Nacional

Toda una vida dedicada a la cerámica negra


Matagalpa

Pareciera milagro… la imaginación navega el infinito y las manos se abalanzan sobre el búcaro (arcilla), hasta descubrir su tierno idilio que rasga el límite de la fantasía. Asombrosamente, sus prodigiosas manos le transmiten vida... a esa inerte e insignificante porción de barro. En pocos minutos y como si fuese magia de sus manos brotan maravillosas piezas… ¡Qué destreza para manejar la cerámica...! Contemplamos asombrados sus obras… ¡Qué mujer más virtuosa...! Así podemos definir la tesonera laboriosidad de María Estela Rodríguez, de 51 años, una de las máximas exponentes de la cerámica negra en Nicaragua.
Apenas a los cinco años inició su carrera de artesana; Eustaquia del Carmen (su mamá) le heredó la habilidad y tradición. Pero fue a los 22 años que comenzó a trabajar de lleno con la cerámica, dando continuidad a la tradición familiar que se remonta hasta cinco generaciones atrás. Esta familia originaria de El Níspero (Jinotega) es la creadora de la cerámica negra, y nació de “pura casualidad, como pasatiempo, principalmente de las mujeres, y es que a ellas les gustaba tener adornada la casa”. Por diferentes motivos, la familia se trasladó a Matagalpa en 1942, asentándose definitivamente en la ciudad.

¿Qué significa esta labor para María Estela?
No oculta su emoción al responder sobre el significado de la cerámica negra en su vida, desde siempre ha trabajado en ella: “Es parte muy importante de mí… Está claro, es mi vocación”, revela pausadamente. Dar forma de fino ángel a dos libras de barro no es cosa fácil que se diga… Por la tarde la encontramos atareada en esa faena, tiene un encargo de 38 piezas y el tiempo es poco para entregar la obra. A la semana elabora unas 10 piezas (delfines, tortugas, caballos, camellos, peces, gallinas, etc.), que dependiendo del tamaño se cotizan entre 30 y un mil córdobas. Pero estima que por semana las ganancias pueden ser de 600 córdobas. Pero, ¿se vive de la cerámica? “Prácticamente no”, confiesa María Estela, “muchas veces tengo que buscar otro trabajo o mi hijo me proporciona plata para cubrir gastos de la casa”. En la familia trabajan sus hermanas Martha Julia y Ernestina, su mamá y ella; pero teme que la tradición familiar se termine, porque ya nadie quiere insertarse en el negocio. Con mucho pesar hace hincapié: “Ninguno de nuestros hijos quiere trabajar en la cerámica negra, se dedican a otras cosas, que según ellos son más rentables para vivir”.

La cerámica: proceso difícil
Sinceramente, la cerámica es muy compleja; no es sólo tomar un pedazo de cualquier barro y ponerse a trabajar. ¡Noooo!, se necesita de barro virgen que se encuentra hasta cuatro metros de profundidad del suelo. Para purificar aún más el barro se tritura en piedra de moler y se separan las impurezas con malla (zarandea), hasta que queda en polvo. Finalmente, el barro se combina con arena fina de mar, para dar mayor consistencia a las piezas y que no exploten en el proceso de cocción. María Estela reconoce que “aun cuidando de estos mínimos detalles, se pierde mucho con el cambio de temperatura”.
Barro, arena y agua dan paso a la pasta que es la materia que se transforma en las piezas; antes de pulirlas se aplica “engobe” --un batido de “piedra de Tawe”-- para eliminar imperfecciones. Finalmente, las piezas se pulen tres o cuatro veces para sacarles brillo. “La pieza para pulirla debe estar húmeda, y en la última pulida debe estar seca para sacarle brillo”, revela la artesana. En este momento la pieza está lista para la fundición. Dependiendo del tamaño, las piezas se funden en horno o fogón, proceso que dura unas ocho horas, luego se enfrían por dos horas y se limpian para decorarlas con agujas.
El color: ¿secreto, mito o qué?
Mucha gente cree que la cerámica negra está llena de secretos y mitos por el esplendor de su color, pero esos rumores los descarta María Estela: “No hay secretos ni mitos, pero se debe seguir fielmente los procedimientos de elaboración de la cerámica que terminan con el color negro”.
La magia del color la proporciona la madera de pino, y no con trozos grandes, sino el llamado “colocho”, que es el residuo de su cepillada. El pino da mejores resultados, son más brillantes las piezas; “he probado dar color con otras maderas y los resultados no son los esperados...”. Marta Estela y su familia mantienen viva la tradición de sus abuelos. “Mientras esté viva, así será”, asegura ella, pero tienen la gran responsabilidad de traspasar a la sexta generación esa herencia llamada Cerámica Negra.

* Colaboración para END