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Anciana muerta y una culpa que rebota y rebota

Carlos Alí Navarro se despidió de su madre en el hospital con una promesa: “Yo te voy a sacar pronto”. La ancianita, satisfecha, asintió resignada. Ese lunes 17 de abril sería la última vez que la vería con vida. ¿Por qué la señora se cayó de su cama? ¿Estaba colocada la baranda de seguridad? ¿O fue un estado de agitación lo que provocó el accidente que terminó con su vida? La asistente de enfermería que podría responder estas preguntas no se cansa de responder: soy inocente.

Hijo, yo estoy aburrida. Ya no aguanto estar en esta cama, ¿cuándo me vas a sacar?
Mamá, yo no fui el que te traje, te trajo la Gloria. Yo te hubiera llevado a otro hospital, pero ya que estás aquí aguantate unos días, que pronto te van a operar.Dice el médico que eso es rápido.
Está bien, suspiró resignada doña Rosa Galeano, de 86 años.
Don Carlos Alí Navarro comprendía el cansancio de su madre. Llevaba cinco días postrada en una de las cuatro camillas de la Unidad de Cuidados Coronarios del Hospital “Roberto Calderón”, la 300-B.
Al filo de la una de la tarde, don Carlos se concentró en explicarle a su mamá que después de colocarle el marcapasos estaría con todos de regreso en casa. Con su hija Gloria, con Suyén, su nieta. Finalmente, se inclinó sobre ella y le dio beso en la frente. Doña Rosa le respondió sosteniéndole con fuerzas las manos. “No te preocupés, porque yo te voy a sacar pronto”, le sonrió don Carlos y se marchó.
Cerca de las once y media de la noche de ese lunes 17 de abril de 2006, María Magdalena Sandoval García, auxiliar de enfermería, preparaba las notas sobre el estado de salud de doña Rosa y de los otros tres pacientes de la sala. Se encontraba de espaldas a ellos, abstraída en el escritorio.

La caída fatal
“Yo estaba haciendo mis notas de enfermería, cuando oí que la paciente cayó y corrí a levantarla, pero como yo no pude sola, pedí auxilio al personal que tenía a la par, que era cirugía de varones”, nos relató Sandoval. Sin embargo, la asistente de enfermería había relatado recientemente que se encontraba con otro paciente de la sala, al momento del suceso.
Las primeras en atender a los llamados de socorro fueron las enfermeras Johanna Patricia Jiménez, y Diana Hernández Acosta, según declararon ambas durante el juicio oral y público, celebrado el pasado 21 de marzo.
Entre las tres intentaron levantar a la ancianita, que yacía inconsciente como consecuencia de los golpes al caer al piso. Al lugar también llegó Abraham José Granados, otro trabajador del hospital.
“No realicé ningún acto encaminado a tomarle los signos vitales porque la paciente se encontraba desorientada, la llamaban y no respondía, y se llamó al médico de turno, al Dr. (Lisandro) Robleto”, expresó por su parte en el juicio.
María Magdalena Sandoval aseguró a EL NUEVO DIARIO que una vez que el doctor Robleto se hizo presente, éste le orientó buscar con urgencia a los familiares, los cuales debían estar aguardando en la entrada del hospital.
“Yo los fui a llamar, los busqué, pero al momento de la caída no estaban en el hospital. Los familiares estaban parece que en su casa, porque yo no encontré a nadie”, sostuvo Sandoval, quien nos aseguró que tampoco encontró el número telefónico de ellos en los registros.
"Nunca le avisaron a mi hermana que estaba allí, que mi madre había caído. No le informaron nada a pesar de que estaba allí. Allí estaba mi hermana, en las bancas que están afuera, porque en la sala no permitían estar”, refutó muy molesto don Carlos Alí Navarro, al conversar con nosotros.
Sandoval dijo que tras levantar a la paciente se revisaron sus signos vitales. Luego, un médico especialista valoró las lesiones, y detectó hematomas en el pómulo izquierdo, en la parte izquierda de la mandíbula, en el brazo derecho, y en la parte baja del abdomen, pero no encontró ninguna fractura, según un informe médico en nuestro poder.
Al terminar la asistencia de emergencia, Sandoval terminó sola su turno, hasta las seis de la mañana del día 18 de abril. Doña Rosa, según explicó, había presentado tal mejoría, que hasta conversó con ella.
“Yo le dije: ¿Cómo te sentís, abuelita? ¿Y te caíste de la cama? Ni cuenta me di, me dice. Así me dijo la señora: “Ni cuenta me di”. Yo después entregué mi turno y me fui a mi casa”, narró.

