino que eran de un partido político, y por eso hubo divergencias entre los sectores revolucionarios y los sectores sandinistas”, explica el sindicalista.

Viaje a la China
En los años 50 “Panchito” hizo una viaje a China a un congreso de los pueblos por la paz que tuvo lugar en Pekín, y para viajar a esa nación tuvo que salir de Managua a Costa Rica, de allí a una colonia holandesa en el Caribe y luego se embarcó hacia La Habana.
De Cuba salió embarcado hacia Inglaterra, después viajó a Suiza y de allí se dirigió a Moscú. De la Unión Soviética viajó en avión hacia la China.
“Estaba la guerra con Corea y allí visitamos una mina de cielo abierto, donde hacía un frío del diablo. Allí estuvimos con dirigentes sindicales chilenos. Después nos regresamos de Pekín a Viena, donde participamos en otro congreso por la paz, y después nos regresamos” (a Nicaragua), agrega “Panchito”.
Dice “Panchito” que “veníamos con las patas hinchadas, porque la GN nos estaba esperando, pero yo no caí preso”.

Con La Prensa y Pedro Joaquín
En los años 50 “Panchito”, ya metido en la lucha obrera, trabajaba para el diario La Prensa, y a pesar de tener ideología diferente a la del doctor Pedro Joaquín Chamorro, nunca tuvo problemas con el director de ese rotativo, y más bien se prodigaban un trato fraternal.
Dijo que eso fue como un fenómeno, “porque el doctor Chamorro sabía quién era yo. Pedí permiso en La Prensa para ausentarme dos meses, y tardé ocho, y cuando regresé me volvieron a admitir”.
“Panchito” fue jefe de armada de página de ese rotativo por muchos años.

Gringo pidió su cabeza
Recuerda “Panchito” que en aquellos años duros de la lucha contra el somocismo hubo un funcionario de la embajada norteamericana que llegó donde el doctor Pedro Joaquín Chamorro a decirle que en La Prensa tenía a un comunista trabajando: Francisco Bravo Lacayo.
Y la repuesta que el doctor Chamorro le dio a ese funcionario de la embajada yanqui “siempre se la reconocí, pues le dijo al funcionario que ‘Pancho’ Bravo era un buen trabajador, cumplido, y necesitaba tener en el periódico gente como esa, porque incluso es un ejemplo para los demás”, recuerda Bravo las declaraciones de Chamorro.

Respetaba sus opiniones
“Panchito” discutía con el doctor Chamorro tanto en La Prensa como en los convivios en que se encontraban, y “él siempre me respetó”.
El tema llevó a “Panchito” a entrar a la etapa cuando se produce el rompimiento en La Prensa entre los que disentían de la revolución y los que pensaban de forma diferente y “fundamos EL NUEVO DIARIO, llevando a la cabeza al ingeniero Xavier Chamorro Cardenal y al doctor Danilo Aguirre Solís”.
Como Xavier Chamorro es un hombre progresista y “amigo de nosotros, pues decidieron separarse de La Prensa para fundar EL NUEVO DIARIO, del que algunos dijeron que sólo iba a existir por tres meses, pero este año nuestro rotativo ajustará 27 años de existencia.
Como en La Prensa teníamos unos fondos, y con el capital de Xavier Chamorro, hicimos una sociedad por acciones y se fundó END”, expresa alegre “Panchito”, quien laboró en este rotativo hasta que se jubiló hace varios años.

Cómo vio este primero de mayo
El veterano ex líder sindical dijo que presenció mucha demagogia por el lado del FSLN.
“En el discurso de Daniel (Ortega) vi mucha demagogia, y a los otros -–el CPT que marchó por el sector oriental de la capital-- qué se les va a pedir si son instrumentos de los partidos políticos de derecha.
Para mí este primero de mayo no tuvo la trascendencia que debió de tener por la situación en que vivimos”, dijo “Panchito”, quien en las décadas de los 50 y 60 siempre hablaba como Secretario General de la Confederación General del Trabajo en la Casa del Obrero.
“Hacíamos las manifestaciones ante la presencia de la GN, para jodernos o intimidarnos”, dijo “Panchito”, quien señaló que en una ocasión el somocismo hasta mandó a colocar unas tanquetas en las inmediaciones de la Casa del Obrero.
En ese tiempo para hacer una marcha había que pedirle permiso a la Guardia, “pero nosotros no lo hacíamos porque estábamos claros que no nos lo iban a autorizar, por lo que nos lanzábamos a marchar debido a la autoridad moral y política que en ese entonces tenía el movimiento obrero”, explica “Pancho”.
Las manifestaciones obreras no solamente eran en Managua, también en el interior del país, donde “hacíamos congresos que terminaban con grandes concentraciones”.

Un hombre de familia
Francisco Bravo Lacayo se casó con doña Ángela Ramírez después del viaje que hizo a la China.
Tiene cuatro hijos, el mayor, Flavio, de 52 años, es un teniente coronel retirado del Ejército. Participó en el derrocamiento de la dictadura somocista y formó parte del repliegue táctico en 1979 que dirigieron de Managua a Masaya los comandantes ya fallecidos Carlos Núñez Téllez y William Ramírez.
Le siguen -–a Flavio—- Soraya, que labora en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), Xiomara Azucena y Francisco, que vive en Bello Horizonte y se defiende con una pulpería.
“Panchito” nació en Corinto en 1924. Sus padres fueron Pascual Bravo y su mamá doña Amanda Lacayo, de Chichigalpa.
Dijo que su papá conoció a su progenitora en León y “de ahí se dio el amarre”. Sus padres no se casaron, pero su papá reconoció a “Panchito”.
Bravo Lacayo sólo estudió la primaria, pero su contacto con líderes de la clase obrera y su dedicación a leer mucho fue lo que le dio una formación autodidacta. También le ayudó a su erudición su contacto con los periódicos, donde se convirtió en columnista permanente por muchísimos años.
El primer periódico en que “Panchito” trabajó se llamaba “El Pueblo”, que fue dirigido por el liberal Andrés García. Después pasó por varias imprentas de Managua hasta que llegó al diario La Prensa, donde laboró 31 años.