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La larga vida de don Silvestre

Un siglo de vida le da a uno la cualidad de ser un personaje. En “El Menco” un anciano desafía el tiempo y hace planes para seguir celebrando. A diario hace una caminata para mantenerse en forma, y está tan lúcido que hasta recuerda la época en que las damas vendían cariño a 25 centavos la noche

BUENOS AIRES
Ubicar a una persona nacida en 1902 y hablar con ella perfectamente logrando burlar las lagunas que el tiempo logra abrir en su memoria, ya es de por sí una tarea difícil. Más difícil es lograr una caminata que permita un mejor afloramiento de los recuerdos
Francisco Silvestre García Hernández no sólo ha desafiado el tiempo al cumplir 104 años de existencia, sino que compartió con EL NUEVO DIARIO lo impensable: contó sus mejores anécdotas, hizo una caminata y confesó el secreto de su longevidad.
García Hernández ha vivido su siglo en la comunidad de “El Menco”, que es un pequeño pueblo del municipio de Buenos Aires, en el departamento de Rivas y asentado en las costas del Gran Lago.
Cuenta don Silvestre que en su infancia, “El Menco” era conocido como “Pueblo Chiquito”, y aseguró que sus padres, José Antonio García y Juana Luisa Hernández, fueron los primeros que llegaron al pueblo como trabajadores de una quinta. Entonces las casas se podían contar con los dedos de las manos y se decía que la luz eléctrica y los automóviles eran como esas cosas que el demonio inventó para ganarse las almas de los hombres modernos.
“Para esa época no teníamos problemas con apagones porque el candil era el que reinaba en las noches”, relata. Agrega que los únicos medios de transporte eran las bestias, cuyos dueños nunca sufrieron los altos costos que hoy en día sufren con los precios de los combustibles.
Familia que desafía el tiempo
Aunque parezca mentira, don Silvestre, a pesar de sus años, platica y revive sus anécdotas con una gran facilidad, y su vista, que aunque admite no es la de un halcón, le permite ver lo suficiente para pasearse por el pueblo y las costas del Cocibolca. ¿Cómo logra mantenerse activo?, le inquirimos. “Puede ser de familia, mis padres fallecieron después de los cien años”, responde.
Cuando llegamos a su casa, lo encontramos sentado en una silla que para él es como una especie de trono. “Desde aquí veo pasar el tiempo”, se adelanta a decir. Una casa de madera y techo de tejas salta a la vista para advertir que la fortuna de don Silvestre no ha ido de la mano con sus años de vida. “Si por año cumplido me habrían pagado, estaría mejor”, dice en tono jocoso.
Vida dura
Dice que su vida ha sido dura, que proviene de una familia pobre y que él siempre trabajó en el campo. “Con decirle que el salario más alto que alguna vez devengué fue de cinco córdobas a la semana”, añade.
Pero quizás en sus años mozos ese fue buen dinero, le dijimos. “Pues sí, era suficiente para sobrevivir”, agrega. Tras una especie de pausa para reflexionar, don Silvestre confirma que “en esos años” se ganaban centavos. Según don Silvestre esos cinco córdobas podrían ser hoy unos 500.
“Esa fue una época de los centavos, incluso nosotros les llamábamos chelines o bollos. Pareciera mentira, pero con esas moneditas se sustentaba la casa y hasta daba para unos que otros gustitos: mujeres y alcohol, porque hay que decirlo”, señala con cierto tono de malicia.
A esa hora de la conversación por la cabeza de don Silvestre ya rondaban las juergas que daban los chinamos de su época. “Sí eran buenos esos lugares”, agrega. “Yo fui hombre de guarón, de visitas a damas nocturnas de a 25 centavos el cariño”, confiesa.
Pero, ¿no son esos placeres los que acortan la vida?, le preguntamos al anciano. “Yo creo que no, que eso es un cuento”, responde. “No es que lo recomiende tampoco, lo que pasa es que todo debe ser medido”, argumenta.
“El verdadero secreto para vivir muchos años es Jesucristo, es él el que me tiene aquí en la tierra, y es él mismo el que cada día me fortalece para vivir lo que me queda”, señala.

Las caminatas, su descendencia y su dieta de rey
Este señor de 104 años camina todos los días sobre las costas del Gran Lago, como una estrategia para mantener sus huesos en forma. Se le ve de buena salud, y él mismo confirma que pocas veces se enferma.
“Tal vez tengan algo esos frijolitos o ese arrocito, aunque a veces los acompaño con un pescadito o una gallinita de patio”, explica sobre lo que él mismo ha denominado su “dieta de rey”. “Bueno, es que hasta eso es un privilegio en esta pobreza”, agrega como una respuesta al nombre de “sus banquetes”.
Entre sus anécdotas relata que una ocasión, una enfermera casi muere de un infarto al verlo caminando en los pasillos del hospital, creyéndolo enfermo, cuando en realidad sólo asistía a su único hijo, Francisco Cuendis García, cuando se recuperaba de las consecuencias de un accidente de tránsito. “Incluso, me mandó a acostarme y no creyó mis explicaciones”, señala.
Recordó que la única vez que ha estado en un centro asistencial fue en 1992, cuando fue intervenido de un tumor benigno en la cabeza.
Descendencia limitada
Aunque sus años han sido largos, su descendencia se ha visto limitada. De seis hijos que procreó, sólo uno le sobrevive, y éste le ha dado ya 12 nietos, se le cuentan también 10 bisnietos.
Su hijo, de 64 años, dijo estar muy feliz por tenerlo aún con vida, ya que aseguró que fue buen padre. Ambos dijeron que desde ya hacen planes para el próximo 31 de diciembre. ¿Y que harán ese día? “Pues celebrar un año más de vida”, respondió don Silvestre.