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Karlos Navarro y sus "exilios académicos"


Erick Aguirre

Combatiente insurreccional, hijo dilecto de la ciudad de Jinotepe, historiador, jurista e investigador incansable, Karlos Navarro es el primer nicaragüense egresado de doctor, en ochocientos años de historia académica, por la Universidad de Salamanca, la más antigua de España y una de las más prestigiosas de Europa. Nos habla aquí de su especialización y de sus propuestas para una eficiente administración pública en Nicaragua.

Los lectores asiduos de la página de Opinión de EL NUEVO DIARIO reconocen su rostro “a la legua”. Su fotografía, de saco y corbata, sonriendo casi como un párvulo ante la cámara, acompaña sistemáticamente sus opiniones, puntualizaciones, y no pocas críticas contundentes al comportamiento institucional, administrativo y político del Estado nicaragüense y de sus representantes.
Nacido en los años sesenta, Karlos Navarro Medal, aunque es un historiador graduado de la Universidad de San Petersburgo, Rusia (antigua Unión Soviética), Licenciado en Derecho, con un Máster en Historia por la Universidad Centroamericana, y un Doctorado en Derecho Administrativo Público por la Universidad de Salamanca, España, en realidad es un típico representante de la generación “ochentera” de Nicaragua, es decir, la generación del “triunfo revolucionario” y del consecutivo “derrumbe de los sueños”.
Tiene en común con la mayoría de sus contemporáneos locales el hecho de conmoverse y animarse, alternativamente, con la música disco, el pop-rock de los setenta, la Nueva Trova Cubana y la música testimonial nicaragüense y latinoamericana. Fue un sobreviviente de la guerra insurreccional contra la dictadura de Anastasio Somoza, y de los crudos inviernos estudiantiles tras la llamada “Cortina de Hierro”.
Pero también ha sobrevivido, con su propio esfuerzo como docente universitario, a los 16 años de neoliberalismo, deshumanización y discriminación política que han asolado sin compasión a Nicaragua desde 1990.
Recuerdo las sentidas lágrimas de autorreconocimiento del escritor Franz Galich (otro sobreviviente de la dictadura de Lucas García en Guatemala), cuando Navarro le narró la historia de sus “carceleadas” durante el somocismo. De la primera de ellas, la más efímera, fue liberado casi por milagro de la propia Oficina de Seguridad Nacional en la Loma de Tiscapa, adonde fue enviado junto a su amigo Edelberto Matus, luego de una masacre de estudiantes en la ciudad de Jinotepe.
De la segunda no logró escapar tan fácilmente. Durante la insurrección final de 1979, él fue uno de los últimos en retirarse de las barricadas en Jinotepe, cargando el cuerpo inerte del militante sandinista Fernando Samqui Chang. En la ciudad no había condiciones para resistir con entereza luego del intento de sublevación, así que muchos de los combatientes se replegaron a Masaya, y otros al Frente Sur.
Como uno de los últimos eslabones de la retirada, Navarro se quedó rezagado y debió esconderse en un barrio casi céntrico de la ciudad, con la mala suerte de que alguien le “soplara” a la Guardia Nacional su paradero.
“Llegaron a buscarme varias patrullas --recuerda Karlos--. Entró a la casa un sargento y me preguntó: ‘¿Vos sos Karlos Navarro?’ Le respondí que sí, y lo primero que recibí fue un culatazo en el estómago. Después me llevaron a un cafetal, cerca de Diriamba, junto a otro compañero. Dijeron que iban a ejecutarnos. Nos hicieron arrodillarnos como a veinte metros a un lado de la carretera, detrás de unos matorrales, pero después alguien les cambió las órdenes. A lo mejor fue un milagro, pero lo cierto es que decidieron mejor llevarnos al comando, que estaba repleto de presos sandinistas”.
Para Karlos, todo lo que ha vivido desde entonces es “pura ganancia”, “horas extras”. En el comando fue sometido a golpes y torturas sistemáticas, y permaneció preso, hacinado en un galerón con decenas de reos, hasta que los combatientes triunfantes de Managua y Masaya, comandados por “Chombo” (el fallecido comandante Walter Ferreti), llegaron a liberar la ciudad y a cercar el comando. Navarro fue liberado tras una cruenta batalla en la que permaneció en medio del fuego cruzado entre sandinistas y guardias nacionales.
“Mi liberación no fue fácil, casi todo un día duró el tiroteo, hasta que el jefe del comando se sintió vencido y decidió intentar huir, usándonos como barricadas humanas. Dichosamente sobreviví a esos últimos momentos de angustia, en los que algunos presos murieron; por eso digo que el resto de mi vida es pura ganancia”, reconoce Navarro.
Pero estos sobresaltos no eran nuevos para Karlos, en 1978 participó en la primera insurrección general contra Somoza, junto a combatientes como el hoy general Julio César Avilés, o el actual comisionado mayor de la Policía, su primo hermano Ramón Avellán, entre otros.
Sin embargo, después del 79 vendría la otra guerra, la contrarrevolucionaria, azuzada y financiada por las administraciones estadounidenses de Reagan y Bush, pero Karlos se libró de ellas porque desde entonces empezó una vida de “exilio estudiantil” casi permanente. Regresó a Nicaragua en 1990, y desde entonces su labor investigadora ha sido incansable.
Ha publicado más de una decena de libros de Historia, Ciencias Políticas, Derecho y Seguridad Social. Entre los más recientes puedo mencionar al vuelo Entre el poder y la historia (ideologías trasmutadas en Nicaragua), La reforma al sistema electoral en Nicaragua (diagnóstico y propuestas desde la sociedad civil), ¿A quién representan y para quién legislan los diputados? (crisis de representatividad en la Asamblea Nacional), y La formación y consolidación del Derecho Administrativo nicaragüense.
Por su aporte a la historia nacional fue incorporado como Miembro de Número de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. Recientemente recibió de parte del Centro Nicaragüense de Escritores un reconocimiento por su labor ensayística, junto a personajes como Jaime Incer Barquero, Juan Bautista Arríen y Carlos Alemán Ocampo, entre otros.
Por su fidelidad y amor a la ciudad que lo vio nacer, así como por su reconocida e incansable labor intelectual, la Alcaldía de Jinotepe lo declaró el pasado 11 de febrero, Hijo Dilecto del municipio.
Un dato importante que a veces Navarro destaca con justo orgullo, es que estamos ante el primer nicaragüense que logra culminar un doctorado en la Universidad de Salamanca, cuyas autoridades académicas le otorgaron, por la originalidad y el aporte científico de su tesis, la máxima calificación (Summa Cum Laude). Vale señalar que la Universidad de Salamanca es la más antigua de España y una de las más antiguas y prestigiosas (junto a las de Bolonia, la Sorbona de París, Oxford y Cambridge) de toda Europa.
A Navarro le gusta a veces presumir acerca de la estirpe a la cual ahora pertenece como egresado de Salamanca, una universidad fundada en 1218 por el rey Alfonso IX de León.
“No es por nada, pero sólo imaginate que el claustro de esta universidad fue el que discutió la viabilidad del proyecto de Cristóbal Colón. Por esta Universidad han pasado, en calidad de alumnos o profesores, Fray Luis de León, Francisco de Vitoria (precursor del Derecho Internacional), Fernando de Rojas (autor de La Celestina), San Juan de la Cruz, Antonio de Nebrija (el gran humanista y autor de la primera gramática de la lengua caste-llana), Calderón de la Barca, Miguel de Unamuno (que fue rector en tres ocasiones), Enrique Tierno Galván y Adolfo Suárez (primer presidente tras la restauración democrática en España), entre muchos otros”, afirma Navarro.

