Nacional

Ejército de samaritanos para socorrer al prójimo


María Haydée Brenes

La temporada de verano inició ayer, oficialmente, tras el acto que dio por inaugurado el Plan Playa 2007 de la Cruz Roja Nicaragüense en Pochomil. Sin embargo, los voluntarios han comenzado su labor humanitaria “con las uñas”, pues se carece del presupuesto necesario para dar atención al millón de personas que en estas fechas visitan los principales balnearios del Pacífico de Nicaragua.
De acuerdo con Byron Calderón, jefe general de socorristas, se necesitan como mínimo 60 mil córdobas por día para garantizar que los 900 socorristas voluntarios tengan medios para transportar a los pacientes, así como su alimentación. “Para este Plan Playa, Cruz Roja requiere de un millón 454 mil 849 córdobas, pero hasta el momento apenas se han colectado para este fin 800 dólares, 30 mil 362 córdobas y 37 mil córdobas en materiales logísticos, de allí que nuestro lema es ‘Ayúdanos a ayudar y ¡salvemos vidas!’, porque necesitamos apoyo de la empresa privada, de instituciones públicas y de los nicaragüenses en general”, destacó Calderón.
Satisfacción de ayudar
Cabe destacar que los socorristas que usted ve en los diferentes balnearios no ganan dinero por su trabajo, y tienen como única recompensa la “satisfacción de ayudar a los demás”.
“Nuestro trabajo es voluntario, es una vocación de servicio que permanece en las personas que se integran a este trabajo siempre, porque, aunque parezca increíble en estos tiempos, nosotros hacemos esto no por un salario, sino por voluntad, aun cuando le restamos tiempo a nuestras familias. Sentimos que es un deber, y si uno deja de venir a prestar servicio no se siente bien”, comentó el socorrista Romualdo Artola, de 54 años, 37 de los cuales ha sido socorrista.
Don Romualdo se integró a la Cruz Roja en 1970 cuando su madre --que llegaba a Tiscapa a lavar ropa acompañada de sus cinco hijos-- le concedió el permiso de participar en los entrenamientos que los socorristas recibían.
“Los cinco hermanos somos socorristas, bueno ahora sólo he quedado yo activo pues por razones económicas ellos han emigrado, pero me siento feliz ayudando a la gente no sólo en las fechas de verano, sino en todo momento que se requiera, incluso cuando nació mi hija mayor, Evangelina, fue un Miércoles Santo, fui a conocerla y regresé a hacer mi guardia, porque sentí que ella estaba segura en la casa y mi deber era estar aquí”, destacó el señor Artola.
Preparación
Desde enero, pese a los fríos, los socorristas eran recogidos de sus casas a las dos de la madrugada para ir a entrenarse y practicar técnicas de rescate en la laguna de Xiloá, y a las cinco de la mañana retornaban a sus hogares a prepararse para iniciar sus respectivas labores.
“Yo soy soldador, entonces llegaba de los entrenamientos a alistarme para irme a trabajar, igual ocurre a mis otros compañeros que son estudiantes, trabajadores de zonas francas, agricultores y profesionales”, señaló Artola.
El año pasado la Cruz Roja Nicaragüense brindó 888 servicios, fueron rescatadas con vida 176 personas, y perecieron ahogadas 17, en su mayoría en sitios donde por razones económicas no pudo cubrir la institución.
El primer año que Nicaragua tuvo socorristas en sus balnearios fue en 1961. Si usted desea colaborar con esta labor humanitaria que se realiza puede visitar la Cruz Roja Nicaragüense.