¿Hospital ocultó información?
A las ocho de la mañana del 18 de abril de 2006, doña Gloria Navarro Sánchez se presentó a la sala donde estaba su madre, ya que la acompañaría durante el último examen previo a la cirugía en que le colocarían el marcapasos, fijada ese mismo día.
Doña Gloria encontró a su mamá con hematomas en el rostro, el brazo derecho y el abdomen. Fue hasta entonces que la enfermera de turno le informó que la señora había sufrido una caída.
“Nos negaron la información, el nombre de la enfermera lo conocimos hasta que el juez nos lo dijo. Incluso, el director (doctor Díaz) fue franco y nos dijo: ‘Mirá, nosotros estamos conscientes de que hubo una negligencia. Nosotros vamos a abrir una investigación, y vamos a imponer una sanción administrativa’. Nosotros quedamos esperando eso”, puntualizó Carlos Navarro.
Los familiares de la ancianita exigieron una tomografía craneoencefálica computarizada para conocer su verdadero estado de salud. Pero no fue sino hasta las tres de la tarde cuando se le dio a conocer la solicitud al doctor Rafael Díaz --quien hasta entonces desconocía del incidente--, que se efectuó la gestión de trasladarla al Hospital “Antonio Lenín Fonseca”.
A las cuatro de la tarde del 18 de abril de 2006, en la ambulancia rumbo al hospital, doña Rosa Galeano Sánchez expiró.
“Cuando yo vengo de regreso el día dieciocho --porque yo entraba de nuevo en la noche--, me encuentro con la noticia de que la paciente había fallecido a las cuatro de la tarde”, relató María Magdalena.
El pasado miércoles 21 de marzo, Ariadna Lezama González, juez suplente del Juzgado Octavo Local Penal de Managua, sentenció a un año de prisión a María Magdalena Sandoval, por el delito de homicidio culposo, en perjuicio de doña Rosa Galeano. Sin embargo, la pena está suspendida por un escrito de apelación interpuesto por su abogado defensor.

El meollo del asunto: la baranda de la cama
El informe forense emitido por el Instituto de Medicina Legal revela que doña Rosa Amanda Galeano Sánchez falleció a consecuencia de una hemorragia intracraneal provocada por un trauma craneoencefálico severo, debido a politraumatismo contuso contundente. Esto se lo provocó la caída desde su cama.
“Según información de la Policía Nacional, la caída de la señora Galeano es producto de haber olvidado cerrar la baranda, lo cual permitió la caída de la señora”, señaló Walter Cuadra, médico forense. “Desde el punto de vista médico legal es una muerte violenta, y debe considerarse una negligencia médica ocasionada por el personal de enfermería”, concluyó.
Pero, ¿estaba colocada la baranda cuando la paciente cayó al piso? La fiscal Grethel Fernández sostiene que no, y con las pruebas que presentó ante la jueza Lezama, logró que le impusieran un año de prisión a María Magdalena Sandoval.

Las pruebas de la Fiscalía
El doctor Rafael Díaz, ex Director del Hospital “Roberto Calderón”, basó sus declaraciones ante la juez en el informe que le presentó el comité de análisis del fallecido. Este documento concluye que las notas de enfermería elaboradas esa noche, no señalan “si la paciente tenía puesta la baranda de la cama, si estaba sujeta, o el motivo por el cual sufre la caída”.
“El declarante (doctor Díaz) expresa que la caída pudo haber sido por causa de que no se subió la baranda”, se lee en la sentencia condenatoria. Por su parte, el doctor Julio César Marín, ex subdirector del hospital, declaró que “lo lógico es que esto (situación de la baranda) se deje consignado en el informe (notas de enfermería)”.
La Fiscalía sumó a estas pruebas el resultado del informe policial presentado por el inspector Sandor Salinas, quien señaló que las barandas “tienden a moverse solas por su desgaste”. “Este inspector, de acuerdo con la investigación… expresó que según lo referido, la baranda estaba abajo y no arriba”, se lee en la sentencia emitida por la juez Ariadna Lezama.

El argumento de la defensa
Pero Leonel Torres Alfaro, defensor de Sandoval, se aferra a las declaraciones del suboficial Keneth Calero Vivas, sobre el grosor del colchón de la cama, donde supuestamente reposaba doña Rosa Galeano cuando cayó.
Calero aseguró que al momento de la inspección --la cual se realizó el 7 de junio de 2006, es decir, casi dos meses después del incidente--, el colchón de la cama sobrepasaba las barandas, lo cual “permite un fácil deslizamiento de la persona al suelo”. Pero también reconoció que dicho colchón era más grueso que el de las otras tres camas de la Unidad de Cuidados Coronarios.
Cuando la Fiscalía la preguntó a Calero si la colchoneta que vio era nueva, respondió: podría ser.
Torres Alfaro descalificó, además, las declaraciones de Díaz, al señalar que éste reconoció que no podía concluir que la baranda estaba hacia abajo, y que en cambió admitió que bajo los efectos de un fármaco, un paciente puede estar “agitado”.
“No puedo dar la conclusión de algo que no vi. Sólo se señala en el informe que la paciente cayó de la cama”, aceptó el doctor Díaz, a la defensa, que insistió en que el doctor Marín ni siquiera tuvo a mano el informe del análisis del comité.
END le consultó directamente a la acusada:
La Fiscalía sostiene que usted le recetó un medicamento a la paciente, y que en un descuido, no subió la baranda y se cayó.
En ningún momento. Eso es falso. O sea, yo no le he recetado nada, porque a esa hora yo ya le había suministrado sus medicamentos, y yo no bajo las barandas para hacerlo, porque las barandas dan acceso a aplicar los medicamentos, estando hacia arriba.

¿Existe responsabilidad suya?
No, porque la responsabilidad va sobre la administración, por no cubrir las necesidades que hay, porque estamos escasos de recursos, falta de personal.
Para nada he cometido ningún error, porque yo siento que yo le di la atención que le tenía que dar a la paciente.

Supervisión clínica deficiente
El informe del comité análisis del fallecido, también concluyó que las notas clínicas de la paciente eran escuetas, y que los datos sobre su evolución estaban incompletos. “No hay un buen análisis clínico y la valoración neurológica es inadecuada. No muestran algunas de ellas, fechas, nombre del médico que las escribe ni sellos. No hay una nota clínica que indique el ingreso de la paciente a U.C.C”, reza el documento.