Nacional

Insuficiencia renal diezma a Occidente

** Verdadera pandemia con oscuras causales y más oscuras posibilidades de algún alivio económico ** Aguas contaminadas por cultivos de algodón, banano y caña, es una de las explicaciones ** Factores multisectoriales, dicen médicos contratados para analizar la fatal incidencia sobre familias enteras

Pedro Zapata Varela, de 39 años, yace postrado en una cama, su mujer y dos hijos esperan con resignación el desenlace, que puede ser en cualquier momento. Ninguno de ellos se despega de la cama ubicada en el único cuarto que tiene la humilde vivienda de ripios de zinc, cartón y madera, ubicada en el barrio “Marvin Salazar”, de Chichigalpa.
Para ninguno de los vecinos la muerte de Zapata Varela será una sorpresa. Desde 2000 le diagnosticaron Insuficiencia Renal Crónica, la misma enfermedad de la que murieron su papá, José Guillermo Zapata, y su hermano Ángel Zapata Varela.
Fidelia de los Ángeles Ruiz Aguirre, esposa de Pedro, asegura que durante 23 años entregó su alma, vida y corazón al duro trabajo en los cañaverales, “lo único que le quedó fue la insuficiencia renal crónica”, asegura.
Cuando el equipo periodístico de EL NUEVO DIARIO visitó a Pedro Zapata en su lecho de enfermo, un auto-parlante invitaba a la vela de doña Amparo Aráuz. “Ella murió hoy por insuficiencia renal crónica”, asegura Carmen Ríos, Presidenta de la Asociación de Personas Afectadas por Insuficiencia Renal Crónica.
El fallecimiento de Aráuz aumentó el número de muertes por esa enfermedad, que según Ríos, hasta febrero de este año, llegaba a 2,417 sólo en el municipio de Chichigalpa.
Origen multifactorial
Tanto Ríos como los cerca de 30 enfermos con IRC que a diario se reúnen en la sede de la asociación, afirman que la enfermedad la adquirieron como consecuencia del consumo de agua contaminada.
A las afirmaciones de Ríos se sumaron también el Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (Cisas) y la Unión Internacional de Trabajadores de la Agricultura y la Alimentación, pero personeros de la compañía Nicaragua Sugar Estates, dueña del Ingenio San Antonio, aseguran que la insuficiencia renal crónica que sufren habitantes del Occidente del país tiene origen multifactorial, y no es consecuencia del trabajo en los cañaverales.
“El problema es de Occidente, algo tenemos ahí que hasta el momento no se ha llegado al fondo de la verdadera causa”, asegura el doctor Félix Zelaya, médico internista que trabaja para el Ingenio San Antonio.
Lázaro Enrique Ríos Ramírez tiene 70 años, y 40 de ellos trabajó para el Ingenio San Antonio. Sus amigos le llama “El Niñero”, porque durante fue empleado en el ingenio hizo de todo, pero principalmente de niñero, pues acompañó en todo momento a los hijos del dueño del ingenio cuando iban de cacería a Cosigüina, y cuidaba de los yates de éstos cuando iban a San Juan del Sur.
Ríos Ramírez salió junto a cientos de trabajadores y sus familias de la que se conoció como la ciudadela San Antonio --ahí vivía buena parte de los empleados permanentes del ingenio-- y fueron llevados a un reparto que bautizaron como Candelaria, pero que los trabajadores llaman “El Quilombo”.
Ríos ha perdido poco a poco la vista, sufrió un derrame, en 2000, perdió a su hijo, el médico Enrique José Ríos Urbina, quien trabajó durante mucho tiempo en la clínica del ingenio, la causa fue insuficiencia renal crónica. Su otra hija, Carmen Ríos, también sufre la enfermedad desde que la diagnosticaron en 2006.
“Consumimos agua contaminada”, asegura Carmen, quien repite que ella no laboró para el ingenio, pero igual fue afectada.
Por órdenes de los administradores del Ingenio San Antonio, el laboratorio de referencia internacional en el Canadá, Pollutech, realizó en 2002 un estudio para buscar contaminantes, se tomaron muestras de sangre, se sacó muestras de agua en pozos rurales. “Los resultados no encontraron contaminantes de ningún tipo”, asegura el doctor Zelaya.
Juan Félix Poveda García trabajó 29 años en el área de la fábrica del ingenio, en 2002 comenzó a tener problemas en su salud: “Me sentía caliente, como con calentura, con dolores en las manos, rodillas, codos, y con un fogonazo en todo el cuerpo” recuerda.
Cuando ya no aguantó los malestares acudió a la clínica del ingenio, la doctora que lo atendió no le dio mucha explicación, lo único que le dijo fue que ya no podía seguir trabajando. “Me dijo que me pararía el trabajo por insuficiencia renal crónica”.
