Nacional

“Que sos arrecha Venancia te grita el Cerro Quemado”


Edwin Sánchez

Primero escuché la canción antes de conocerla: “Venancia”. Pensaba que era la representación de tantas mujeres combatientes en una que idealizó el artista. Pero la realidad sí exhibía a una mujer tan ajustada en carne y hueso a la letra que llegó a ser una de esas vidas --pocas, por cierto-- que se pueden ir tarareando por el mundo.
Era su biografía cantada por Luis Enrique Mejía Godoy. “Venancia pechos de cabra, que sos arrecha Venancia…”
Las ciudades cuentan con el mérito de la dirección conocida. Ahí están sus museos y sus monumentos históricos. “Las Sabogales” en Masaya o la “Casa de la Delicias del Volga” en Managua. Por eso, la vivienda de Benigna Mendiola en Bijagüe, montaña adentro de Matagalpa, nunca formará parte de ninguna referencia, a pesar de que por ahí estuvieron los más célebres guerrilleros que finalmente derrocaron a Somoza: Carlos Fonseca, Henry Ruiz, Edén Pastora, Víctor Manuel Tirado López, Tomás Borge, Carlos Agüero, Germán Pomares, Jonathán González...
Eran tantos los legendarios comandantes, que por algo Luis Enrique sintetizó su existencia de dos plumazos: “Por nacer en la montaña, sos hija de la guerrilla, compañera campesina”.
Logró 22 manzanas gracias a la Reforma Agraria de los años 80, y una morada que en esa década cooperantes alemanes construyeron para los profesionales.
Tras la muerte de Bernardino Díaz Ochoa, quedó sola, “para no ponerle padrastro a mis hijos. Así me quedé criando a mis hijos”. Son dos varones y dos mujeres.

Todo comenzó con robo
de madera
Benigna empezó la lucha sindical en los 60, en La Tronca, con Bernardino Díaz Ochoa. ¿Cómo fue aquello? “Le hacen un robo de una madera, y él vino a buscar quién lo defendiera en Matagalpa, y se fue a la Inspectoría del Trabajo, y fue cuando ve la necesidad de formar un sindicato. Fue el primero, ahí formamos la Junta Directiva, donde quedó Bernandino, yo, la Moncha Díaz y Santiago Arteta”.
“Había cuatro haciendas, sindicalizamos a la gente y empezamos a defenderlos para que no robaran el séptimo día ni el salario mínimo. Eran campamentos llenos de jelepates y pulgas; servían de comida una tortillota en la mano que debían doblarla como un embudo y ahí, plas, la cucharada de frijoles parados, cocidos en grandes tucos de barril. Esos frijoles eran morados, y si no llevaba el trabajador su tarrito, pues no bebía café.

