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Judea al aire libre en Masatepe


Masatepe, once de la mañana en punto. En pocas horas Jesús morirá. No se ve a ningún Poncio Pilatos que se lave las manos o a una Dolorosa que llore desconsolada, sólo “judíos” que corretean por las calles llevándose de paso a cuanto desprevenido se tropiece con las cadenas que arrastran. Es el momento de sacrificar a todos los Judas Iscariote.
“Vamos a chollar a Judas y a Jesús”, exclama Miguel, un pequeñín de 11 años que arrastra junto a su amiguito una pesada cadena. A Miguel sólo se le ven sus brillosos ojos café claro, lleva una máscara en su rostro para simular a los judíos que humillaron a Jesús, ya hace dos mil años. Igual a él, 450 muchachos de este grupo corren presurosos arrastrando las cadenas en el pavimento. Hay mujeres que participaron por segundo año consecutivo, aunque no se distinguen porque todos visten faldas de diversos colores, tamaños y estilos.

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Fotos de Jerónimo Oporta / EFE

Tres cosas unen a estos jóvenes los Viernes Santos: las cadenas con que arrastran a los que interpretan a Jesús y Judas, su “casco” original sobre el cual nadie ofrece una versión de quién lo diseñó, y el deseo de convertir a Masatepe en una Judea al aire libre.

A la captura de Judas
El sol ya está en el centro y la tradición masatepina en lo fino. El sonido de las cadenas resuena por todas las calles de este pueblo, donde no sólo los Judas saldrán lastimados. A quienes visten de Jesús también hay que atraparlos, pero serán tratados con delicadeza.
Cuenta Juan Carlos Ruiz, mientras aprovecha la sombra que le brinda un alero, que el próximo año ya no saldrá de Judas porque la tradición se ha vuelto violenta. Este muchacho tiene cinco años de participar en la Judea, festividad que atrae a turistas de todo el país.
El tormento que vivió Judas antes de suicidarse parece estarlo viviendo un delgado joven que se retuerce en las gradas de la iglesia principal. Además del visible dolor que le inunda por un cadenazo que tiene pintado en el abdomen, también se percibe el olor al licor que ingirió y que no le sirvió de anestesia. Los cadenazos lo sacaron de la festividad que, de pronto, parece convertirse en una exhibición de violencia que finalmente se enlaza con la agresividad de los días de la pasión.