Nacional

Se busca a otro papá en Cuba


Edwin Sánchez

José Carlos, desde hace 25 años, contó con un hogar normal: los padres, una hermana y hasta dos sobrinos. Quizás 2007 sea el año que marque sus más grandes recuerdos, porque sus padres son, en realidad, sus abuelos, la hermana resulta que es su propia madre, y los sobrinos deberán ascender al grado de hermanitos.
Doña Rosaura Castillo Rodríguez llegó desde Nueva Guinea con una historia a la que ya quiere encontrarle su debido desenlace, sin haberla copiado de ninguna telenovela, sino de su propia vida. Nadie le elaboró el argumento, y quiere, un cuarto de siglo después, dar con el final: encontrar al papá de su hijo que fue criado creyendo que ella --doña Rosaura-- era su hermana mayor.
Leyó en EL NUEVO DIARIO la historia de la joven fallecida Olaska Alejandra Torres González, que quedó esperando algún día --que ya nunca llegó-- conocer a su padre, el cubano Gustavo Rodríguez Pérez.
Juntaron cariños
Durante la Cruzada Nacional de Alfabetización, se encargó de suplir de provisiones a la brigada de maestros cubanos en la región de Serrano, en Nueva Guinea. Ahí juntaron sus cariños Rosaura y Abraham González Riverón, originario de la provincia cubana de de Ciego de Ávila.
El profesor se marchó y nunca se dio cuenta de que dejaba a una nueva mamá en Nicaragua. Rosaura dio a luz en abril de 1981 a José Carlos, actualmente en Estados Unidos. Para no hacerlo sufrir, los papás de ella se encargaron del muchacho como los padres verdaderos, y ella en casa, lo atendía en todo. Así, la criatura creció creyendo que los abuelos eran sus progenitores y Rosaura la hermana mayor.
“Soy comerciante y ahora yo quisiera tener contacto con Gustavo, el padre de Olaska, para saber de Abraham González”, dijo.
De seguro, aunque no lo dice explícitamente, doña Rosaura quería que un día su vástago, hoy convertido en un ingeniero civil, conociera la historia de su origen. Fueron las publicaciones de END sobre el drama de Olaska y su desenlace fatal, escrito la semana pasada por la periodista Valeria Imohf, que sintió el suficiente impulso para salir de Nueva Guinea y llegar temprano a Managua para buscar la ayuda de EL NUEVO DIARIO, pues fue precisamente a través de este rotativo que la finada muchacha pudo por fin hablar con su padre por teléfono. Quedó pendiente el viaje a Cuba.
“Vivo como en un sueño”
“Cuando vi la información, a mí me pareció un sueño lo que estoy viviendo. Son 25 años, mi hijo no está en el país. Para él yo soy su hermana. No sabe todavía que soy su mamá”.
¿No tuvo algún tipo de comunicación con Abraham González?
Nunca lo volví a ver. Me acuerdo que a los cuatro meses de haber retornado a Cuba, me envió calcetas y unas pelotas de basket. Y eso fue todo, ni me escribió ni nunca más tuve comunicación. Ahora lo que quiero es ver si es posible hablar con Gustavo Rodríguez Pérez (el papá de la joven fallecida), y si me puede ayudar a mí. Con él hasta asistí un parto.
¿Cuándo conoció a Abraham?
Lo conocí en el tiempo que vino al alfabetizar. Yo trabajaba en los CDS, y daba clase en los Colectivos de Educación para Adultos. Es por eso que los conozco a ellos (los cubanos). Tenía que ver con la alimentación de ellos, de darles la protección que necesitaban, dónde podían ir y dónde no era conveniente. Era como su guía.

Una relación muy bonita
El calendario pasa, pero en ciertas circunstancias quedan los hijos como fechas de carne, sangre y hueso. “Fue una relación muy bonita, pero las cosas del destino son así”, dice, y adelanta con su rostro las ganas de que todo se resuelva mejor que cualquier artificio de O Globo o Televisa.
Los brigadistas de Cuba se marcharon. La despedida se la hicieron en una finca del que fuera el “Señor de Masaya”, Cornelio Hüeck, ubicada un poco antes de llegar a Nueva Guinea. “En esa zona había muchos maestros. En El Serrano eran cuatro: Adonis y Armando, Gustavo y Abraham”.
José Carlos nació el 15 de abril 81.
¿No supo don Abraham del embarazo?
No supo que estaba embarazada. Cuando se fue, un poco tiempo después el niño empezó a moverse. Él no me escribió para nada. Hace tres años pensé viajar a Cuba para buscarlo y que sepa que tiene un hijo. A lo mejor mi hijo pueda sentirse incómodo de que sea otro su padre y no mi papá que lo reconoció como tal.
Quiero hablar con él, si después me dice que no, que se queden las cosas así, para no perjudicar a mi hijo. Ojalá que lo tenga con vida el Señor. Mi hijo tiene un gran parecido a él.
¿Hacer de hermana, siendo su mamá, no le ha resultado tan difícil?
Lo veo como hermano, prácticamente. Siempre viví con mis papás. Mi mamá se ha encargado de él. Ellos --los padres-- han tapado ese vacío.
¿No ha resultado afectado el amor materno?
Siempre he guardado la distancia con él, de verlo como hermano, pero yo en mi corazón siento que es mi hijo.
¿Pero no le ha dañado su propio cariño de madre?
Él ha recibido mucho, mucho amor de mi papá y de mí… ¡claro que lo quiero! Me ve como una hermana. Pero es de una manera especial, le doy su regalito, yo trabajo y le ayudo en todo. Yo lo crié, todo lo que es me costó a mí. Se suponía que era mi hermanito más chiquito. Él tiene otros hermanos. Me casé y tuve dos hijos más. Lo ven como tío, pero no le dicen tío. Él tiene un año que se fue. Pero en cualquier momento puede venir al país porque le encanta el campo, la finca. Ahora es un ingeniero civil.
Doña Rosaura sabe que al contactar a Gustavo Rodríguez Pérez en Cuba, él le podrá dar la ubicación de Abraham en Ciego de Ávila. “Sé que con sólo hablar, inmediatamente me va a dar información del padre de mi hijo. Debe saber 25 años después que tuvo un hijo y mi hijo debe saber que soy su madre”.
¿Cómo podría responder su hijo José Carlos?
No sé cómo lo irá a tomar.
¿El desenlace de esta historia dónde quiere que sea: en Nueva Guinea o en Cuba?
Prefiero Nueva Guinea. Tal vez sea posible que viniera él. Me gustaría mejor que viniera.
El teléfono en Managua de doña Rosaura es el 276 29 11. De hecho, después de publicada esta historia en EL NUEVO DIARIO ya nada quedará igual en algunas vidas de Cuba y Nicaragua…
esanchez@elnuevodiario.com.ni