Nacional

Canciller Santos calma a Honduras


Consuelo Sandoval

En un intento por disminuir las tensiones surgidas entre Managua y Tegucigalpa por el resurgimiento del tema del desbalance militar regional, el canciller Samuel Santos conversó telefónicamente con su homólogo hondureño Milton Jiménez, quien en nota diplomática habría amenazado a Nicaragua con acudir a los organismos internacionales en caso de que las cosas tomaron otros matices.
La disputa entre Managua y Tegucigalpa surgió el pasado fin de semana pasada, cuando el presidente Daniel Ortega declaró que su gobierno no pretendía destruir los 1,051 cohetes tierra-aire Sam-7 en poder del Ejército, por el incumplimiento del balance razonable de fuerzas del resto de países del istmo, y porque también Honduras continuaba renovando su flota de aviones de combate donados por Estados Unidos, lo cual podría representar un peligro para Nicaragua.
Santos reiteró a Jiménez la decisión del presidente Ortega de fortalecer las relaciones bilaterales en un ambiente de confianza, para lo cual se mantendrá un amplio canal de comunicación para atender y resolver situaciones de interés entre ambos países”.

El tratado Marco
Destacó, además, que Ortega comparte plenamente los principios y objetivos del Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica, del cual son estados parte nuestros respectivos países.
Las agencias cablegráficas y los medios de comunicación catrachos reportaron que el gobierno de Honduras, en nota diplomática enviada el pasado 6 de febrero a Santos, advirtió que si “la situación (con Nicaragua) adquiere otro matiz”, podría acudir a los organismos internacionales como la OEA y la ONU.
"Bajo ningún concepto Honduras está en un proceso armamentista", señaló Jiménez en la nota dirigida Santos y difundida ayer por la Cancillería en Tegucigalpa.
Explicó que, "por el contrario, están en fase de destrucción 3,020 unidades de bombas y materiales explosivos, lo cual reducirá notablemente nuestro inventario militar".
"Las naves aéreas que mi Gobierno está adquiriendo a través de recursos donados por el Gobierno estadounidense, no tienen carácter ofensivo, ya que son del modelo Storm Rally para operaciones de vigilancia antinarcóticos y en áreas protegidas, así como la búsqueda de víctimas humanas en casos de desastres naturales", añadió la misiva hondureña.
Previamente, el presidente hondureño Manuel Zelaya, y el canciller Jiménez Puerto se pronunciaron el pasado martes, negando que haya una política armamentista en la nación.

“Hay balance”, dice Zelaya
Según Zelaya, en Centroamérica “hay un balance de fuerzas militares”, y dentro de ese balance “Honduras tiene el ejército más pequeño del área”.
Ortega y expertos militares nicaragüenses han coincidido en que cualquier aeronave perfectamente podría ser artillada, igual que lo hizo la dictadura somocista durante la insurrección popular que utilizó avionetas Push and Pull para bombardear a la población civil. El general retirado Hugo Torres aseguró, además, que Honduras ha incrementado sus tropas en cuatro mil efectivos militares.
Los diputados ante la Asamblea Nacional han coincidido con el Poder Ejecutivo en que Nicaragua no debe quedar desprotegida frente a sus vecinos con los que mantiene diferendos territoriales, razón por la cual no está obligada a destruir los misiles, porque, además, el resto de naciones centroamericanas han incumplido su compromiso de someterse a un balance razonable de fuerzas militares regionales.
La negativa de Ortega a destruir los misiles suscitó un primer roce de su gobierno con Estados Unidos, el que a través de su Embajada en Managua le emplazó a continuar con el proceso de eliminación de los artefactos bélicos, y además negó que estuviera dotando de aviones de combate a Honduras.
Nicaragua destruyó en 2004 un total de 1,000 cohetes portátiles tierra-aire de fabricación soviética adquiridos en la década de 1980. La destrucción se dio por presiones norteamericanas, cuyo gobierno considera los cohetes un peligro para la aviación comercial en caso de que caigan en manos terroristas.