La revoltosa
Para la época, mediados de los 60, ganaban cinco córdobas al día. Eran haciendas de café y ganado. La labor sindical era dirigida por la CGT independiente. Después se formó con delegaciones de todos los departamentos la Confederación de Trabajadores del Campo. Bernardino quedó de presidente “y yo andaba metida en eso porque he sido revoltosa”.
Uno de los motivadores urgentes por el cual esta dama decidió no ser una simple ama de casa, fue “porque mucho jodían a las mujeres, les pagaban tres pesos y al hombre cinco. Tenían la maña, cuando había mujeres bonitas, que las ponían aparte si le gustaban al capataz.
En los años 60 hasta el 71, año en que fue asesinado por la Guardia, tras haberlo capturado, Bernandino miró que era insuficiente la lucha sindical para lograr la justicia plena. Por eso se contactó con las columnas guerrilleras.
Cuando matan a su marido, el tres de septiembre, Benigna “bajó” a Managua para denunciar el hecho. “Y me le aplasté a Aquiles Aranda Escobar (jefe de Relaciones Públicas de la Guardia Nacional) y que a güevo me lo tenían que dar. Me recibió él, que iba a ayudarme a hacer todo lo posible para entregar el cadáver. Los periodistas que juegan un trabajo muy importante me ayudaron”.
La canción de Luis Enrique habla de la Venancia, que “tiene un hermano enterrado, porque era del sindicato”. Benigna aclara que además de ser marido y mujer, “también fue mi hermano en la lucha”. Y precisa que el Cerro Quemado es realmente el Cerro Colorado. “Nosotros vivíamos en Quilile, cerquita del cerro”.
Con su capacidad organizativa, logró que los sindicatos se convirtieran en cantera de guerrilleros para engrosar las filas del FSLN. “Buscamos lo mejorcito de los sindicalizados, para integrarlos al Frente. Se les iba metiendo la política y de ahí salieron varios guerrilleros”.
Surgieron de Bijagüe Arriba: Jacinto Hernández (+) ya muerto, Pablo Hernández, Luis Hernández (+), Sixto Huete (+), Pancho Zamora, Víctor Zamora, Juan Guido, Denis Ortega (+) y El Callado --Efrén Ortega--, a quien mató la Guardia en Jinotega. Y, por supuesto, Catalino Flores.
Después, en Bijagüe Abajo: Fausto Díaz (+), la familia de Díaz: Pablo, Genaro, Santos (+); María Castil esposa de Santos Díaz, y tres hijas de don Amado Díaz. Dos están vivas.
Del sindicato de Yaoska: Luis García Cardenal (+), Pedrito “El Minero” (+), José Ángel Granados (+) y Maximino Martínez (+).
En Caño Negro: una familia Méndez y Teodoro Fonseca (+), primo hermano de Carlos Fonseca.

Último retrato hablado de Carlos Fonseca
El jefe de la revolución, Carlos Fonseca, estuvo en la propiedad de Benigna antes de pasar a Zinica, donde sería muerto por la guardia.
“Lo tuve escondido. A mí me lo dejaron por dos días. Era bien simpático, de ojos claros, un su sombrero que no se lo quitaba y tampoco le tiraba la vista a uno. Él agachaba la vista. Era alto. Y andaba un fusil. Su ropa era de civil, pero cargaba una mochila verde olivo. Lo vi delgado, muy sereno en sus cosas, muy sincero para hablar, muy educado, no era prepotente. Ese día que me lo dejaron, me lo encargaron: éste es el hombre clave. Que me hiciera morir, pero que no dijera dónde estaba él. Mi casa estaba delante de El Trébol, antes de llegar al río Bul Bul, en La Tronca. Carlos estaba afeitado. A él se le cayó una brújula que le serviría para poder salir, pues iba a lo más profundo de la montaña. La buscamos, pero no la encontramos. Su nombre era Agatón, y sólo andaba con un baquiano: “El Negrito” Filemón Cruz Bello.
Y Pablito y Jacinto Hernández se lo llevaron luego. Lo metí en un rastrojo y hasta allá le llevaba comida. Y un día como estaba lloviendo, bajé a dejarle comida. Me dijo con su modo amable: “¿No sabe dónde venden alguna lechita?” Me sorprendí de que el baquiano le hablara de mal modo: “No hermano, aquí no se pide leche”. Yo le dije: Ya le traigo la lechita. Llamé a la “Olanchana”, la ordeñé, le eché café, y le llevé una jarrita y tortilla con cuajada. Entonces le dije al baquiano: “Usted no lo ande regañando”. En la noche se lo llevaron. Yo rápido le aliñé café, cuajada y pinol.

¿Qué hace ahora la Benigna?
Ahora ya no estoy en la Asamblea Nacional, donde estuve dos períodos. Ni en la UNAG; estaba en la Dirección Nacional. Me voy a mi casa a criar patos, y tengo mi finquita que me la dio la Reforma Agraria, con 22 manzanas. Allá voy cada 15 días. Mi casita no es piñateada.