Para Poveda sólo comenzaba el Vía Crucis. Las gestiones en el seguro social duraron dos años para que al final le dijeran que no tenía derecho a una pensión, insistió, y después de idas y venidas le confirmaron que tenía derecho a una pensión pero era parcial, “era mejor que nada”, asegura, mientras se frota los brazos que los tiene colorados y con pequeñas ulceras que no dejan de molestarle.
“No puedo ni tomar un vaso con las manos”, se lamenta, mientras se queda dormitando en cada pausa de la conversación. “Es que no podemos evitarlo, sólo con sueño vivimos”, relata Orlando Cabrera Altamirano, de 69 años, conocido popularmente como “El Cubano”.
“Males de la pobreza”
El doctor Zelaya insiste en que las causas de la insuficiencia renal crónica que sufren cerca se siete mil personas en Chichigalpa no tiene su origen en los cañaverales. “Yo pienso que es multifactorial, muchos factores que son conocidos y otros que hay que buscarlos”, explica.
Zelaya llega a comentar que incluso la IRC puede tener su origen en la evolución natural del ser humano, “se van envejeciendo los órganos y entre ellos está el riñón”, asegura, pero va más allá, y cree que la raza también tiene algo que ver en el asunto.
“Le podemos agregar factores como la raza, se habla que hay personas que nacen con menos cantidad de nefrona, bajo peso al nacer, desnutrición, desnutrición materna, que son todas enfermedades sociales que dependen de la situación económica, de la pobreza”, señala el especialista.
“Hasta este momento no se ha demostrado que sean los químicos” usados en la caña los causantes de la insuficiencia renal crónica, expresa con mucha seguridad.
Casi todo el país
Un informe de atención a pacientes con IRC del Centro de Salud de Chichigalpa, en 2006, detalla que en el municipio existen alrededor de 3,200 pacientes diagnosticados con insuficiencia renal crónica que provienen en un 70 a 80 por ciento del municipio de Chichigalpa, y del resto de municipios como El Viejo, Chinandega, Posoltega, El Sauce, Somotillo, León, Malpaisillo, Bluefields y Matagalpa, entre otros.
Informaciones sobre la base de defunciones reportadas por la Alcaldía de Chichigalpa indican que hasta el 14 de marzo de 2005 habían fallecido 1,007 personas por insuficiencia renal crónica; y un registro de la Asociación de afectados por IRC señala que hasta febrero de 2007 había 2,417 fallecidos.
Para Álvaro Bermúdez, Director Administrativo del Ingenio San Antonio, la compañía no tiene ninguna responsabilidad laboral con el caso de los afectados con insuficiencia renal crónica.
“No tenemos ninguna responsabilidad, sí tenemos responsabilidad social, y por eso alertamos a las autoridades del país de que en la zona de Occidente el problema de la IRC era serio, pero responsabilidad directa como causante de la enfermedad no tenemos ninguna”, afirmó categóricamente.
Para Bermúdez, el problema de insuficiencia renal crónica en Occidente es de orden sanitario, y debe ser analizado con responsabilidad por las autoridades del país. “Es un problema médico y no laboral, es una equivocación más de la forma de tratar este problema”, asegura.
Los tóxicos sintéticos de los 60
Denis Meléndez, del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (Cisas), afirma que la insuficiencia renal crónica tiene que ver con la forma de producción adoptadas en la década de los 60, con la implementación del algodón, caña y banano, donde se hizo uso de agrotóxicos sintéticos. “Hay fuerte contaminación en suelos y cuerpos de agua, y aún hay evidencias de inventarios de estos productos que siguen expuestos a la intemperie”, asegura.
Pero Bermúdez cree lo contrario. “En la caña no se usa ningún tipo de insecticida, menos de la ‘lista maldita’”. Explica que en el Ingenio San Antonio la caña se maneja a través de un sistema biológico, “no hay pesticida que pueda causar este problema. Además, tóxicos sintéticos, eso no existe, no ha existido nunca”, afirma.
Carmen Ríos asegura que en las plantaciones de caña se usaron Gramoxone, Randox, Fura Dan, Maduradores Defoliantes, Ansar y otros, “puede ser que ahora ya no usen estos pesticidas, pero los usaron en un momento y esto es la consecuencia”.
En la caña de azúcar no se usan químicos contaminantes. “Las plagas se controlan con biológicos reproducidos en el laboratorio que tiene el ingenio y que están registrados como marca de Nicaragua Sugar Estate”, afirma la doctora Zela Porras Díaz, asesora legal de la compañía.
Pero mientras la polémica sobre las responsabilidades en la tragedia de los chichigalpinos gira en un círculo sin fin, los pobladores de este municipio siguen enterrando a sus muertos. “Ya ni preguntamos de qué murió”, comenta un poblador que se lustra zapatos en el parque central del poblado, mientras al auto-parlante invita a la vela de doña Amparo Aráuz.