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El perrito “Ben Hur” ganó en festival de San Lázaro

* Categorías en traje típico, de fantasía y hasta dueños se disfrazaron * También concursaron “La Esclava Isaura”, “El Pelotero” y “La Princesa”

Masaya

Un espectáculo único en Nicaragua y el mundo se vive cada año en Masaya, una semana antes de Semana Santa: el desfile de perros disfrazados que llegan hasta la iglesia Magdalena, de Monimbó,
a rendirle tributo a San Lázaro, el santo de los leprosos.
Y de verdad que es una fiesta de perros, pues son tantos los que llegan, que "amos y perros" se confunden entre la multitud proveniente de
diversos departamentos del país para pagar a San Lázaro el favor recibido cuando éstos (amos o perros) estuvieron literalmente a punto de "estirar las patas".
El festival de los perros arranca desde un día antes con la instalación de juegos mecánicos para niños, ventas de comida, música y puestos ambulantes de candelas de sebo y "milagros", los que son
adquiridos por los creyentes para luego venerar a la diminuta imagen.
Los perros que llegan hasta el atrio de la iglesia Santa María Magdalena son de todos las razas, tamaños y colores, y lucen atrevidos atuendos, que van desde los más casuales hasta los más ostentosos.
La tradición manda que primero los llevan a la iglesia para rendirle tributo a San Lázaro y luego participan del desfile, donde el mejor
bailarín junto al mejor disfraz gana atractivos premios patrocinados por la Alcaldía de Masaya, el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), y empresas comerciales que se suman al esfuerzo de mantener viva la tradición.
Este año el Intur instaló una tarima cercana al atrio de la iglesia, y antes de que se realizara la misa, se llevó a cabo el certamen para que el público eligiera el mejor disfraz folclórico y el mejor traje de fantasía.
Cómo de costumbre, la ingeniosidad del masaya se puso de manifiesto y pudimos observar que dueños y perros este año llegaron disfrazados.

Matrimonio canino… frustrado
“Nina”, una perra blanca, bulldog, llegó disfrazada de "novia". Ella se hizo acompañar de su prometido. Su propietario, Juan Carlos Aguilar, pretendía realizar la boda pública en la tarima instalada por el Intur, pero al igual que pasa en la vida real, de última hora el novio enfureció y no encontraron otra salida que regresarlo a casa, antes que ocurriera un accidente y mordiera a algún espectador.Ella ganó el tercer lugar en traje folclórico.
Doña Marina Sánchez, disfrazó al "peluche" de payasito, por que San Lázaro lo sanó de una mortal diarrea cuando tenía dos meses."Tengo cinco años de participar, porque cuando estaba chiquito tuvo problemas de parásitos, le pedí a Él y no se murió".
De los cientos de perros que llegaron hasta la iglesia Magdalena, sólo 38 fueron inscritos para concursar, y de éstos resultaron elegidos los tres primeros lugares en cada una de las categorías.
Tyson llegó vestido de Ben-Hur. El hermoso ejemplar arrastraba una vistosa carreta conducida por un pequeño soldado romano.El original
y costoso disfraz se hizo merecedor del primer lugar.
También concursaron "La Esclava Isaura", "La Gitana", un perro disfrazado de pelotero del San Fernando, "El Chavalo de la Upoli", "La India
Monimboseña", "El Sargento", "La Princesa", etc.
El desfile de los perros es un espectáculo al que ningún nicaragüense debería dejar de asistir, y que de ser promocionado con antelación se convertiría en un evento internacional que atraería masivamente el turismo a Masaya.
No obstante, la delegada departamental del Intur, Daisy Madrigal, estuvo al frente de la organización de la festividad, que lució muy
bien coordinada y colorida. En la premiación de los mejores disfraces participaron la vicetitular del Intur, Nubia Arce; el alcalde de Masaya, Orlando
Noguera, y el diputado departamental Nasser Silwany.
Al evento, con más de 65 años de tradición, asistieron unos siete mil espectadores de Masaya y del interior del país
Después de la elección de los mejores disfraces se llevó a cabo el oficio religioso, y seguidamente los perros hicieron su ingreso al templo para dar gracias a San Lázaro por el milagro obtenido en los momentos
de dolor.