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Lo desahuciaron, pero jura que volverá a caminar

* Le dispararon un proyectil con un arma hechiza, afectándole las vértebras T11 y T12 de la columna vertebral * “En ese momento sentí que mi mundo se venía abajo, una tristeza embargó mi corazón”, dice Erick Daniel * ”Ahora, después de muchos esfuerzos, he logrado sentir dolor. Si me pellizcas siento. No las tengo tan muertas como decían” * Podría hasta dejar la silla de ruedas si consigue un aparato que lo sujetaría de la cadera hacia abajo

Yahoska Dávila

Sonríe al ver a su hijo de año y medio correr a sus piernas inmóviles. Extiende los brazos y en un esfuerzo lo toma con sus manos y lo levanta para darle un beso.
Este gesto de amor de parte de sus dos hijos ha motivado día a día a Erick Daniel Duarte Morales, de 23 años, a soñar en volver a caminar. Disciplinadamente cada mañana se ejercita por horas en la paralelas de marcha que rústicamente construyó en su casa.
“Cada minuto que paso, sé que es un avance para mí”, expresa esperanzado Erick. Sus manos las presiona sobre uno de los hierros que conforman la paralela, y nos explica que cada uno de esos movimientos le ha devuelto la esperanza.

Atacado por asaltantes
El ocho de octubre del año pasado, Erick fue asaltado por dos sujetos. Entabló la denuncia y reconoció a uno de los sujetos, lo que ayudó para que fuera sentenciado días después. La pandilla a la que pertenecían los delincuentes juró vengarse, y esperó la hora en que este joven salía a recrearse para atacarle.
Fue agredido por dos sujetos, quienes primero le ofendieron y luego dispararon un proyectil con un arma hechiza, el cual afectó las vértebras número T11 y T12 de la columna.
Ese día los noticieros titularon: “Joven no volverá a caminar”. Especialistas del Hospital Antonio Lenín Fonseca no le dieron esperanzas de volver a caminar.

Sentí que el mundo se venía abajo
“En ese momento sentí que mi mundo se venía abajo, una tristeza embargó mi corazón. Todo lo que había ganado: mi esposa y mis hijos, quizás los perdería. Esto era en lo que más pensaba. No volveré a caminar”, relató Erick.
Después del impacto de bala fue llevado al Hospital Alemán Nicaragüense, de donde lo transfirieron al Hospital Lenín Fonseca debido a la gravedad de la lesión, y allí permaneció por días en la Sala de Ortopedia.
La bala que lo dejó parapléjico estaba alojada en un sitio en el que su extracción representaba un riesgo de muerte. La opciones eran extremas: o se muere o se queda alojada en la columna y no volverá a caminar. Sus familiares optaron por la última.

No volverá a caminar
Mauricio Sotelo, ortopedista del Hospital Antonio Lenín Fonseca, explicó que la bala se alojó en la médula espinal, donde se encuentran unas raíces nerviosas, similares a las hebras de cabello humano, que resultaron quemadas y destruidas. Sufrió una fractura comprensiva en la columna vertebral y su situación es irreversible, “no volverá a caminar”, indicó el doctor Sotelo.
Sotelo había indicado una atención especializada para Erick, “debe entrar a una clínica donde atiende personas que sufren de paraplejia, para que inicie cuanto antes su terapia, ya que tiene un problema raquio-medular” .

El miedo a la depresión
“A lo que más le tenía miedo mi familia fue a que entrara en una depresión, de la cual no pudiera salir”, dice Erick Daniel.
Fueron meses los que permaneció en terapia en el hospital “Aldo Chavarría”, sin embargo, estos doctores tampoco le dieron esperanzas. “Se resignaron a que no podían hacer nada más. Me recomendaron continuar la fisioterapia en la casa”.
De todos los ejercicios que realizaba en la clínica, Erick recuerda que las paralelas de marcha le instaban a caminar, por lo que determinó hacerlas en su casa. “He dedicado mucho tiempo y fe a esto, porque en mi corazón creo que Dios va a hacer un milagro conmigo”.

Ya siento dolor en las piernas
Después de casi cinco meses de la tragedia, Erick comparte con EL NUEVO DIARIO que sus esfuerzos no han sido en vano. “Del todo no sentía mis piernas, ninguna sensación en ellas. Ahora, después de muchos esfuerzos, he logrado sentir dolor. Si me pellizcas siento. No las tengo tan muertas como decían”.
Entusiasmado con el hallazgo, un vecino le llevó donde un especialista, quien determinó que con una ortesis (elementos que se insertan en los zapatos para corregir formas de caminar anormales o irregulares) de la cadera hacia abajo podría abandonar la silla de rueda y procurar avanzar en su fisioterapia hasta dejarla.
“Es una gran esperanza: volver a caminar. Sólo me imagino correteando detrás de los niños, poder jugar con ellos; entregarles un padre activo que podrá ayudarles cuando ellos lo necesiten”.

Sin dinero para aparato ortopédico
Esta esperanza por ahora está frustrada, pues necesita esa ortesis. “El doctor me dijo que su precio oscilaba entre los 300 y 500 dólares, y aquí postrado, le aseguro que no estoy ganando ni un peso”. Entre risa nos dice: “Soy un mantenido por mi mujer”. Su esposa trabaja en la zona franca y así no ha faltado el alimento a este hogar .
Esta humilde familia no tiene los recursos para la ortesis, pero tienen la fe y la esperanza de que hallarán a personas que le ayuden a comprarla.
Sus hijos Cristopher, de cuatro años, y Yenkel, de año y medio, se le suben en sus piernas para que los cargue. ¡Cuánto quisiera tomarlos y subírmelos yo!, suspira Erick.
Erick habita en el barrio 8 de Marzo. De los semáforos del Iván Montenegro tres cuadras al lago, 30 varas abajo y su número de teléfono es el 8289554. Espera volver a estudiar y hacer todo aquello que por falta de oportunidad se le ha negado. “Deseo ser un ingeniero”, con el empeño y dedicación Erick será lo que sueña ser.