Nacional

No pudo conocer al padre, se le atravesó la muerte

* Odisea de 20 años para conocer la otra mitad de su origen, terminó abruptamente por una rara enfermedad que se llevó ayer a Olaska Alejandra

Valeria Imhof

La espera duró 24 años, pero el destino quiso que no se conocieran. Olaska Alejandra Torres González pensaba encontrarse muy pronto con su padre luego de buscarlo incansablemente. Su progenitor, un brigadista cubano que llegó a Nicaragua en la década del 80 para participar en la Cruzada de Alfabetización, regresó a su país cuando ella aún estaba en el vientre de su mamá, Xiomara González Sánchez.
Este año iba a ser el encuentro en Cuba. Con ayuda de personas amigas, Olaska pudo sacar el pasaporte y sólo faltaba el dinero del pasaje y superar unos problemas de salud. No pudo ser. La joven murió este jueves en el Hospital Militar producto de una rara enfermedad.
Desde que tenía 11 años --cuando su madre le confesó que su padre era un extranjero-- no cesó su inquietud de conocerlo. Incluso para saber más de él leía a escondidas las cartas que le enviaba a su madre preguntando por ella. Tocó las puertas de la Embajada de Cuba, pero aquí le decían que era imposible encontrar a una persona sólo por un lugar y un nombre: Gustavo Rodríguez Pérez (así se llama su padre).
“Ella comenzó a investigar y a buscar por un lado y otro, fue a la Embajada de Cuba, pero le decían que si no tenían la dirección no podían ayudarle”, relató su madre con lágrimas en los ojos.
Sin bajar los brazos, en 2003 decidió pedir ayuda en la Radio La Primerísima a través del programa “Sin Fronteras”, que logró contactar a su familia en Cuba y conocer que su padre vivía en Pinar del Río.
“Ahí se contactaron por primera vez a través del correo electrónico con una tía de ella, y a través de cartas, pero éstas nunca llegaban”, narró su madre, quien dijo que jamás le habló mal a Olaska de su padre, pues las circunstancias de la vida hicieron que se separaran porque ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar su terruño y su familia.
Pero uno de sus sueños más buscados se hizo realidad el año pasado, cuando pudo hablar telefónicamente con su papá. EL NUEVO DIARIO lo hizo posible luego que la joven llegó buscando al periodista Edwin Sánchez para que la ayudara a buscar apoyo económico y poder viajar a la Isla. El domingo 27 de agosto del año pasado, a las 9 y media de la mañana, Olaska escuchó por primera vez la voz de su padre a través del hilo telefónico.
“Fue un impacto escuchar la voz de mi papá. Era una voz que siempre yo deseé escuchar, tener su cariño, lo he necesitado a pesar de que tengo a mi niña, pues me casé”, le dijo al periodista Edwin Sánchez cuando la entrevistó tres días después de sostener la conversación telefónica con su papá.
“Yo quisiera darle la mano, darle un beso en la mejilla a mi padre Gustavo Rodríguez Pérez”, le dijo también a Edwin.
La certeza de un encuentro cercano y la ilusión se acrecentaron con esa conversación. Olaska ya tenía todo arreglado para viajar. La enfermedad la detuvo y luego la muerte.
Su madre, Xiomara González Sánchez, conoció al padre de Olaska en la comarca El Serrano, en el departamento de Nueva Guinea, cuando ambos estaban cumpliendo la labor de alfabetizadores.
“Uno de sus más grandes deseos era conocer a su padre, por eso es que pidió ayuda y fue a EL NUEVO DIARIO para ver si las personas que leyeran el reportaje la podían ayudar con el viaje”, manifestó su madre compungida y dolida por la muerte de su muchacha.
Olaska hubiera cumplido 25 años el próximo 19 de febrero. Tenía una hija que ayer, jueves, cumplió diez meses, de nombre Liusmari Alexander. Su esposo, Jimmy Téllez, dijo a EL NUEVO DIARIO que llevaban un año de casados.
“Ella quería viajar a Cuba, pero no se pudo debido a su enfermedad, decía que deseaba conocer a su familia paterna y ver a su padre aunque fuera una vez”, narró Jimmy.

Gustavo Rodríguez Pérez, padre de Olaska, habla con EL NUEVO DIARIO desde Cuba:

“Lamento mil veces no haberla conocido”

Desde la provincia de Pinar del Río, en Cuba, vía telefónica, el padre de Olaska, Gustavo Rodríguez Pérez, lamentó la muerte de la muchacha, y dijo que iba a tratar de hacer lo imposible para conocer a su pequeña nieta.
“Nada llena el vacío y ahora quiero estar al tanto de la niña y seguir la comunicación entre nosotros”, dijo don Gustavo, quien señaló que uno de sus sueños ha sido regresar a Nicaragua y visitar el lugar donde alfabetizó hace 26 años.
Don Gustavo resaltó la actitud de su hija, quien lo buscó durante 20 años hasta que finalmente lo pudo encontrar. “Yo estaba loco por disfrutar de nuestro encuentro y me duele, y lamento mil veces no haberla conocido en persona”, manifestó.
“¡Oye, eres tú! Que sorpresa me has dado”, le dijo don Gustavo cuando platicaron por teléfono en agosto pasado. “Ojalá podamos vernos, que lograra ir allá a conocer a mi familia”, le contestó Olaska. Fueron cinco minutos en una espera de 24 años con un encuentro que quedó truncado por la ley más infalible de la vida.