¿Cuál fue el tema de tu tesis en Salamanca?
Trataba sobre el Servicio Público en Nicaragua, y fue un estudio comparado con Francia, España y Estados Unidos. En este último país, para estudiar el modelo de la Public Utilites norteamericana, tuve que hacer una pasantía investigativa en la Universidad de Berkeley, San Francisco, Estados Unidos. Con orgullo puedo decir que mis tutores fueron el ilustre catedrático de la Universidad de Salamanca, Miguel Domínguez Berruela de Juan, y el doctor Miguel Ángel Sendín García, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

¿Pero cuál es la originalidad de la tesis?
Bueno, la relevancia de la tesis y su innovación no reside en la materia tratada, el servicio público, por más que éste esté siendo objeto de una seria renovación durante los últimos años, sino en el ámbito donde esta materia se analiza, que es Nicaragua. Aquí los servicios públicos llevan años funcionando al margen de toda construcción teórica o jurisprudencial, con todo lo que eso implica. No hay obras teóricas en Nicaragua sobre el servicio público, ni tampoco líneas de jurisprudencia, hay obviametne sentencias aisladas, pero totalmente desconectadas entre sí. Y la situación normativa no es mejor...
Con tus estudios en el extranjero te dirán también que estás “buscando copias”...
Es que yo tampoco he pretendo la mera sistematización de soluciones foráneas, sino la construcción de un sistema propio y carácteristico
adaptado y pensado para el propio ordenamiento jurídico de Nicaragua y su realidad. En eso reside el aporte y la originalidad de la tesis.