¿Está en el Frente?
No estoy en nada, no me han asignado ningún cargo, por mi cuenta propia estoy en la fundación Aries, con las mujeres. La Asociación de Veteranos de Guerra de Las Segovias me buscó y le acepté. Soy presidenta.

¿Qué tanto de los sueños de Benigna y Bernardino se cumplieron en los 80?
Alguna vez sí se cumplió. Se entregó la tierra a los campesinos.

¿Ha cambiado todo?
Hay cambio y ha ido cambiando un montón de cosas. Esa mística revolucionaria que hablaban en la montaña, no fue cierta. Lo siento mucho, que me sancionen, pero no puedo mentir. Esa hermandad de aquel tiempo no la tenemos ahora. Hoy vivimos el tiempo del sálvese quien pueda. Hay un montón de colaboradores del Frente que se sienten solos, hasta una señora, Fidelina Aburcia Solórzano, que ha venido cinco veces a dejar cartas a la Secretaría del FSLN y no la han podido recibir. Es una colaboradora del Ejército de Sandino. Nació en 1910, su papá era del Ejército Defensor, don Arcadio Aburcia.
La llevo y no me le hacen caso. Quiere tener un pedacito de tierra para morir tranquila en sus últimos días con el marido que quedó muy enfermo luego de lo que le hizo la Guardia. Por andar de revoltosa durante la guerra con los contras, salió tirada de una pierna. Yo deseo que el presidente Ortega la reciba.

¿Volvería Benigna Mendiola a repetir la lucha, si pudiera regresar al pasado?
No, no vuelvo, después de todo esto que he tenido y acabado vieja y cansada. No, que no me pase lo de la vaca, que dio la leche, y que ya vieja, va al destace. No vuelvo a andar metida de revoltosa, ni en sindicato ni nada. Ahora sólo apoyo a los compañeros que fueron del Ejército.

¿Y tu sonrisa, Venancia, es bandera en nuestra lucha?
No pierdo mi carácter ni mi bandera que es decir la verdad de frente. Yo siempre he sonreído, en las buenas o las malas, para animar a la gente como en aquellos días difíciles de la lucha contra Somoza. Yo soy de las que dan la cara y no como otras que hacen una cosa y muestran otra. Uno debe demostrar lo que es. Sigo siendo la misma Venancia de la montaña. Por la verdad murió Jesucristo y así debemos morir nosotros. Ser siempre sinceros. Por eso caigo mal. No hay que ser como aquellos que ahora tienen camionetotas, y que en vez de hablarte te echan más bien el polvo del camino.

¿Y el disco?
No lo tengo.

Frase de Bernardino y una película sin su crédito

Las palabras que Bernardino Díaz Ochoa respondió al entonces redactor de La Prensa, el historiador Roberto Sánchez --cuando el líder campesino bajó del campo para apoyar a las madres de los reos políticos-- pasaron directas años más tarde a la vitrina de las frases sublimes a través de cartelones, afiches, mantas y consignas durante la revolución. El mártir dijo prácticamente un poema, pero la gente del Departamento de Agitación y Propaganda, DAP, “corrigió” su “pájaro” por “ave”, una expresión más urbana, y no quedó así como la pronunció: “No somos pájaros para vivir del aire ni peces para vivir del mar, somos hombres para vivir de la Tierra”.
Fue tan plástica esta expresión, que ahora circula por el mundo, sin darle ningún crédito a su autor. Por ejemplo Franceso Taboada Tabone, cineasta, dirigió el documental “Los últimos zapatistas, héroes olvidados”, y en su propaganda actual se lee la frase en español y hasta doblada al inglés: “Nosotros no somos peces para vivir del mar / No somos aves para vivir del aire./ Somos hombres para vivir de la tierra”. O: “We are not fish that live from the sea. / We are not birds that live in the air. / We are men who live from the land”.
¿El FSLN ahora en el poder demandará el reconocimiento de los derechos de autor de Bernardino? Es una pregunta que cabe plantearla, ahora que Benigna nos habla de sus luchas.