¿La privatización de los servicios públicos ha sido buena o mala para la realidad nicaragüense?
Responderte eso implica remontarse a las décadas ochenta y noventa. A partir de las reformas del Estado numerosos países latinoamericanos, y por ende Nicaragua, apoyados por los analistas de la banca multilateral, comenzaron a identificarse con el movimiento de reforma de los servicios públicos.
Se inició un proceso de privatización y reorganización de los servicios públicos. Las razones fueron ideológicas (política liberalizadora), jurídicas (apertura al mercado) y económicas (búsqueda de eficiencia mediante apertura de la competencia); pero este proceso fue impuesto por los organismos internacionales y se encuentra todavía en una fase incipiente.
Sin embargo, la introducción en nuestro ambiente jurídico de nuevos modelos de intervención pública, como es el anglosajón de regulación, en sustitución de la “tradicional” técnica del servicio público, es una posible respuesta al problema, pero no está claro si al final vaya a dar los resultados esperados.
En especial hay que preguntarse si en los sectores en que la competencia nunca podrá ser perfecta, por limitaciones técnicas, económicas y de personal calificado, estas nuevas técnicas de control y regulación pública van a ser capaces de evitar la formación de oligopolios, coaliciones de empresas en perjuicio de los usuarios…

¿Hablamos de resistencia anticapitalista?
“Al margen de la ideología, de derecha o de izquierda, lo más importante es que los servicios públicos, estatales o privados, funcionen, y en Nicaragua, ni cuando eran del Estado ni cuando se privatizaron han funcionado, porque en ambos sistemas la calidad del servicio brindado ha sido inadecuada; y ha habido también una grave falta de continuidad, pues los servicios han estado sujetos a frecuentes interrupciones. Además, se carece de sistemas para que los usuarios den a conocer sus reclamaciones y sean atendidos oportunamente.
La administración pública sujeta al vaivén de una historia turbulenta, ¿así es?
Es que la marcada y continua inestabilidad política de este país (que se ha traducido en un constante e imparable cambio, no sólo del titular del poder político, sino incluso del propio sistema político), ha dibujado una realidad social y jurídica súper complicada para el sistema jurídico y de los servicios públicos; y este panorama no se va a componer con reclamos, sino sentando las bases jurídicas y poniendo a los operarios técnicos adecuados para que el sistema funcione.

¿Podemos decir que nuestra inestabilidad política ha impedido el desarrollo del Derecho Administrativo?
Pocos países han tenido una evolución tan compleja y problemática como la de Nicaragua en su historia. La inestabilidad política y las alternancias en el poder han traído consigo la incapacidad para llevar a cabo la construcción del ordenamiento jurídico administrativo desde una perspectiva unitaria”.

¿Eso explica la inexistencia de un verdadero aparato administrativo o que desde temprano no se haya desarrollado aquí el derecho administrativo?
“Es que en la regulación jurídica de esa estructura pública es frecuente encontrar figuras y conceptos propios del derecho administrativo continental europeo, de base francesa. Pienso, por ejemplo, en la figura de la concesión administrativa, que aparece frecuentemente en la normativa de Nicaragua, y que convive con soluciones jurídicas procedentes de otras latitudes, la influencia norteamericana por ejemplo… Todos estos factores determinan que el Derecho Administrativo de Nicaragua presente un alto grado de irracionalidad.

¿Cuáles creés que son los retos del nuevo gobierno en cuanto a la Administración Pública?
En primer lugar, creo que hay que formar un Instituto de Administración Pública, para que los funcionarios públicos se capaciten permanentemente, y los no acreditados lo puedan hacer. Aunque he tratado de hablar con la Secretaría Técnica de la Presidencia para ofrecer la formación de este Instituto, no he recibido respuesta todavía. Es necesario crear una Ley de Procedimiento Administrativo o de Documentos Administrativos, etcétera.
Además, el funcionamiento del sistema administrativo integrado en sus elementos principales por la Ley de Regulación de la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo (Ley nº 350), la Ley de Servicio Civil y de la Carrera Administrativa (Ley nº 370), y la Ley de Contrataciones del Estado (Ley nº 323), quedaría convertido en un edificio majestuoso, pero débil, por faltarle su viga maestra: la Ley de Régimen Jurídico y Procedimiento Común para el Derecho Administrativo.